El gesto de Elsa Labraña: una grieta a la relación entre los medios televisivos y la violencia policial

Carabineros y medios tradicionales han sido comparsas durante la post-dictadura. La policía cuida severamente un orden público diseñado por Pinochet y los noticiarios de TV acaban formateado la opinión pública con una narrativa uniformada. Sin embargo, la exigencia iniciada por Elsa Labraña de pedir una democracia sin violencia policial produjo un quiebre sin vuelta atrás en una TV acostumbrada a la ceremonia de hombres republicanos encerrados en palacios y por fuera la policía gaseando a quien osara reclamar ¿Esta vez lo están viendo venir?

– No sigas ¡Para! Llevamos 30 años, podemos espera un día, varios si quieres, pero páralo- fueron las palabras de una desconocida constituyente en la ceremonia inaugural de la convención que redactará la nueva Carta Magna, realizada en el ex-Congreso Nacional.

“Se ríen de la gente, se ríen de nosotros. Estamos aquí por esas personas. No puedes seguir con esto”- agregó.

Al otro lado de la mesa, Carmen Gloria Valladares, secretaria del Tribunal Calificador de Elecciones (Tricel), estaba impertérrita y nerviosa. La gestión de la representante del partido y la televisión del orden, Patricia Politzer; y el rostro principal del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, ayudaron a encauzar un acuerdo de modo que Valladares sopesó los reclamos y propuso un receso.

La sesión se reiniciaría solamente cuando la policía dejara de reprimir acordaron la mayoría de los constituyentes allí presentes.

Elsa Labraña fue la protagonista. Desconocida por los periodistas de televisión portaba consigo un cartel con el rostro de José Miguel Uribe Antipani, uno de los asesinados en la revuelta de Octubre de 2019. Elsa se define como eco-feminista y fue electa constituyente luego de participar durante años en el Colectivo de Mujeres de Curicó. Junto con la no violencia, Labraña trae a la mesa de la CC temáticas como la soberanía alimentaria y el buen vivir, ideas que de seguro varios periodistas están escuchando por primera vez.

El evento ofrece varias lecturas. La primera, en la que confluyeron los periodistas de los cuatro principales medios televisivos fue que se trató de un impasse producido por estos nuevos actores que llegaron a participar en la toma de decisiones, los que quieren llevar la lucha callejera a las discusiones políticas. Lo sorpresivo del hecho hizo saltar comentarios espontáneos de los conductores de los noticiarios de televisión que pocas veces son dichos en pantalla, siendo una rica oportunidad para sondear en la ideología de periodistas que acostumbran a ser cautos en las enunciaciones y discretos en los adjetivos. Enfrentados a una transmisión que según reconocieron “nadie entendía lo que estaba pasando”, recurrieron a su arsenal cognitivo y semántico para ofrecer a los telespectadores una interpretación. Así lo expresó Iván Núñez, lector de noticias de TVN, quien desconociendo a Elsa sostuvo que probablemente se trataba de personas ligadas a “la Lista del Pueblo, la reivindicación de la calle como disputa política, que a ratos ha tenido situaciones desafortunadas.”

Ignacio Valenzuela, conductor de Tele 13, comentó por su parte que “ya vemos el tono de la conversación…”. Luego adjetivó la actitud de la constituyente como “beligerante”. Las imágenes siguientes de Canal 13 inmediatamente trataron de dar contenido visual a lo que necesitaba ser interpretado. Pusieron así en pantalla el registro de una cámara de vigilancia que mostraba gente empujando las vallas puestas en varios puntos del centro de Santiago. Comentaban que los manifestantes traspasaron los cordones de seguridad, mientras la imagen mostraba un grupo de carabineros arrancando.

Una perspectiva alternativa respecto de la que coinciden los periodistas de TV pasa por colocar en el foco la relación entre los medios hegemónicos y la violencia estatal. Quiero poner en tensión las lecturas de los periodistas de los canales televisivos frente a estos hechos que perturban las acostumbradas liturgias institucionales. Así quiero plantear que si por un lado Carabineros de Chile es la guardia pretoriana encargada de defender un diseño de gobierno producido en dictadura, en el cual las multitudes son mantenidas a distancia de los espacios de toma de poder (en la cocina no caben todos pensaba Andrés Zaldívar); la prensa hegemónica cumple el rol de dar el sustento ideológico a esa noción de orden público que acepta mantener el funcionamiento de los rituales al interior de los salones del poder, no importando el descontento de las multitudes allá afuera.

