Solidaridad, cooperación y esperanza. Trío fundamental para ganar la partida mundial de “Pandemia”

A comienzo de este año, mi compañera y esposa me regalaba el juego de mesa “Pandemia” para celebrar mi primer cumpleaños en Melbourne, entretenimiento asegurado para toda la familia

A comienzo de este año, mi compañera y esposa me regalaba el juego de mesa “Pandemia” para celebrar mi primer cumpleaños en Melbourne, entretenimiento asegurado para toda la familia. En ese entonces el COVID-19 era considerado como un resfrío fuerte, algo sólo molesto para los más hipocondriacos, los octogenarios y a quienes viajaban desde o hacia China.

Mientras salían las primeras noticias de contagios fuera de Asia, aún estábamos en shock ante las atrocidades ocasionadas por el violento gobierno de Chile y sus rígidos secuaces de verde, cuyo armamento de gases, líquidos y balines dañaban brutalmente el cuerpo social del pueblo movilizado de manera mucho más directa y violenta que un virus aún invisible (United Nations, 2019).

Se sumaba, también, la preocupación ante una nube tóxica de cenizas avanzando sobre las ciudades australianas, que durante semanas hicieron parecer Melbourne más cercana al lúgubre Londres de Jack el Destripador o a Silent Hill. El nivel de devastación vegetal, animal y humana, además del neronismo á la Piñera demostrado por el Primer Ministro Scott Morrison –quien decidió tomarse unas vacaciones en Hawái mientras Australia ardía– también desviaban la atención (Remeikis, 2019).

Así, el juego se agradecía, porque nos obligaba a sentarnos y pensar en algo distinto a la preocupación por nuestras/os amigas/os, colegas y familiares golpeadas/os, torturadas/os y reprimidas/os en la mayor movilización social en Chile desde ‘la vuelta a la democracia’; además de los koalas, canguros y otros animales grandes, medianos y chicos arrancando de un fuego dantesco.

En cada partida, nos perdíamos en ese despegable y caótico mundo ficticio de plástico y cartón, en que las enfermedades se esparcían rápida y descontroladamente. (ver Figura 1). No sospechábamos que tan sólo dos meses después el juego se tornaría tan real, que lo devolvimos a su caja y no lo sacamos más. Hoy ha visto nuevamente la luz, pero sólo para tomar la antes mencionada foto de la Figura 1.

Figura 1: Juego Pandemia que no jugamos más luego de que comenzaron las cuarentenas. Los cuadritos son una representación visual de los focos de infección.

Martín Arias-Loyola

Guardamos el juego, porque se sentía como un espejo distorsionado de la realidad, algo burlesco, que echaba sal en la herida. Eso, porque en el juego la rapidez del contagio sólo puede detenerse gracias al trabajo colaborativo, coordinado y contra el tiempo de las/os jugadores para encontrar las vacunas y salvar a la humanidad.

Ya en marzo, la realidad mundial distaba mucho de esta manera de enfrentar la pandemia, debido a los arrebatos y pataletas de varios jugadores claves, específicamente algunos políticos que hicieron perder valioso tiempo y recursos para lidiar con la mayor pandemia mundial a la fecha. Haciendo gala de un extremo narcisismo, misoginia, xenofobia y egocentrismo, los competitivos y prepotentes Donald Trump, Boris Johnson, Scott Morrison y Jair Bolsonaro (Ghosh, 2020) se tomaban el COVID-19 con la misma actitud de quienes están acostumbrados a no perder.

Los mismos que, cuando la cosa va mal, simplemente dan vuelta el tablero (Figura 2) o, taimados, se llevan la pelota para la casa. Localmente, y fiel a su estilo de macho alfa sumado a su competitiva alma empresarial, ya en febrero el presidente Piñera celebraba la victoria anticipada ante la pandemia, anunciando a los cuatro vientos que “Chile [había] tomado todas las medidas preventivas para enfrentar con éxito esta tremenda amenaza” (La Tercera, 2020).

Sólo tres meses después, el mismo presidente reconocía en el mismo medio que “No estábamos preparados” (Reyes, C. 2020). Esta tragicómica voltereta se suma a su intento de promocionar Chile como “oasis dentro de una América Latina convulsionada” (Cooperativa, 2019), dos semanas antes del estallido social (Somma, N. M., Bargsted, M., Disi Pavlic, R., & Medel, R. M., 2019). Cómo olvidar también al ex – ministro Mañalich, expulsado por nunca hacer caso ni a las reglas ni a las/os expertas/os; o a la seguidilla de otros jugadores ministeriales o municipales que han abierto y cerrado centros comerciales, impuesto y levantado cuarentenas y obligado al pueblo a elegir morirse trabajando o de hambre, jugando a la pandemia de manera experimental, a ver si algo resulta. Total, las vidas que arriesgan son las de rotas/os con apellidos poco importantes, que poco y nada contribuyen al sagrado producto interno bruto.

