Lo comunitario permitía que el futbol fuese juego en tanto había confianza y apoyo mutuo entre las madres principalmente, que implicaba la apropiación territorial de calles, callejones, pasajes, baldíos y eriazos como sitios de juego y canchas inventadas de fútbol. Una niñez protegida por la comunidad (de madres, especialmente) podía jugar en espacios no privatizados por el auto y el negocio inmobiliario.