UNA NARRATIVA REPETIDA

El principal ritual republicano en el régimen presidencialista chileno ha sido la cuenta pública que realizaba el presidente cada 21 de Mayo ante el Congreso Nacional. Desde la post-dictadura el escenario de la ceremonia se trasladó a Valparaíso, cuando Pinochet instaló el Parlamento en la misma cuadra en donde había nacido. Lo que al avanzar la democracia se transformó en un evento aburrido propio de hombres solemnes, con la profundización del modelo neoliberal realizado por la ex-Concertación y la destrucción ambiental en las zonas de sacrificio, en torno de la cuenta pública cada 21 de mayo se fue constituyendo un espacio de protesta social. Las multitudes quedaban del lado de fuera, distantes a cuadras de una clase política encerrada en el Congreso.

La entrada de estos nuevos actores tanto en el espacio público (las calles del centro de Valparaíso), como en el territorio mediático fue contenida por dos actores que serían claves en el transcurso de la transición. En un nivel capilar la post-dictadura mantuvo un ejército de FFEE formados militarmente y pertrechados lo suficiente para impedir cualquier avance social. El límite físico fue puesto en el Parque Italia, espacio de tensión entre las multitudes de estudiantes, estibadores, pescadores y vecinos que cada año mostraron en las calles el descontento producido por un Estado neoliberal que se afianzaba privatizando las aguas y destruyendo ciudades y territorios, siendo al mismo tiempo incapaz de dar respuesta a derechos básicos.

En un segundo nivel, en las pantallas de televisión, el dispositivo principal de la transición para contener la protesta social fue el control de las narrativas de dichos eventos producidas por los medios hegemónicos, fundamentalmente la televisión. “Ver no es comprender” advertía el periodista Ryszard Kapuściński. Y en ese espacio entre imágenes sueltas que se concentraban en jóvenes levantando una piedra o una multitud desplazando una valla, se desplegaba la hipérbole semántica de los periodistas que cubrían los eventos, cuya narrativa era rica en adjetivos como violentistas, encapuchados o antisociales.

Si en la calle una policía militarizada contenía cualquier asomo de protesta; en las pantallas los relatores de la TV desplegaban la argumentación para explicar el fenómeno en términos de que “personas exaltadas alteran el orden público, lo que obliga a carabineros a intervenir”. De hecho, los periodistas acostumbraban a transmitir estos eventos siempre detrás de la policía e iniciando sus despachos una vez que ésta hubiese avanzado.

La liturgia acostumbrada de la post-dictadura por décadas toleró un cuadro de “los representantes electos por el pueblo” guardados bajo llave en los salones del poder, mientras afuera quien osara manifestarse era reprimido. Los noticiarios de TV por décadas mostraron ese Chile escindido en forma paralela: a un lado de la pantalla los rituales de hombres de terno y corbata en sesiones solemnes de la República y en la otra imagen la Avenida Pedro Montt perdida en nubes de lacrimógenas.

Las demandas que desbordaban el diseño institucional se fueron acumulando en la calle, como un depósito de causas perdidas y sueños utópicos rotos. La impunidad de los grandes conglomerados en sacarles planta del bolsillo a los chilenos financiando con su publicidad los canales de televisión, la destrucción de zonas de sacrificio, el secuestro de ríos y lagos tenía su reverso en un brutal control policial de cualquier reclamo o disidencia. La guardia pretoriana en las calles y el dispositivos mediático televisivo, encargado de construir como un poderoso enemigo violento cualquier disidencia, permitieron a los administradores de la post-dictadura mantener las demandas de las multitudes bajo el sesgo de la violencia y del desorden.

El rol de los medios en tanto dispositivo de contención y rol disciplinador tiene varios ejemplos en las últimas décadas, como cuando los periodistas fueron a funar hasta su casa a una mujer que oso sacar una pequeña mesa de un banco en medio de una protesta; o cuando colegas perseguían con cámaras en vivo y micrófono interrogante a quien no tenía plata para pagar el Transantiago; o cuando volvieron éxito de horario prime programas en el que policías de madrugada asaltaban la casa de quienes traficaban droga en las poblaciones.