Figura 2: Interpretación visual de quienes se aseguran de no perder cuando van perdiendo, jugando al Monopoly o La Gran Capital. Reemplace la cara de cualquiera de estos por su presidente, ministro o alcalde favorito.

Sin embargo, y a pesar de lo que parecen pensar varios de nuestros representantes, la pandemia del COVID-19 no es un juego, sino un mini apocalipsis que ha puesto en jaque a los sistemas sanitarios, educativos, económicos y sociales globales (Davis, 2020). La población que vive con un salario mínimo, trabajando sin contrato, con un techo de material ligero o juntando las chauchas de la pensión alimenticia o jubilación, claramente no puede darse el lujo de tomarse la pandemia como nada menos que una amenaza existencial.

Esa población precarizada, la misma que pide una nueva constitución, arriesga la vida propia y de su familia cada vez que decide su próxima jugada enun contexto de extrema pobreza, injusticia, corrupción y represión que hoy infestan el desigual tablero mundial, pero sobre todo el de Chile y sus territorios (Vergara-Perucich, F., Correa-Parra, J.& Aguirrez-Nuñez, C., 2020).

A excepción de los camioneros en paro y sus bailarinas, los trabajadores de Chile no disfrutan de excepciones a las reglas del juego. Tampoco cuentan con el apoyo de un estado neoliberal, que subsiste comiéndose a sus propios habitantes (Lawreniuk, 2020), luego de ablandarlos a lumazos, sazonarlos con gases lacrimógenos y cocinarlos a fuego lento en deudas impagables y salarios miserables.

Hoy, el hambre es visible en todas las comunas de Chile, pero en realidad siempre estuvo ahí. Se ocultó detrás de bonitas estadísticas de crecimiento macroeconómico y exportaciones de mineral (Phelps, Atienza & Arias, 2015). Pero esa hambre ha abierto la posibilidad a ganarle a la pandemia y, de paso, al necrófago y virulento sistema neoliberal.

El hambre trajo de vuelta las ollas comunes a Chile, y con ellas también el sentido de barrio, donde vecinas/os se han conocido compartiendo la mesa. Las ollas también han facilitado encuentros al comprar los ingredientes, preparar la cocina, repartir el pan y compartir consejos.

Las/os vecinas/os se alimentan mutuamente con lo único que les queda por entregar: su tiempo y esfuerzo, el que reparten solidariamente con otras/os hambrientas/os, no sólo de alimentos, sino que – sobre todo – de dignidad. Esta solidaridad espontánea ha surgido en familias y pobladores, que al fin se reconocen por su nombre.

Hoy la historia se repite nuevamente, y aquellas/os que menos tienen son las/os que más están dispuestos a compartir (Hiner, 2015). Un ejemplo esperanzador son las vecinas y vecinos migrantes y habitantes de campamentos, quienes han dado muestras de una humanidad pensada perdida entre el individualismo neoliberal: El Macrocampamento Los Arenales de Antofagasta alojó a personas peruanas abandonadas a su suerte, en una de las ciudades más caras e inhóspitas de Chile.

El mismo macrocampamento ha organizado y alimentado a miles de familias, realizado desinfecciones de espacios urbanos y cuidado a contagiados (Downing, 2020), llenando el hueco de un estado totalmente ausente, irrelevante y sobrepasado (Figura 3). Esta conciencia de clase solidaria y cooperativa los ha convertido en jugadores clave, tanto en la consolidación de su calidad humana, la creación de autonomía y empoderamiento y de su legítimo reclamo al derecho a la ciudad (Arias-Loyola, M., & Vergara-Perucich, J., 2020a, 2020b).

Figura 3: Olla común en Macrocampamento Los Arenales, Antofagasta.

Fuente: Elizabeth Andrade



En gran parte de las geografías del cuidado y la solidaridad que han nacido en el nuevo tablero global impuesto por la pandemia (Springer, 2020), existe un marcado liderazgo femenino. Incluso en contextos tradicionalmente masculinizados como los mineros. En Melbourne, ciudad construida gracias a la minería, agrupaciones feministas como “Latinxs Feminists” han coordinado el alojamiento de migrantes latinas/os, la entrega de alimentos, recaudación de dinero para ayudas y coordinación con cónsules y parlamentarios.

