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Día de la música y alguna de sus historias

(Para la Cazadora de Naves)

Son las 20: 25 horas del sábado 22 de noviembre. A esa hora intento salir de una Quinta Normal que se haya invadida por miles de bebidas -con y sin alcohol- en latas, botellas de agua vacías o a medio vaciar, papeles y bolsas plásticas por cada rincón; y entre miles de seres humanos que aún saltan en la cancha de fútbol, o se acomodan en el pasto del lugar, mientras otros pelean avivados por los mirones o algunos se besan sin escuchar los primeros acordes de El Cruce que cierra la jornada, o quizás sin haber escuchado a ninguno de los artistas que desplegaron su trabajo en la actividad que sirvió -bajo la organización de la SCD- para el día de la música. Y digo ninguno, ya que muchos fueron, pero a lo suyo, a pasar la calurosa tarde en el ambiente, pero no a disfrutar de la música, a carretear con los amigos, dando lo mismo lo que ocurría sobre el escenario, al costado y tras él.

En ese otro mundo la cosa era distinta. Era un ir y venir de músicos, manejadores -que fea es la palabra en castellano-, de los responsables que nada fallase, que los instrumentos sonaran en el minuto y de la manera precisa, que las imágenes se proyectarán de manera perfecta en la pantalla gigante, que el agua mojara cada cierto tiempo a los asistentes y que la tarde sea recordada como una jornada de celebración, más allá de los imponderables, y las situaciones incomodas -la que vivió Daniel Drexler por un público sediento y acalorado-, momentos tensos -la actuación de Sergio Lagos que terminó esquivando los proyectiles enviados desde el público-, momentos eufóricos –la jarana que genera Chico Trujillo-, o momentos evocativos -los aplausos para las imágenes de Víctor Jara o las alusiones a Violeta Parra-; o momentos sorpresivos -jóvenes que no habían nacido, como dicen muchos, que aplauden de manera instantánea cuando Manuel García recupera el discurso de Salvador Allende del 4 de septiembre de 1970.

Pero tras la reja que separa ese espacio incontaminado de los artistas, la prensa y la producción, esta la gente, están los desmayos, los juegos de fútbol, el amor en todas sus expresiones, el delirio, las bocas que gritan, abuchean y piden saludos, las manos que sacan fotos, aplauden, se empuñan, y se adhieren al plástico o al vidrio para beber. Los oídos que escuchan, de manera mágica sus celulares entre el sonido de la música, oyen cuando Redolés mata a Gaete y evoca mayo del 2006 con “Michelle y los pingüinos”. Las piernas que saltan, al igual como los muchachos de Juana Fe lo hace sobre el escenario al cantar su tributo a los vendedores callejeros, o cuando les dicen que “no son marihuaneros, pero que tienen luquita”. Manos, bocas, oídos y piernas que son parte de cuerpos, esos cuerpos que se aprietan, que se mecen, que se arremolinan bajo el llamado de los Weichafe, que se mojan, que seducen con su ritmo común, con su salto al unísono, que escuchan quedos cuando hay que hacerlo, que saben reconocer la palabras de Fernanda de la Mano Ajena, cuando alude al Bicentenario y la perdida de norte que evidencia la autoridad y su ciego poder.

Y más allá tras la otra reja, la que quería servir de primera separación o segmentación, otro mundo, otras historias. Un espacio para la venta, para el comprar algo. Para sentir que nuevamente que esa gran falsedad que es la navidad se instala ya. Un conocido vende sus parches, otro vende libros usados y el resto bisutería. Los compradores abundan y el dinero, esa ilusión abstracta circula, pese a la fecha y los efectos globales de la desregulación.

Pero en el espacio común, en el menos reservado, en ese que se arma por sobre rejas y credenciales, en ese que nos es colectivo se sigue construyendo la música, se sigue dando vida al motor de la jornada, se sigue dando un diálogo y aprendizaje que es común, que enriquece al que lo entrega y el que lo recibe, aunque se puedan invertir los roles. Y así en el día de la música y pese a que algunos actores que deberían haberse presentado en ese espacio no lo hacen aun, ya que como me dijo un muchacho a la salida “aquí aún no caben todos, todavía hay letra chica”, se sigue haciendo evidente la necesidad de festejar, de saber que pese al temor a la expresión de la libertad, esta busca espacio para expresarse y hacernos ver que podemos ser uno.

Día de la Música (Perrosky, Joe Vasconcellos, Sinergia, Quique Neira, Mito y Fusión Rapa Nui, Los Trukeros, Mauricio Redolés, Manuel García, Denisse Malebrán, Jiminelson, Matahari, Manuel Sánchez, Teleradio Donoso, Tronic, Weichafe, Sergio Lagos, Mano Ajena, El Cruce, Chico Trujillo, Juana Fe, Javiera Mena, Daniel Drexler,  )

22 de noviembre

Quinta Normal

Entrada liberada

Por  Jordi Berenguer

Fotos: Eve Cazenave

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