El maridaje entre los medios televisivos y la guardia pretoriana de la post-dictadura no sólo se producía en las noticias emitidas, sino que también compartían tácticas en la calle. Los casos recientes de carabineros infiltrados en la protesta social que incitaron la quema del Hotel Príncipe de Asturias y la Universidad Pedro de Valdivia en Santiago en las primeras jornadas de la revuelta de Octubre de 2019; o el policía topo que incitaba acciones violentas en Lo Hermida, evidencian el uso de carabineros infiltrados que tienen a exacerbar la violencia en las calles. Por su parte, los canales de televisión desde los estallidos de 2006 y 2011 envían periodistas no identificados para cubrir “las protestas desde dentro”. Como agentes ocultos, periodistas de los medios hegemónicos y policías provocadores se dan un buen apretón de mano en las penumbras de la post-dictadura chilena. Unos exacerban el show; los otros ponen las cámaras.

UNA VIOLENCIA QUE EL PERIODISMO NO PERCIBE

Si las fuerzas represivas del Estado están mandatadas a cuidar el “orden público”, los medios hegemónicos cumplen la función de otorgar la ideología justificatoria, conformando así la “opinión pública”. Frases como “debes rechazar todo tipo de violencia” o “estamos a favor o en contra de la violencia, no hay dobles lecturas”- acostumbradas a pronunciar por los relatores de televisión esconden que en esa categoría no entra la violencia policial, la que conciben como parte del orden. Los límites que definen que es violencia y que no, fueron encuadrados en dictadura y los periodistas televisivos sólo se limitan a reproducirlos.

Chile es uno de los pocos países en los que hay que pedir autorización para manifestarse. Cualquier protesta pública, por espontánea que sea que no la tenga, recibirá en forma inmediata la visita de un escuadrón de FFEE dispuestos y pertrechados para una guerra por el control del territorio, sin importar efectos colaterales.

Pero ¿El tapiar de rejas la ciudad no es violencia? ¿La presencia de policías militarizados premunidos de escopetas cortas y bolsas de lacrimógenas no es violencia? ¿Acaso no es violencia la habitual escena de carabineros conversando con manifestantes y en un punto en que hay una disputa la policía inmediatamente lanza por abajo una lacrimógena en forma maletera? ¿no era violencia acaso que en las marchas del 11 de septiembre un zorrillo de carabineros se aproximara a las madres de los detenidos desaparecidos ya ancianas mientras llevaban flores a al Memorial del Cementerio General y por ese pequeño agujero a sus costados les dispararan gas lacrimógeno en el rostro?

Por décadas los periodistas de televisión que cubren las protestas se han entrenado en el despliegue de una mirada selectiva, preocupada de pillar “el mono” del chico que tira una piedra o el grupo que arma una barricada, siendo al mismo tiempo incapaces de percibir la violencia de los agentes del Estado. Los periodistas de televisión chilenos adolecen de un problema de percepción selectiva. Y así fue este domingo, en la inauguración de la Convención Constitucional. La violencia parte desde que se instala una valla que impide el paso. La violencia es patente cuando nos levantamos y la Alameda está copada con un dispositivo policial que despliegua un carro lanza gases por cada vía de la Alameda, acompañados cada uno por los correspondientes guanacos por detrás, los que a su vez son seguidos de las micros verdes cargados de FFEE enfurecidos con bolsos llenos de lacrimógenas. La violencia surge cuando los agentes del Estado empujan, tiran gases en los ojos y descargan su entrenamiento militar contra los manifestantes. Cuando un grupo de menos de diez personas están protestando pacíficamente en una esquina, aparece un carro policial desde donde es lanzada una lacrimógena y el carro parte. A ya casi dos años del estallido, el medio millar de víctimas de pérdida ocular es la prueba más palpable del lugar institucional desde donde proviene la violencia.

Pero en la narrativa de los medios la función de resguardar el orden público es sacro santa. Tanto para los periodistas televisivos, como los congresistas y los participantes de los gobiernos de turno en toda la post-dictadura las escenas de violencia policial son asumidas como parte de la normalidad. La argumentación esgrimida por los medios es la necesidad de la fuerza pública de “mantener el orden público”.