En los campamentos y poblaciones de Antofagasta, capital cuprífera mundial, son decenas de mujeres migrantes y no migrantes las que organizan, alimentan y cuidan a miles de habitantes de la ciudad (Altamirano, 2020).

En Chile se suma también, la esperanza de una inevitable nueva constitución política, la letal estocada a las AFPs y los persistentes avances de la población por una vida digna. Esto ha despertado una conciencia de clase solidaria pensada extinta, empoderando a una población demasiado acostumbrada a la derrota.

Tal como en un juego colaborativo, esa fraternidad, sororidad y empatía popular es lo que históricamente ha llevado a ganar las más importantes batallas y sentar precedentes. Hoy, ese pueblo organizado y movilizado avanza hacia la victoria sobre las pandemias virales y neoliberales de la única manera que siempre la ha conseguido: avanzando juntas/os en la lucha por construir un nuevo tablero, donde la dignidad, la justicia y la solidaridad sean (y serán) costumbre.

Autor: Martín Arias-Loyola
Es un Geógrafo Económico provinciano, Ingeniero Comercial reconvertido primero a Magíster en Ciencia Regional por la Universidad Católica del Norte y después a Doctor en Geografía Económica y Estudios de Planificación por la Bartlett School of Planning de la University College London.

Referencias

Altamirano, D. (2020, mayo, 26).  Las ollas comunes se multiplican por todo Antofagasta. El Regionalista.

Arias-Loyola, M., & Vergara-Perucich, J. (2020a). Comunidad, academia y el desafío de la primera panadería cooperativa en un Chile sin derecho a la ciudad. Medio Ambiente y Urbanización, 92(1), 273-302.

Arias-Loyola, M., & Vergara-Perucich, F. (2020b). Co-producing the right to fail: resilient grassroot cooperativism in a Chilean informal settlement. International Development Planning Review, Forthcoming. doi:10.3828/idpr.2020.13

Cooperativa. (2019, octubre, 9).  Presidente Piñera: Chile es un verdadero oasis en una América Latina convulsionada. Cooperativa.

Davis, M. (2020). The monster enters: COVID 19, avian flu, and the plagues of capitalism. United States: OR Books.

Downing, A. (2020, mayo, 28). Elizabeth Andrade, dirigenta de Los Arenales: “La pandemia ha despertado el corazón del pueblo y la solidaridad”. El Regionalista.

Ghosh, J. (2020, julio, 8). Male leadership malpractice. International Politics and Society.

Hiner, H. (2015). “Solidarity between women was nice»: gender, resistance and political prison in Chile during the dictatorship. Revista Estudios Feministas, 23(3), 867-892.

La Tercera. (2020, febrero, 29). Piñera por coronavirus: “Chile ha tomado todas las medidas preventivas para enfrentar con éxito esta tremenda amenaza”. La Tercera.

Lawreniuk, S. (2020). Necrocapitalist networks: COVID-19 and the ‘dark side’ of economic geography. Dialogues in Human Geography, 10(2), 199-202.

Phelps, N. A., Atienza, M., & Arias, M. (2015). Encore for the Enclave: The Changing Nature of the Industry Enclave with Illustrations from the Mining Industry in Chile. Economic Geography, 91(2), 119-146.

Remeikis, A. (2019, diciembre, 21). Scott Morrison’s Hawaii horror show: how a PR disaster unfolded. The Guardian.

Reyes, C. (2020, mayo, 18). “No estábamos preparados”: El sentido giro en el discurso de Piñera y el manejo de la crisis del coronavirus. La Tercera.

Somma, N. M., Bargsted, M., Disi Pavlic, R., & Medel, R. M. (2020). No water in the oasis: the Chilean Spring of 2019–2020. Social Movement Studies, 1-8.

Springer, S. (2020). Caring geographies: The COVID-19 interregnum and a return to mutual aid. Dialogues in Human Geography, 10(2), 112-115.

United Nations Human Rights. (2019). Report of the Mission to Chile 30 October – 22 November 2019. United States: UN.

Vergara-Perucich, F., Correa-Parra, J.& Aguirrez-Nuñez, C. (2020). Atlas de Indicadores Espaciales de Vulnerabilidad ante el COVID-19 en Chile, Chile: Lulu.


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