Entrados en el siglo XXI, el proceso de deshumanización avanza. Los homo sapiens sapiens han perdido el sentido de pertenencia a una especie común. Ser migrante no está bien visto. Son asimilados a la categoría de delincuentes; gentes pobres que hablan idiomas raros, practican cultos satánicos y desprecian la religión católica. Con su llegada, señalan, aumentan las violaciones, los robos y asaltos a la propiedad privada.