El costado ensayístico de Truman Capote: la precisión total de la escritura

Reconocido mundialmente como uno de los creadores -junto al argentino Rodolfo Walsh- del género nonfiction o “novela documento”, Truman Capote también tenía una faceta menos conocida, pero no por ello menos precisa: el ensayo y los retratos.

Con la frescura de la crónica y el humor como recurso literario, la totalidad de sus ensayos fueron reunidos en Retratos (Lumen, 2018), donde se puede apreciar la agilidad y la diversidad a la hora de escribir del autor de Breakfast at Tiffany’s. Agrupados de forma cronológica, la reciente reedición de Retratos acerca la mirada que Capote tenía sobre personajes tan icónicos como Picasso, Chaplin y hasta Marilyn Monroe, pasando por Ezra Pound y Tennesse Williams.

Como para muestra basta un botón, el comienzo del libro deja en claro la potencia narrativa de Capote y su manera de imantar al lector: “La mayoría de las muchachas japonesas se ríen tontamente por nada. La pequeña criada del Hotel Miyako, en Kioto, no fue una excepción”. ¿Cómo no caer rendido a la lectura?

Aprovechando su oficio de periodista y cronista, el autor estadounidense sabe escatimar información en sus relatos, y también en sus ensayos, para que el lector goce al mismo tiempo que descubre lo que se quiere contar. En ese caso, su observation acerca del jazzista Louis Armstrong es una obra de arte en términos de relatos breves.

Retratos es un libro clave para entender la literatura de la segunda mitad del siglo XX y el porqué los narradores norteamericanos cuentan con tanto prestigio a nivel mundial -Carver, Auster y hasta el propio Hemingway si miramos hacia atrás-. Esa precisión narrativa, esa adjetivación justa y necesaria, donde los detalles no adornan, sino que informan y cautivan, son las marcas que permiten distinguir un texto de Capote a simple vista.

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Unas última perla: entre los muchos momentos que merecen ser destacados de sus distintos ensayos, que van desde 1946 a 1979, es esta definición que Capote da sobre Pablo Picasso: “Picasso fue un niño prodigio y sigue siéndolo; es decir, nunca ha dejado de ser un prodigio y, en cierta forma, es un niño: es un hombre poseído por el ansia de jugar, el odio a lo establecido y la fresca curiosidad de un niño”. 

¿Acaso no podría aplicarse esa misma definición al propio Capote?

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Por Gustavo Yuste, desde Argentina
@gusyuste

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Periodista, redactor y escritor. Co-fundador de www.laprimerapiedra.com.ar

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