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Navidad, cotillón y sexo colectivo

Todos, homosexuales y heterosexuales, cristianos y ateos tenemos derecho a un cotillón navideño lleno de amor y sexo colectivo, ya que nuestros ancestros lo han practicado, muchos miles de años, antes de que la ñoñería convirtiera la fiesta navideña en familiar, aburrida y boba.

Por cierto, las que con más derecho propio pueden participar en un cotillón serían las lesbianas y las bisexuales, que sean amantes de tocar instrumentos musicales, del baile y del cante. Ya que con este nombre “cotillón” (que actualmente denomina, tanto al banquete con música de la noche de final de año como a la danza con figuras), definía hace más de 2.500 años el banquete nocturno que culminaba las fiestas mistéricas llamadas Cotitias / Cotyttias / Cotisias / Cotiseas / Cotia en Sicilia, en Atenas, Corinto, Tracia, Chíos…

Y fiestas en las que exclusivamente participaban sacerdotisas, adoradoras de la diosa Cotito / Cotytto / Cotis / Kotytto, y su cortejo de mujeres.

Con los diferentes rituales, esperaban conseguir “mágicamente” prosperidad y abundancia. Incluían: 1: Procesión en la que se cantaba, tocaban címbalos (platillos), tímpanos (tambores) y flautas, mientras bailaban obscenamente danzas lascivas con falos ceñidos a la cadera («Faloforias»). 2: Ingesta de bebidas afrodisíacas. 3: Banquete en el Templo Cotytteión. 4: E incluían cultos mistéricos que les estaban prohibidos revelar bajo pena de muerte, consistentes (según algunos enciclopedistas de Espasa) en “realizar vergonzosos rituales de carácter orgiástico y licencioso” o “cuyos excesos no pueden honestamente describirse”. ¡Vamos, que con los falos realizaban actos masturbatorios de amor propio y relaciones lésbicas, con carácter sagrado en honor de la diosa!

Y similares a los actos orgiásticos realizados por otras adoradoras de otras diosas en todo el universo hasta hace 2.500 años, cuando la religión aún era exaltadora de la impudicia femenina, antes de que: Los templos dejaron de ser sitios de culto gozoso para convertirse en centros de penitencia y temor (Husain, La Diosa, 1997: 101). (Dado que las participantes en las ceremonias sagradas en honor de diosas: Cotito, Demeter… tocaban címbalos de bronce, consistentes en dos platillos como platos cóncavos con correas para pasar las manos, o con parte posterior hemisférica que se adaptaba a las cuencas de las manos, cuyos anchos bordes planos sonaban de modo estridente al chocar, y terminaban participando en los cultos orgiásticos lésbicos, no extraña que se llamen cimbalitas a las homosexuales femeninas / lesbianas).

Dado que con la evolución patriarcal fueron los baptos, varones afeminados al servicio de la diosa Cotis y otros sacerdotes en honor de la buena diosa, los que invirtieron el rito y alejaron a las mujeres de las fiestas, también tienen derecho los varones a practicar durante el cotillón, actos homosexuales. Entonces eran ellos los que travestidos y pintados como las mujeres, los que participaban en exclusiva en los ritos nocturnos, bebían en príapos de cristal y cometían toda clase de obscenidades en Atenas, Corinto y en Sicilia.

Y puesto que tales actos fueron heredados por el ritual cristiano del «Risus paschalis», en el que los sacerdotes europeos, mostraban a los fieles su falo inhiesto y contaban cuentos indecentes para hacerles reír y los estuvieron practicando durante las cuatro pascuas del año: Navidad, Reyes, Resurrección y Pentecostés, en algunas regiones desde el siglo V al siglo XIX, los sacerdotes cristianos también tienen derecho a practicar actos homosexuales durante el cotillón.

Y dado que en España, no sólo practicaban los actos obscenos, el sacerdote y algunos fieles medio borrachos, durante el ritual del «Risus paschalis», sino que también las practicaban las monjas en sus conventos, según han descubierto algunos investigadores, razón por la que se hacían a puerta cerrada (léase: María Caterina Jacobelli, Pepe Rey, Benjamín Hernández…), pues también las monjas tienen derecho a practicar actos homosexuales durante el cotillón.

¿Y por qué no recuperamos las mujeres el practicar cotillones con el mismo estilo lésbico, y los varones similares de estilo gay ? Aunque no creemos en la eficacia mágica de que ninguna diosa madre nos vaya a enviar prosperidad, sí que creemos en la capacidad de sugestión y de entrenamiento. Si durante el ritual colectivo existe concordia y convivencia entre todos los compañeros de género: para que pueden reír, coquetear, conquistar, bailar y conversar íntimamente entre sí (sin que contempladores del otro género censuren); si se comparte lo mejor de cada uno (incluyendo por tanto las relaciones homosexuales que nos han sido negadas a la mayoría desde la infancia, a pesar de que somos genéticamente bisexuales); y si nos esforzamos en estar alegres y en hacer felices a las demás, se nos insuflará la energía para vincularnos.

Todos, homosexuales y heterosexuales, cristianos y ateos tenemos derecho a un cotillón navideño lleno de amor y sexo colectivo, ya que nuestros ancestros lo han practicado, muchos miles de años antes de que la ñoñería convirtiera la fiesta en familiar, aburrida y boba.

Así que ¡cimbalitas, gays y resto de la humanidad heterosexual, cristianos y ateos, disfrutad de un placentero y afrodisíaco cotillón la víspera de año nuevo 2006, seguido del acto sexual como os dé la gana!

De ese modo entraremos en el año nuevo todos unidos con el corazón lleno de esperanza y plenos de ilusión para alcanzar prosperidad o cualquier meta en favor de los derechos que deseemos.

Un abrazo,

Francisca Martín-Cano

contraandrocentrismo.iespana.es/cotillon.html

barcelona.indymedia.org/newswire/display/220211/index.php

euskalherria.indymedia.org/eu/2005/12/23829.shtml

www.lesbianas.tv/foro/viewtopic.php?t=66

www.zonalibre.org/blog/silencio/archives/076818.html

www.20minutos.es/noticia/25056/5/

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