Por Carlos Gutiérrez P.

Los pueblos de América Latina ya fuimos informados de la existencia del Escudo de las Américas, definida “hermosamente” como una iniciativa de cooperación regional promovida por la presidencia de Donald Trump, que tiene como objetivo central la coordinación de los esfuerzos contra el crimen organizado transnacional.
Esta cooperación contempla el intercambio de inteligencia, la cooperación judicial, el fortalecimiento de las capacidades policiales y la coordinación entre los países miembros para combatir redes de narcotráfico, trata de personas, lavado de dinero y otras organizaciones criminales que operan en la región.
Esta “loable y desinteresada” iniciativa del gobierno de Estados Unidos tiene una profusa letra chica que orienta los esfuerzos conjuntos hacia una amplia gama de temáticas, que nada tienen que ver con una lucha frontal contra el delito organizado, que efectivamente afecta a nuestros pueblos, pero que, en el caso particular de los carteles de la droga y el tráfico de armas, tiene al propio Estados Unidos como parte ineludible e interesada de la problemática.
Para escudriñar un poco más en los alcances reales que busca el gobierno estadounidense, centrémonos en dos discursos recientes, el del Subsecretario de Guerra y el del Secretario de Guerra.
1.- Discurso del subsecretario de Guerra para Asuntos de Política, Elbridge Colby, en la XVII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas en Cuzco, Perú, el 8 de julio de 2026.
Este discurso es una primera exposición oficial después de la publicación de la Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos de enero de 2026 y la formación del Escudo de las Américas de marzo de este año, que viene a clarificar determinados tópicos que se han socializado en forma segmentada.
a) El cambio de escenario estratégico, desde el “momento unipolar”, que el autor caracteriza como una abstracción aspiracional ideal de la hegemonía del neoliberalismo y la democracia, al “momento de la visión realista basada en la geografía y en los intereses nacionales que tomara en cuenta el poder duro” que encarna el gobierno de Trump.
Muchos analistas han confundido esta posición con una suerte de un nuevo aislacionismo estadounidense, lo que está lejos de la realidad. La cuestión de fondo es un ajuste estructural de las capacidades de Washington para enfrentar los desafíos globales, ante el surgimiento de una nueva superpotencia y de potencias regionales que están desafiando su poder absoluto, frente a los cuales ha demostrado su incapacidad y fragilidad de sus capacidades. No es un retiro, es una basificación en el continente americano, para asegurar retaguardia, logística, recursos y fuerzas.
b) Realiza un diagnóstico crudo, negativo y pesimista sobre la realidad de Estados Unidos y los países latinoamericanos en materias de migraciones irregulares, fronteras porosas, y aumento del crimen organizado, así como los nefastos efectos en la población, que llevan a la Casa Blanca a asumir una política más activa para proteger su frontera y a los países de la región.
La lucha contra el crimen organizado es el comienzo con una buena razón para lograr el objetivo final que se define como una estrategia geopolítica y de defensa integral, es decir, blindar al continente ante potencias extra regionales y clausurar alternativas progresistas en su interior…
Todas las afirmaciones que realiza no las respalda con datos cuantitativos, ni segmentadas por países o subregiones, lo que lleva a las clásicas falacias derechistas. Tampoco profundiza en cuestiones claves que involucran a su país, como el tráfico de armas, el lavado de dinero, el oscuro papel de la DEA en varios países.
Es bueno recordar que esta política se plantea como una continuidad de la Operación Lanza del Sur, aquellas acciones cinéticas que se llevaron a cabo en el Pacífico central y el mar Caribe, que varios organismos de derechos humanos han demostrado que fueron ataques criminales contra civiles, que violaron todas las normas del derecho internacional, y que Estados Unidos nunca ha identificado prisioneros o muertos, no ha podido demostrar que pertenecían a bandas criminales y no hay evidencia de carga requisada.
Todo le sirve para justificar la conclusión, se requiere trabajar juntos, poner en disposición más recursos económicos, materiales y humanos.
c) Afirma que hay un cambio sustancial en el enfoque hacia el hemisferio, que se refleja en una estrategia geopolítica y defensa integral.
“Lo denominamos el Corolario Trump a la Doctrina Monroe o, quizá de forma más memorable, la Doctrina Donroe. Tal como se expone en la Estrategia de Seguridad Nacional y en la Estrategia de Defensa Nacional, este Corolario Trump establece que los Estados Unidos protegerán nuestro Territorio Nacional y nuestro acceso a terrenos clave en toda la región. Negaremos a los adversarios la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes en nuestro Hemisferio”.