En vez de estar en contra de la violencia, los medios hegemónicos dan el sustento narrativo para justificar la violencia de agentes del Estado. Pese a que se declaran contra “todo tipo de violencia”, su apuesta no es el fin de ésta, sino que la supresión de cualquier resistencia a la violencia estatal. En su narrativa los medios exigen y justifican la violencia estatal de la misma forma como lo hicieron durante la dictadura ¿coincidencia? Tal vez, aunque en verdad se trata del mismo dispositivo diseñado por Pinochet y sus ideólogos. Cualquiera que compare la narrativa de las noticias presentadas durante la dictadura sobre el combate a la insurgencia y las formas en que eran enunciadas dará cuenta de la misma articulación interpretativa que ¡cuarenta años después! siguen reproduciendo los periodistas de televisión chilenos. Es una prensa para la cual la violencia de agentes estatales es parte de la normalidad.

NO ES LA FORMA”

Por décadas para el pacto binominal que gobernó Chile y los medios televisivos fue una situación normal la existencia de dos imágenes de país: por un lado los “representantes” encerrados en un edificio institucional decidiendo los destinos del país y por fuera las multitudes que querían reclamar algo eran gaseadas por la policía.

Pero esta vez fue distinto.

“No vamos a empezar un nuevo país en base a la violencia”- sostuvo la constituyente Elsa Labraña.

Ya antes en la discusión sobre la mesa había dicho que “tenemos nuestros familiares afuera que están siendo reprimidos por la policía. En el momento más lindo, más hermoso de nuestra historia, nuevamente el Estado y la policía se comportan pésimo (…) no vamos a empezar la ceremonia hasta que no nos aseguren que afuera se dejó de reprimir a nuestro pueblo”.

En ese momento de incertidumbre, cuando los periodistas intentaron rellenar la suspensión institucional, afloraron sus domicilios ideológicos. Iván Núñez, en las pantallas de TVN, refiriéndose a Elsa Labraña sostuvo que “tiene un protagonismo quizás no deseable… no es quizás. No deseable. No es deseable que este tenga un nivel de protagonismo para este colectivo que tiene que escribir una Constitución”.

Meganoticias tuvo un enfoque similar. La periodista que hacía el despacho habló que la carga policial se produjo porque “los manifestantes invadieron el perímetro”. En la narrativa de la prensa tradicional toda acción de la policía es una respuesta a una violencia ejercida sobre ellos. La periodista continuó diciendo que “un grupo de manifestantes comenzó a generar ciertos disturbios”. Desde el estudio, la conductora Soledad Onetto, reforzó la argumentación diciendo que “se había establecido un perímetro de seguridad para proteger las inmediaciones del congreso nacional” y luego añadió que “carabineros va moviendo a los manifestantes para que no traspasen estas barreras”.

La reportera de Mega al retomar el despacho desde la calle dijo que “ya ha pasado suficientemente el tiempo de manifestarse” y quienes estaban allí “tenían un permiso acotado”. Onetto desde el estudio continuó la narrativa justificatoria diciendo que se habían puesto vallas papales y que “hasta ese punto podían llegar, tenían que separarse, la credencial sólo permitía el paso a los acreditados”.

El periodista de CNN-Chilevisión, Patricio Angulo, fue más allá y etiquetó a quienes se manifestaban como inadaptados. Localizado en las afueras del Museo de Arte Precolombino comenzó su relato diciendo que “se produjo una situación bien compleja… Y en ese momento un grupo comienza a mover las vallas papales con la intención de sacarlas, lanzan objetos a carabineros, quienes debieron replegarse”.

Luego dijo que la policía debió “establecer refuerzos para reestablecer el orden público en el lugar, puesto que hay un perímetro a una cuadra a la redonda que se encuentra totalmente acordonado”. Las imágenes mostraban el avance de un carro lanza aguas hacia el oriente acompañado de un pelotón de FFEE y el forcejeo con algunos constituyentes que habían salido. Tras hacer una breve entrevista a Hugo Gutiérrez y Rodrigo Rojas, al volver su narrativa justificó el accionar del guanaco “para poder dispersar a quienes se encontraban realizando esos desordenes”. También comentó que carabineros empujaba a constituyentes que recién había entrevistado, diciendo que “se está solicitando el carro lanza aguas porque los incidentes han recrudecido”, pues era necesario “poder dispersar a quienes estaban en ese lugar”.

