Basem Tajeldine: Venezuela debería reconsiderar la instalación de una base militar rusa

La agencia rusa de noticias TASS publicó en días recientes que, presuntamente, expertos de ese país habían seleccionado la isla venezolana de La Orchila (125 millas al noreste de Caracas) para instalar una base militar.

El rumor salió a la luz pública justo días después de que dos bombarderos Tupolev Tu-160, cuya flota es conocida como los “Cisnes Blancos”, visitaran las costas venezolanas con motivo de la realización de unos ejercicios militares conjuntos.

Más allá de la veracidad o no de esa afirmación, la realidad es que la Constitución de Venezuela, en su artículo 13, estipula bien claro, con respecto al suelo nacional, que “no se podrán establecer en él bases militares extranjeras o instalaciones que tengan de alguna manera propósitos militares, por parte de ninguna potencia o coalición de potencias”.

Ante ello, y tomando en consideración que a través de la Asamblea Nacional Constituyente ―órgano plenipotenciario― se puede modificar el texto constitucional, el analista internacional Basem Tajeldine conversó en exclusiva con El Ciudadano y expresó su opinión al respecto:

Aunque voceros autorizados han desmentido esa noticia, yo personalmente creo que hay razones profundas para reconsiderar esa idea”, enfatizó.

De igual manera, argumentó que ninguno de los principales detractores de Venezuela ―ni Estados Unidos ni Colombia ni la OEA ni Luis Almagro― tiene moral para cuestionar cualquier decisión soberana que tome Venezuela en defensa de su territorio.

He aquí la entrevista completa:

EC: Iván Duque cuestionó los ejercicios militares entre Venezuela y Rusia ¿Tiene Colombia moral para hacer ese tipo de señalamientos?

BT: Las declaraciones de Iván Duque rayan en el ridículo, en lo absurdo y en lo inmoral. Todo el mundo sabe que Colombia es un país en guerra civil desde hace más de 50 años, con bases militares estadounidenses en su territorio, que ha participado en guerras en el extranjero, bien sea de forma directa ―con contingentes de soldados en Afganistán, Irak o Yemen― o enviando grupos paramilitares que son de mucha demanda por varios Gobiernos extranjeros, debido a su propia experiencia en guerra.

Colombia también firmó un tratado con la OTAN, con la que frecuentemente realiza ejercicios de guerra, junto a Estados Unidos. Este cínico y criminal presidente de Colombia no tiene moral para criticar a Venezuela por llevar adelante ejercicios militares como cualquier país soberano.

Además, no existe impedimento legal o internacional para que un país desarrolle ejercicios militares con otro. Creo que Duque no conoce muy bien de leyes internacionales, de principios, de respeto al derecho soberano de los pueblos.

No olvidemos que Duque es un peon del uribismo, del expresidente Álvaro Uribe Vélez, acusado por el Senado estadounidense de ser un colaborador del Cartel de Medellín, el capo número 825, aunque hayan engavetado el caso.

Fue el propio Uribe quien meses después de haber entregado la presidencia dijo que le había faltado tiempo para iniciar una agresión militar contra Venezuela, y ahora que está un pupilo suyo en el poder, le sobra tiempo.

EC: ¿Es posible un ataque contra Venezuela y sus instituciones proveniente de Colombia?

BT: En Colombia se preparó el intento frustrado de magnicidio contra Nicolás Maduro, todo bajo el amparo de un Gobierno criminal que ha decidido cortar relaciones diplomáticas con Venezuela.

Se trata de un Gobierno irresponsable con un prontuario grandísimo de crímenes de lesa humanidad contra su propio pueblo, que desaparece a líderes sociales, comprometido con el narcotráfico, un narcoestado que podría ser utilizado en cualquier momento para iniciar una embestida contra Venezuela.

Un Gobierno que, a los pocos días de haberse constituido, tiene una de las popularidades más bajas en la historia de ese país. Un Gobierno muy amenazado desde adentro y que, por tanto, le interesa desviar la atención de la opinión pública nacional e internacional. Por eso decide convertir a Venezuela en un chivo expiatorio para exculparse de las responsabilidades internas que tiene sobre el caos que reina dentro de Colombia.

Está latente la posibilidad de lanzar un falso positivo en la frontera, que sirva como detonante de una aventura militar por parte de Colombia, que además contaría con el apoyo militar de Estados Unidos.

Pero aún así, Venezuela no es un país desarmado ni mucho menos rendido, tiene un pueblo y un Gobierno dispuesto a resistir, capaz de utilizar medios no convencionales para infringir un daño mayor.

EC: ¿Qué consecuencias para el pueblo colombiano ha dejado la presencia militar estadounidense en su país?