“Permítanme cerrar diciendo que el Corolario Trump a la Doctrina Monroe ofrece un modelo para la defensa y la prosperidad hemisféricas. Significa la restauración de una América fuerte en nuestro hemisferio, pero es también una invitación a que haya socios fuertes, confiables y eficaces que se tomen en serio su propia defensa. Es un enfoque realista, basado en la alineación de nuestros intereses razonablemente concebidos con los de ustedes, y en la determinación de perseguirlos”.
Es clara la intención final. La lucha contra el crimen organizado es el comienzo con una buena razón para lograr el objetivo final que se define como una estrategia geopolítica y de defensa integral, es decir, blindar al continente ante potencias extra regionales y clausurar alternativas progresistas en su interior, asegurando el proyecto estadounidense.
d) Toda la narrativa anti crimen organizado es para concluir en el uso de las fuerzas armadas en esta cooperación continental, que trascienden las relativas a los grupos delictivos. No hay especificaciones sobre las policías ni políticas públicas al respecto, todo se remite a involucrar a los ministerios de defensa y las fuerzas castrenses.
“Pero nuestra fuerza militar ayudará a habilitar, proteger e impulsar esos esfuerzos. Por eso concebimos las operaciones cinéticas conjuntas, lideradas por nuestros socios y realizadas junto con sus fuerzas armadas, como multiplicadoras de fuerza. Ayudan a crear las condiciones para que otras áreas del gobierno de los Estados Unidos y, lo que es más importante, sus propios gobiernos, se involucren y encuentren soluciones a los profundos problemas sistémicos que ustedes y nuestra región en su conjunto enfrentan”.
Los intereses de Estados Unidos en la región están cruzados por una lucha ideológica contra regímenes que han intentado apartarse de su línea política; han sido demonizados hasta construir sobre ellos una narrativa que ampara la intervención militar…
“En segundo lugar, los instamos a proteger sus infraestructuras críticas. Proteger esos activos es una cuestión de defensa nacional. Se trata de asuntos que los involucran, y deben involucrarlos, a ustedes como líderes de defensa, pero hará falta su iniciativa para demostrarlo en sus países. Esto no es solo una condición previa para la inversión y el desarrollo, que lo es. Es también la parte que a ustedes les corresponde para garantizar una paz duradera”.
“A medida que los Estados Unidos colaboran con aliados y socios en todo el mundo para asegurar equilibrios de poder favorables en las regiones más importantes del planeta, no les pediremos que proyecten poder fuera de esta región. Más bien, todo lo que les pedimos es que trabajen con nosotros para negar a cualquier actor la capacidad de reclamar y explotar tales activos clave aquí, en este Hemisferio”.
Bajo este prisma, es claro que el objetivo central no es la lucha contra el crimen organizado que responde a un clásico asunto de seguridad interna de carácter policial, sino a la cooperación, estandarización, subordinación, disposición y letalidad de las fuerzas armadas para enfrentar a otro tipo de enemigos, el ideológico interno y una potencia exterior.
e) Plantea el aumento de las capacidades de los países latinoamericanos, el que pasaría por un incremento sustancial del gasto en Defensa, algo similar a la exigencia que han realizado a Europa, donde el único ganador es la industria militar estadounidense, ya que no hay otros grandes fabricantes en la región, y la adquisición fuera de ésta justamente iría contra el espíritu que fomenta esta nueva instancia de cooperación regional. Es una forma encubierta de monopolizar la venta de armas, además de estandarizar y uniformar las capacidades militares bajo el formato de Estados Unidos.
“En tercer y último lugar, es fundamental que ustedes inviertan más en su propia defensa. No hay razón alguna por la que país alguno, en particular aquellos que enfrentan amenazas narcoterroristas significativas, deba gastar tan poco en defensa. De hecho, algunos incluso gastan menos de un solo punto porcentual del PIB en defensa nacional. Esto atenta contra el sentido común, y nosotros estamos marcando el camino bajo el liderazgo del Presidente Trump y del Secretario Hegseth”.