Las narrativas de los canales de TV sobre la sesión inaugural de la Convención Constitucional plantean una línea divisoria entre manifestantes pacíficos y quienes vulneran el orden público. No acostumbran a cuestionar la noción de “orden público” y si carabineros es la institución mejor preparada para mantenerlo. Tampoco tensionan el derecho a manifestarse sin violencia y mueven el cerco de esta etiqueta a quienes simplemente hacen una sentada en la calle o este domingo se querían aproximar al ex-Congreso. En las imágenes de la transmisión los únicos incidentes eran personas moviendo las vallas que cercenaban la ciudad y querían llegar al ex-Congreso.

Por décadas así tuvimos dos liturgias en el Chile neoliberal. En un edificio resguardado sesionaban los representantes populares, pero sus representados no podían aproximarse a dichos espacios de deliberación. Se trata entonces de una democracia protegida tal como fue delimitada por la dictadura y que se mantiene tras treinta años de gobiernos democráticos. Si en la calle tenemos una fuerza pretoriana cuidando los rituales del poder, manteniendo a las multitudes siempre alejadas; los medios tradicionales cumplen la función de legitimación ideológica del diseño dictatorial. Al cierre de su despacho, el periodista de CNN concluyó diciendo que “ya se la logrado reestablecer el orden en este lugar”.

NUEVAS FORMAS DE RELACIONARNOS

La elección de la académica Elisa Loncon como presidenta de la Convención Constitucional anuncia un radical cambio de perspectiva tanto en lo social como en la amplitud de quienes serán las próximas autoridades. Su presencia contrasta e incomoda la tradicional foto de los hombres de la República enfundados en sus ternos grises. En su primer discurso partió saludando a la diversidad sexual, a las mujeres y a los pueblos indígenas. Adelantó en que Chile se cuidará de la madre tierra y del agua; y que deberá reconocer que es un país plurinacional e intercultural, anunciando además que se estaba instalando en la sociedad chilena “una manera de ser plural. Una manera de ser democrático y un modo de ser participativo”.

La tarea es compleja, pues se trata de terminar por fin con el legado de la dictadura. En palabras de la periodista Mónica González asistimos ayer al principio del fin de la Constitución de Pinochet. Sin embargo, el legado de la dictadura aún está plenamente vigente en el modo de comprender el orden público, temeroso de las diversidades que pueblan las calles y la libertad de expresión, perspectiva que aún comparten Carabineros y los medios hegemónicos.

El gesto de Elsa Labraña, de igual modo, demostró que es posible de agrietar dicha alianza parapolicial. Pese a que la demanda de los constituyentes para volver a la ceremonia no fue cumplida del todo por el gobierno de Piñera, manteniendo a FFEE en las calles, el gesto de Elsa es la primera ruptura de un orden que no se incomodaba con “los representantes del pueblo” sesionando en los salones del poder, en tanto que el mismo pueblo era mojado, gaseado y golpeado muros afuera.

Y, al igual que en Octubre de 2019, los medios no lo vieron venir.

Desde esa fecha Chile no fue el mismo. El estallido social además de empujar el proceso constitucional, tensionó la noción de orden público hecho en dictadura y la primera línea fue capaz de contener la violencia policial. Una demanda importante tanto para la Convención Constitucional como para el futuro gobierno es sino el fin, una reforma radical de Carabineros.

Al mismo tiempo, la epidemia del Covid-19 acabó por demostrar la ineficacia de un país levantado sobre cimientos neoliberales, modelo de sociedad chilena construida en las últimas décadas como exitosa en la narrativa de los medios masivos. Estamos en un momento de fabulación de nuevas utopías y nuevas formas de relacionarnos, en un país en que el movimiento feminista ha cobrado un protagonismo capaz de instalar nuevas temáticas en la agenda pública. Tal vez la perspectiva de género permita repensar la violencia de agentes estatales contra personas que quieren manifestarse. Se desmorona así carabineros, su noción de orden público y la violencia policial. Ocurre lo mismo con la Constitución, escrita por los ideólogos de la dictadura, que también está próxima a su fin.

Y cuando todo el viejo orden cae ¿los medios tradicionales seguirán teniendo el monopolio en las pantallas pese a su reducida y repetida narrativa? ¿seguiremos viendo en los próximos años los mismos rostros y similares retóricas tan limitadas, como incapaces de cuestionar los abusos del poder policial? ¿no será hora de comenzar a pensar cómo democratizar los medios hegemónicos, los que han sido parte constituyente del modelo de sociedad que está llegando a su fin?

Mauricio Becerra Rebolledo

Periodista

Doctor en Historia de las Ciencias

@kalidoscop


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