El pene simbolizaba la magia y el desnudo femenino era inapropiado en la Antigüedad

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Aunque algo hay de cierto en el desenfreno en torno al sexo en la Antigüedad, el hecho es que en el periodo grecorromano muchas asociaciones dadas al ámbito sexual nada tenían que ver con el erotismo. De hecho, la imagen de una mujer desnuda no era muy apropiada y el pene guardaba relación con un poder mágico.

Adentrarse en la sexualidad dentro del contexto grecorromano y, muy en particular, en el de la ciudad romana de Augusta Emérita -la actual Mérida (España)- es la clave y el motivo de la exposición temporal que hoy ha abierto sus puertas en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.

Bajo el sugerente título «Sexo, desnudo y erotismo«, esta muestra repasa sin ropaje alguno el carácter mágico del atributo sexual, la imagen desnuda y su significado, las relaciones sexuales entre dioses y el sexo entre hombres.

Con solo una treintena de piezas, todas ellas procedentes de los almacenes del museo y del Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida, la exposición logra «excitar» la curiosidad del visitante, pues el sexo siempre ha sido atractivo y, en el caso de la época a la que se hace referencia, es bastante desconocido.

De hecho, en el plano de la religión tradicional grecorromana, el sexo tenía un papel importante. Las relaciones sexuales entre los dioses, y también entre estos y los humanos, eran frecuentes, y a veces incluso escandalosas, como así lo reflejan los paneles informativos y las piezas expuestas.

A juicio del comisario de la muestra, Rafael Sabio, este fue uno de los argumentos esgrimidos por los cristianos para atacar la religión pagana.

La importancia del sexo en el mundo clásico está representada por su propia divinidad del amor: la Afrodita griega, la Venus romana, que está presente en una escultura de mármol en la que muestra su pubis pero tapa su pecho.

También puede contemplarse una estatua de bronce de Hermafrodita -toma el nombre de su padre Hermes y su madre Afrodita-, que aparece con pechos y pene.

Resulta curioso, aunque no extraño pues ocurre actualmente, que el sexo en la Antigüedad ofrecía puntos de vista muy diferentes. Del conyugal (el privado o el íntimo) apenas quedan testimonios a excepción de las manifestaciones de amor. De las relaciones extraconyugales, cuya máxima expresión es la prostitución, hay soportes para dar y vender.

De hecho, se expone por primera vez un hallazgo reciente en la ciudad de Mérida. Una lápida de mármol con la representación de una mujer adulta «susceptible de ser interpretada como una prostituta de lujo».

La muestra ofrece graffitis, lámparas y objetos ornamentales de temática variada, desde la zoofilia -entendida como relaciones entre dioses que encarnan animales mitológicos- al coito anal.

En la Antigüedad también había un cultura sexual socarrona o humorística. Si en Pompeya se han hallado graffitis en este sentido, en Mérida fue localizada -que también se expone- una inscripción con alusión a una felación sobre un fragmento de papel.

Frente al tabú que suponía la imagen desnuda del cuerpo humano en las religiones de sesgo judeocristiano, en la época clásica existía «cierta permisividad al respecto, pero no tanta como suele suponerse».

La imagen desnuda, en opinión de Sabio, era más patente entre el varón y se consideraba «inapropiada» para la mujer dentro del ámbito más tradicional. Tal es así que el desnudo, al margen de su carácter mágico o erótico, era entendido en muchas ocasiones como «algo circunstancial o simplemente ornamental».

Por contra, el desnudo femenino era «más raro» y la imagen de unos pechos descubiertos solo se justificaba en casos muy concretos.

Volviendo al hombre, su pene o falo fue un símbolo asociado a dos poderes mágicos: la protección ante los males y la llegada de buenos augurios.

De hecho, la exposición arranca con varios falos elaborados sobre diferentes soportes, bien protegiendo la esquina de una construcción -un guardacantos con un pene en diagonal- o dando carácter ornamental a un posible jardín -una herma o pilar en la que aislado bajo el busto de un varón figura un órgano sexual masculino-.

Amuletos fálicos, un sonajero que esconde la forma de un pene para proteger al niño que lo porte y falos representados en mangos y apliques cerámicos son otras de las piezas que se exhiben… sin pudor alguno.

Fuente: El Diario

 

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