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Fulano, sin salir del bunker


Parecen no haber transcurrido veinte años, aunque las caras y los abdómenes de algunos así lo evidencien. Tal como lo dijo Cristián Crisosto durante el recital todavía quedan muchas cosas que en 1989 marcaban a la sociedad chilena, que hoy, en fin de años del 2009 aún siguen oprimiendo esperanzas y vidas. Por eso cada nota y cada idea presentada por Fulano en su concierto de revisión del disco “En el bunker” siguen renovándose en su vigencia y profundidad. Algo que la banda siempre ha recogido y que ahora los debiera potenciar en una nueva fase, la de generar temas nuevas, algo que muchos seguidores añoran como el paso siguiente.

Pero lo previo, como lo han dicho, era poder volver a “saberse” el repertorio completo de la banda, y en ese trayecto volver a tocar temas que hace mucho tiempo, quizás 20 años, no se tocaban era algo fundamental para ellos, y resultó serlo no sólo para ellos, ya que quienes estuvieron en el teatro pudieron solazarse con las interpretaciones de algunos de ellos y confirmar que hay temas que ya son parte de nuestra memoria, como “Adolfo, Benito, Augusto y Toribio”, o piezas que muchas veces han pasado desapercibidas, pero se merecen un lugar clave entre las composiciones contemporáneas de música. Lo digo, por ejemplo, en el caso de “No me gusta que se metan conmigo”, una creación que no sólo tiene la fuerza de su decir, sino que en la interpretación es capaz de pasear por sonidos del rock, a los que la banda siempre le ha hecho guiños.

La presentación de “En el bunker” no sólo permitió ese recorrido completo por las ideas y sonoridades que Fulano ha planteado desde hace 25 años, sino que entregó la posibilidad de saber que aún quedan cosas propias que podemos sentir de calidad, que todavía hay grupos y músicos que quieren correr riesgo y no jugar el juego fácil de lo comercial y lo simple, que todavía hay creadores que son capaces de tocar sus instrumentos para que suenen temas como “En el bunker” o “Gran restrictor ten piedad” y que se exijan la excelencia como lo cotidiano. En una sociedad mediocre, en un país que vive de la mentira y el menosprecio de lo ajeno, en un Chile que no quiere saber de su memoria, en un momento de la historia en que los valores son absolutamente desquiciados y enfermos, un espacio de cien minutos para saber que por lo menos todavía hay quienes están dispuestos dar de su cuerpo para que otros nos sentamos vivos.

¿Cuándo y dónde fue?
5 de diciembre
21 horas
Teatro Nescafé de las Artes

Foto: Marisol Valenzuela
Onda Corta
El Ciudadano

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