BT: Son más que evidentes. La primera y fundamental es la pérdida de soberanía. Sabemos que militares estadounidenses gozan de impunidad en Colombia y han cometido crímenes de lesa humanidad e inmorales, inclusive, contra mujeres. Una información colada meses atrás denunció que al menos 54 niñas habían sido violadas por soldados estadounidenses, quienes además habrían filmado esos actos obscenos y vendido los videos. Aún así, no pueden ser juzgados.

También está la pérdida de reputación del Estado. Colombia sigue siendo el mayor productor mundial de cocaína. Resulta poco creíble que con tantas bases militares estadounidenses no haya sido posible detener el auge de la cocaína, que ni siquiera todo el aparato de inteligencia ―la CIA, la DEA y las Fuerza Armadas colombianas― haya podido detener este flagelo.

Mientras, países como Venezuela y Ecuador, sin bases militares extranjeras, no registran producción de droga. Eso nos lleva a la conclusión de que detrás de la presencia militar estadounidense en Colombia se esconde la protección a la producción y contrabando de drogas, que el mayor productor mundial de drogas es la propia DEA y no los carteles, los cuales serían apenas una fachada.

Por ello, otra consecuencia es que Colombia esté convertida en el mayor productor mundial de cocaína. Recordemos que en Afganistán también hay mucha presencia militar norteamericana, y por eso se mantiene como el primer productor de heroína. Es decir, donde están militares estadounidenses está el narcotráfico.

EC: El embajador de EE. UU. en Bogotá dijo que los aviones rusos son «de museo». ¿Por qué tanta preocupación entonces?

BT: Podemos reírnos de esas declaraciones ridículas. Si fuese así, no tendrían entonces de qué preocuparse por la presencia de estos aviones. Pese a sus años de creación, los “cisnes blancos”, bombarderos estratégicos rusos, siguen siendo de los mejores aviones en el mundo, con partes modernizadas. Más que el avión, es su carga misilística lo importante y sabemos que en ese ámbito Rusia supera a Estados Unidos.

Pese a que la guerra fría acabó en 1991, estamos en presencia de una carrera armamentística por parte de las superpotencias: Estados Unidos, Rusia y China. Por tanto, esas declaraciones esconden un susto, una desesperación ante las capacidades de Rusia, un país que decidió desde hace mucho tiempo estrechar cada vez más sus lazos con Venezuela, en todos los ámbitos.

Nos hermanamos frente al acoso de un mismo enemigo: Washington.

EC: El rumor que lanzó un medio ruso, citando a una fuente anónima del Ejército, sobre el «posible» interés de una base militar en La Orchila… ¿Qué hay detrás de esas declaraciones? ¿Constitucionalmente es posible? ¿Está en los planes de Venezuela?

BT: Hace meses escribía un artículo sobre la posibilidad de que Venezuela contase con una base militar rusa para contrarrestar las amenazas que penden desde Colombia. Si bien nuestra Constitución está cerrada ante esta posibilidad, vivimos una circunstancia excepcional, y si Rusia, un país potencia, quisiera solidarizarse con Venezuela y hacer ese planteamiento, Venezuela no debería cerrarse y evaluar esta propuesta ante las graves amenazas que sufre hoy.

Creo que debería haber una consideración. Aunque voceros autorizados han desmentido esa noticias, yo personalmente creo que hay razones profundas para reconsiderar esa idea.

Y nadie tiene moral para acusarnos o señalarnos, ni Colombia ni Estados Unidos ni la OEA ni Luis Almagro; ya que muchísimos países latinoamericanos tienen bases militares norteamericanas, siempre al servicio de la Doctrina Monroe, y se consideran protectorados de Estados Unidos

EC: ¿Qué perspectiva tiene usted de este acercamiento militar entre Venezuela y Rusia?

BT: Pueden decir que somos lacayos de Rusia o que somos la Cuba de los años 60; pero la verdad es que cuando se establecen relaciones solidarias con un país que está dispuesto a apoyarnos, una Rusia capitalista que considera Venezuela como un área estratégica para sus inversiones, prevalece el respeto mutuo de la soberanía, bajo una relación ganar-ganar, una idea que también concibe China, pero nunca Estados Unidos.

Rusia no actúa con la voracidad ni la prepotencia y arrogancia sometedora con la que actúa Estados Unidos y sus 800 bases militares regadas en el mundo, chantajeando abierta y groseramente a otros países que considera lacayos.

Un ejemplo del buen proceder de Rusia es Siria, donde posee una base militar naval desde los años 70, cuando era la Unión Soviética, y ha mantenido una relación de respeto, apoyo y solidaridad, arriesgando mucho más allá que sus intereses. La mejor muestra de ello: la victoria sobre los grupos terroristas en el país árabe.

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