¡No hay nada que celebrar!

El mes de agosto y los días que corren han estado marcados por buena cantidad de movilizaciones en las calles de diversas ciudades del país

Por Wari

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Actualidad / Editorial

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El mes de agosto y los días que corren han estado marcados por buena cantidad de movilizaciones en las calles de diversas ciudades del país. Estudiantes secundarios y universitarios se han convocado para inyectar mayor energía a las reivindicaciones por una educación pública, gratuita, laica y de calidad, con acceso para todos los sectores sociales del país.

Ciudadanos de diversos sectores se movilizan contra la instalación de la termoeléctrica Barrancones en Punta de Choros y mediante una cabalgata contra una hidroeléctrica en Alto Maipo; los trabajadores estatales de la Anef han hecho lo suyo denunciando los despidos e irregularidades de la administración Piñera. A ellos se suman las movilizaciones de los profesores por la aún impaga deuda histórica, la Confederación Minera de Chile (Confemin), los trabajadores de la salud municipal, Confusam, la Asociación Nacional de Investigadores de Postgrado (Anip), los trabajadores de buses de Transaraucaria que ya suman semanas de movilizaciones, entre muchos otros a lo largo del país.

Y, por supuesto, las movilizaciones de apoyo a la huelga de hambre que los 32 comuneros mapuche llevan por casi 60 días al cierre de esta edición (N°87, primera quincena septiembre 2010), lejos el tema más ignorado por los medios masivos de desinformación durante los primeros 50 días. Pero gracias al trabajo y movilizaciones de muchas organizaciones sociales y particularmente de los familiares de los presos políticos, junto a la propia gravedad y trascendencia de la huelga como al trabajo de medios independientes, alternativos, libertarios, comunitarios y populares, que sí han incorporado el tema en sus pautas desde el primer día -más la difusión a través de las redes sociales en Internet-, han logrado finalmente y sólo en cierta medida, romper el cerco informativo creado sobre la reivindicación del pueblo mapuche, logrando que los grandes medios corporativos hayan tenido casi obligatoriamente que hablar del tema, desde su propio prisma y línea editorial única y transversal, sin embargo informando al fin y al cabo de la existencia y desarrollo de esta lucha. Ello ha llevado también a algunos parlamentarios, y al mismo ministro Hinzpeter, a hablar sobre revisar y modificar la Ley Antiterrorista, que sin duda es un paso, no obstante lo que se busca es su derogación, o al menos la no aplicación en causas a mapuche. Lo mismo aplica para que se hayan pronunciado con el tema de la Justicia Militar a civiles, donde hasta los parlamentarios de derecha han reconocido ante las cámaras que esto, “en una democracia, es impresentable”.

Hoy, la política nacional es televisiva y farandulizada, en donde las encuestas han comenzado a funcionar como un verdadero “people meter”. Las grandes compañías mineras, preocupadas por el debate sobre el royalty, y porque empiezan a conocerse  las precarias condiciones laborales de los trabajadores y los deterioros medioambientales que afectan gravemente a comunidades del norte chileno, lograron colocar a uno de los suyos, el actual ministro de Minería, Laurence Golborne, como figura mediática –con un supuesto 78% de aprobación- gracias al drama de los mineros atrapados en Copiapó. No debemos olvidar que este sujeto -a quien incluso perfilan como precandidato presidencial para el 2014- es un ferviente partidario de la privatización total de la minería nacional, incluyendo al cada día más valioso Litio.

Este mismo populismo mediático de la derecha política la hace ser mucho más sensible a la presión ciudadana, como se pudo apreciar en la decisión de Piñera de pedir la relocalización de la termoeléctrica Barrancones (Punta de Choros). Los movimientos sociales –cuyas demandas fueron apaciguadas durante los 20 años de gobiernos concertacionistas- están comenzando a percatarse de que es hasta más factible obtener resultados presionando directamente al dueño del fundo, en vez de andar negociando con el capataz. Esto explicaría en parte la fuerza que va adquiriendo la protesta popular, hastiada del freno concertacionista y más consciente de la inteligencia que conlleva la práctica democrático colectiva y autónoma. Una muestra de esto es el creciente uso de técnicas de acción directa no-violenta y la atención permanente que ha permitido detectar la presencia en las manifestaciones de infiltrados de Carabineros, los cuales han sido sorprendidos robando bolsos o atacando a sus pares uniformados, con el fin de justificar la posterior represión policial.

Septiembre continuará movilizado; son muchos los que no están dispuesto a ‘mamarse’ este pirotécnico bicentenario con Piñera como animador del circo así como así. Qué emblemático bicentenario viviremos, con el más grande de los pueblos originarios de este territorio en huelga de hambre por la excesiva represión y persecución que sufre cada día; con el pueblo Rapa Nui exigiendo autonomía con ocupación de terrenos explotados por empresarios del turismo no originarios, y con miles de trabajadores, estudiantes y pobladores que cada vez suman más personas dispuestas a darlo todo por las luchas que consideran legítimas y justas, para gritar al unísino: ¡En este Bicentenario, no hay nada que celebrar!

Equipo Editorial

El Ciudadano N°87, primera quincena septiembre 2010

Fotografía: “Nunca salí del horroroso Chile” parte 3/ elizabethneira.blogspot.com


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