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Votar o no votar

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Soy una ciudadana “de a pie”. Aunque nadie me ha pedido la opinión, ni me han encuestado, ni he materializado de ninguna manera mi pensamiento, hoy, al escribir mejor de lo que hablo, la daré.

Algunos dicen que si el voto sirviera para algo, en realidad, estaría prohibido. En un estado conservador, una nación de origen y tradición hacendal y campesina, donde el patrón es la autoridad, donde a punta de palo mis abuelos aprendieron a obedecer a “los que saben” para comer y subsistir, donde el presente es devoradoramente capitalista con fuertes rasgos patriarcales y un futuro con luchas paralelas, entre emprendedores y rebeldes exigentes, esa afirmación puede cobrar sentido. Algunos también creen que el voto está pensado para incorporar a la masa crítica a un sistema pre-establecido, a la republica formal y así deslegitimar esa fuerza callejera/ciudadana.

Personalmente y en general, no creo mucho en la participación a través del voto, ya que es muy disperso en el tiempo, no tiene acción creativa ni directa con las fuentes.

Además, no elegimos nada verdaderamente si votamos por los grandes conglomerados y grupos económicos que están detrás de estas candidaturas clásicas, que históricamente han permitido contaminar nuestras tierras, aguas, cielos y espacios de desarrollo humano. Que nos tienen como zombies engulléndonos para conseguir un puesto más alto, una tele más grande, una casa más cara, afirmándonos de pasa manos con publicidad y sentando nuestros traseros en más publicidad, como si eso fuera la fuente del bienestar y la felicidad.

Los procesos y cambios sociales se llevan a cabo y se desarrollan en otras esferas, en las periferias de la elite gobernante, y por supuesto, cocinándose a fuego lento.

Sin embargo pienso hoy, más vieja y menos anárquica, que tenemos una oportunidad única en que se dan diversas condiciones que podrían movilizar a un montón de personas, un país en un territorio; Inscripción automática, voto voluntario, movimiento “marca tu voto AC “, nueve candidatos, nueve visiones, nueve propuestas básicamente diferentes (aunque uniendo a los más sensatos, podrían ser cinco) y por primera vez en la vida, pienso que ir a votar podría servir para algo, porque hay candidaturas que se levantaron desde abajo, desde el medio, desde el lado! Y no desde ese altar sagrado con que la política nos mira como pueblo ignorante y desmemoriado.

Es una oportunidad que se presenten estas alternativas para intentar sacar al duopolio, concerta y derecha, que se mantiene por sobre nosotros hace más de 40 años. Seguramente han de pasar generaciones para removerlos y decidir nosotros donde y cómo queremos vivir, sin esos apellidos permanentes en la política, (que vengo escuchando desde que tengo 5 años a finales de los 80)sin el país del miedo, de la dictadura, de la vergüenza.

Al votar sin criticar, creemos que estamos “cumpliendo” con nuestra obligación civil, pero esto carece de sentido si no se hace consciente el problema mitológico que esconde detrás el ejercicio del voto. Una ciudadanía que se moviliza AHORA por voluntad personal, demuestra interés no sólo a las autoridades que debieran sentirse presionadas a actuar a favor de las demandas, sino que se demuestra a sí misma como pueblo pensante, que se empodera y una vez por cada cuatro años, manifiesta su desacuerdo con lo que le sucede por la vía pacífica.

Para todo lo demás existe la calle. No me parece tan mal ir a votar este Domingo, pues, pase lo que pase, todos los días y años debe estar la calle y la voz firme para gritar.

Por Gabriela González Alcaíno
ciudadana “de a pie”

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