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Cómo entender la crisis económica de Estados Unidos


Dos invasiones militares y el rescate de un mercado al borde de la quiebra son algunas de las razones del desplome económico que vive Estados Unidos y que tiene al borde de la histeria a los mercados mundiales.

Esta historia se remonta al año 1917, momento en que el Congreso norteamericano estableciera por ley el límite tope de endeudamiento fiscal que podía alcanzar la cuestionada potencia mundial y que sólo es posible de modificar tras acuerdo de ambas cámaras y en circunstancias especiales: inminencia de conflictos bélicos, epidemias, catástrofes naturales o debacles financieras en el concierto internacional.

La última cifra vigente a la fecha estipulaba el máximo en 14.3 billones de dólares, monto que el gobierno de Barack Obama alcanzó en mayo pasado y que despertó las alertas en todo el mundo.

Gran parte de este endeudamiento lo constituyen bonos emitidos por el Sistema de Reserva Federal -símil del Banco Central chileno- a diversos acreedores: China, Japón, empresas privadas norteamericanas y al propio país, ya que en los últimos cinco años, Estados Unidos ha incrementado su programa social en un 45%, generó más de 30 mil empleos fiscales y potenció los fondos de pensiones que administra el Estado.

De acuerdo a este gráfico, el mayor porcentaje de la deuda se concentra entre los propios norteamericanos; dados el excesivo gasto militar de las campañas en Afganistán e Irak y también por la reactivación que tuvo que impulsar el gobierno en el año 2006, tras la fuerte caída de los mercados derivada de la crisis subprime.

EL ANSIADO ACUERDO

Hace poco más de dos meses, la deuda estadounidense rozó los 14.3 billones de dólares y la temida crisis comenzó a aflorar. En ese momento, el gobierno de Obama recurrió al Congreso para obtener la autorización que permitiera aumentar el límite de endeudamiento, desatándose con esto una fuerte disputa política entre demócratas y republicanos que hizo temer el peor de los escenarios para el país del norte: la quiebra.

Por un lado, los republicanos se abanderaron con la postura de asegurar los pagos a los acreedores en primer lugar, para después, pensar en tramitar el aumento de la deuda.

Miles de empresas estadounidenses, usando el viejo artilugio del “lobby” -bien conocido también en nuestro país- presionaron a los congresistas conservadores para que se impusiera un compromiso de pago al gobierno estableciendo garantías de solvencia y liquidez, sugiriendo, al mismo tiempo, que uno de los mecanismos más eficaces para obtener recursos frescos era recortar los programas sociales de Obama.

En tanto el bando oficialista, los demócratas, impugnaron la propuesta de sus adversarios y propusieron que se aumentaran los impuestos sin tocar los programas sociales del gobierno.

Entre dimes y diretes, transcurrieron dos semanas de tensión, despertando las alertas en todas las economías mundiales y haciendo sonar más fuerte el rumor de la quiebra. Eso, hasta el pasado 2 de agosto fecha en que se logró el acuerdo por mayoría, 74 contra 26 votos, en el Senado.

Así se zanjó el aumento del tope de endeudamiento en al menos 2.1 billones de dólares más hasta el año 2013, tiempo durante el cual el gobierno deberá promover una fuerte reducción fiscal en 2.5 billones de dólares en todos sus programas y sin cerrar la puerta al aumento de tributos.

Ante la aprobación en ambas cámaras, inmediatamente el presidente Obama promulgó la norma y de paso, decreto en mano, permitió que el Secretario del Tesoro le extendiera dinero fresco al gobierno para cancelar las deudas más urgentes: las pensiones de los jubilados, los salarios fiscales y  los subsidios estatales.

 

¿HABRÁ SOLVENCIA?

Los próximos recortes y extensiones del límite de endeudamiento dependerán de las recomendaciones que le hará el comité que surgió en el marco de este acuerdo entre el parlamento y el ejecutivo y que estará representada por seis diputados y seis senadores, tres demócratas y tres republicanos en cada caso.

Este comité tendrá la misión de “recomendar” los mecanismos más eficaces para incentivar el ahorro y generar liquidez; pero también tendrá que encontrar las formas “menos dolorosas” para recortar el presupuesto fiscal.

Pese a esto, el escenario que vive Estados Unidos está lejos de tranquilizarse, ya que ante la inminencia de los recortes presupuestarios y el incentivo a la baja del desempleo esta medida es como “apagar el fuego con bencina”, al menos así la han calificado algunos congresistas, de hecho, la jefa de la bancada demócrata en la cámara de diputados, Nancy Pelosi aseguró que: “esto es un sándwich de satanás con papas fritas de satanás”.

Según cifras entregadas por la Fundación Homeless on the World, se estima que cerca de un 15% de la población norteamericana perderá sus viviendas por las altas tasas de interés que se aplicarán a sus hipotecas y que las harán “imposibles de cancelar”.

Por Claudia Pedreros Saá

El Ciudadano

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