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‘Agora’ de Alejandro Amenábar: vida y muerte de la genial Hipatia

La película es un enorme fresco histórico que se sitúa en la Alejandría del siglo IV, cuya biblioteca era la mayor del mundo conocido. Amenábar convierte en protagonista a una figura histórica de la época, la astrónoma, matemática y filósofa Hypatia.

Egipto es aún una provincia romana y aunque los dioses paganos son todavía la religión oficial hay también numerosos judíos, y los cristianos, aunque perseguidos, son cada vez más numerosos. En ese convulso mundo, tras un enfrentamiento entre paganos y cristianos, éstos, con el permiso del emperador de Roma, se harán con las riendas de la ciudad y destruirán los numerosos tesoros de la biblioteca. Hypatia, con la ayuda de sus discípulos, entre ellos Oreste y su esclavo Davus, que se disputan su amor, tratará de preservar el conocimiento acumulado durante siglos a la vez que se interroga sobre las órbitas celestes.

HIPATIA, ÁGORA Y ALEJANDRO AMENÁBAR

La importancia histórica del personaje es indiscutible. Fue la última gran sabia de la Antigüedad y su violenta muerte “marcó un punto de inflexión entre la cultura del razonamiento griego y el oscurantismo del mundo medieval”. Su figura tardó siglos en ser reivindicada. Toland y Voltaire consideraron la vida de Hipatia como una expresión de la lucha contra la irracionalidad del fanatismo religioso. Y Amenábar, ahora, ha conseguido retratarlo magistralmente bien.

El director utiliza recursos visuales de nuestro tiempo para escenificar aquella forma de entender el mundo tan aparentemente antigua, y tan peligrosamente actual. Utiliza planos de la tierra desde el espacio y batallas cenitales, desde las alturas, para burlarse de nuestras actitudes y hacer que el espectador se avergüence, en la distancia, por lo diminuto de nuestras actuaciones. Ágora es una superproducción en lo estético, pero una superproducción mayor en lo ético.

Amenábar se inquietaba hace unos días por las críticas que pudiera recibir la película. El acto de barbarie final está protagonizado por cristianos fanáticos y una mirada muy superficial de la historia ha situado eso en el objeto de la cinta. Sin embargo, lejos de ser una película contra el cristianismo, Ágora, en realidad es una mirada contra el fundamentalismo, contra la chispa que enciende la violencia de los pueblos, contra las provocaciones, a favor de la moderación y contra los dogmáticos.

Porque Amenábar culpa a quienes controlan un poder que quiere suceder a otro de forma violenta, y culpa a los que impiden la convivencia utilizando a su antojo la interpretación de la religión. Alejandro Amenabar culpa a todos los que no dudan de las cosas: unas veces cristianos, otras judíos, otras paganos.

Porque sólo dudando de las teoría instaladas, de las verdades absolutas,  evoluciona la ciencia, evoluciona el ser humano. “Tú te puedes permitir no dudar de las cosas, yo no”, -dice Hipatia, la científica. Impresionante.

por Fernando Berlín / www.radiocable.com/

SOBRE LA MUERTE DE HIPATIA

Veamos ahora la muerte de Hipatia vista por un historiador, Karlheinz Deschner:

Pues en marzo del 415 y con la aquiescencia de Cirilo, que soliviantó además los ánimos para ello (Lacarriére), fue despedazada la filósofa pagana Hipatia, conocida y celebrada en todo el mundo de entonces, hija del matemático y filósofo Theon, último escolarca conocido de la Universidad del Museo de Alejandría. Era asimismo maestra de Sinesio de Cirene, quien por carta la elogiaba como «madre, hermana y maestra», de «filósofa dilecta de Dios», pues tenía, incluso, alumnos cristianos. Y no sólo eso, sino que el mismo Praefectus augustalis Orestes gustaba de tratar con ella, lo que provocaba el encono de Cirilo. Pero una vez que el patriarca exaltó las pasiones populares difamando a Hipatia en sus sermones como maga y propalando infundios sobre ella, fue asaltada por la espalda por los monjes del santo, dirigidos por el clérigo Pedro, arrastrada a una iglesia, desnudada y hecha literalmente trizas con fragmentos de cristal. El despedazado cadáver fue públicamente quemado: «La primera persecución de brujas de la historia» (Thiess).

Pero aquello era también, y en mayor medida, una persecución de páganos. El patriarca Cirilo pasaba por ser «en boca de todos, el promotor espiritual del crimen» (Güidenpenning). Incluso la obra colectiva Reformadores de la Iglesia, publicada en 1970 con el imprimatur eclesiástico, escribe lo siguiente acerca de este santo católico, que figura entre los más grandes: «Cuando menos [!] es moralmente responsable del abyecto asesinato de la ilustre pagana Hipatia». Pues hasta un historiador cristiano como Sócrates, que, a mayor abundancia, es uno de los que entre todos sus colegas aspiraba a una mayor «objetividad» informa que el hecho era imputado por el pueblo a Cirilo y a la Iglesia de Alejandría. «Podemos, pues, estar convencidos de que la noble y cultísima mujer fue efectivamente la víctima más prominente del fanático obispo» (Tinnefeid).

Fuente: “Historia criminal del cristianismo” (tomo III, página 64).

Hipatia de Alejandría está de rabiosa actualidad gracias a Alejandro Amenábar y su recientemente rodada película “Ágora”, que ha creado ya una acalorada polémica, al menos en un sector muy específico y bien conocido de la población. Y es que la visión crítica que muestra el director en ella del fanatismo en general y del cristianismo en particular puede resultar incómoda para algunos.

Presentación de Alejandro Amenábar

Trailer oficial en castellano

Carl Sagan habla sobre Hypatia en la serie Cosmos

El Ciudadano

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