“Tomemos el ejemplo del Perú, que acaba de realizar una de las mayores compras de F-16 del mundo. Adquirir estos aviones no es solo una inversión en la defensa del Perú, sino también un paso importante para alinearse con la industria de defensa estadounidense, lo que traerá inversión y actividad económica a ambos países. Este es un modelo para nuestro Hemisferio”.
La claridad de este párrafo casi no admite comentarios. Si alguien piensa que con F-16 se puede luchar contra el crimen organizado tiene el foco equivocado. La cuestión es comprar sistemas de armas complejos a Estados Unidos, alinearse con ellos y ponerlos a disposición de una política de defensa regional.
g) Los intereses de Estados Unidos en la región están cruzados por una lucha ideológica contra regímenes que han intentado apartarse de su línea política; han sido demonizados hasta construir sobre ellos una narrativa que ampara la intervención militar, como sucedió con el presidente Maduro en Venezuela o la campaña contra el ex presidente Morales en Bolivia.
“Los regímenes de la izquierda dura que amparan a los narcoterroristas se multiplicaron por todo nuestro Hemisferio, desde la Venezuela de Maduro hasta la Nicaragua de Ortega y la Bolivia de Evo. Esos mismos gobiernos y sus aliados en la región propiciaron una migración masiva y descontrolada al fracasar en sus propios países y luego exportar ese fracaso al nuestro. Esto provocó la peor crisis fronteriza en la historia de los Estados Unidos y desestabilizó a muchas de nuestras sociedades. En las últimas décadas, cientos de miles de estadounidenses, si no más, han muerto a causa de las drogas que provienen del sur y de la delincuencia asociada a ese tráfico nocivo”.
…lo que actualmente se visualiza es una actualización de la guerra interna que se llevó a cabo entre las décadas de los años 60 y 80 del siglo pasado en nuestra región (que conocimos dramáticamente como Doctrina de Seguridad Nacional).
2.- Discurso del Secretario de Guerra Pete Hegseth en la Conferencia de la Coalición Americana contra los Cárteles, Ciudad de Panamá, 12 agosto 2026.
Fue una reunión con la presencia de ministros y jefes de defensa que son parte de la llamada Coalición Americana contra los Cárteles (ACCC), que comparten una visión político-ideológica del hemisferio subordinada a la de Estados Unidos.
a) Es clave entender la visión geopolítica que enmarca la política hemisférica de Estados Unidos, porque en ella se mezclan asuntos relativos a la seguridad interna y externa mezclada en el matiz ideológico, por lo tanto, apuntando a una estrategia global.
“Los globalistas en Washington hicieron la vista gorda mientras nuestros amigos y vecinos del sur eran víctimas de las drogas, la violencia, la migración masiva, el marxismo y la explotación extranjera. La administración Biden y los demócratas ignoraron la frontera sur de Estados Unidos, aceptando abiertamente la inmigración ilegal masiva y destruyendo muchas de nuestras grandes ciudades estadounidenses: una invasión, sin duda”.
“…la anterior administración estadounidense bajo el mandato de Joe Biden, especialmente la anterior administración aquí en el Comando Sur, se presentó ante ustedes promoviendo prioridades como cuestiones de género, mujeres, paz y seguridad, cambio climático o diversidad: hombres vestidos de mujer. Ya lo he dicho antes, pero el Departamento de Guerra está harto de esas tonterías, punto. Y supongo que ustedes y sus países también. Amenazas reales, capacidades reales, basta de juegos de izquierda y disfraces”.
“Pero ahora trabajamos juntos, construimos juntos y nos entrenamos juntos. Estamos eliminando terroristas. Y estamos derrotando las ideologías fallidas y tóxicas del socialismo y el comunismo radicales. Ahora bien, hablando de socialismo, no cabe duda de que la izquierda internacional, junto con sus medios de comunicación izquierdistas que la apoyan, está conspirando para ejercer ilegalmente la jurisdicción de la Corte Penal Internacional sobre el personal y las operaciones militares de Estados Unidos y sus aliados”.
Es evidente que el problema no se remite a la lucha anti drogas, tienen una aspiración profundamente ideológica, y así como se remiten a la Doctrina Monroe, lo que actualmente se visualiza es una actualización de la guerra interna que se llevó a cabo entre las décadas de los años 60 y 80 del siglo pasado en nuestra región (que conocimos dramáticamente como Doctrina de Seguridad Nacional).
El discurso tiene muchas referencias a este componente central del conflicto que plantea la Casa Blanca, teñido de regresiones en derechos con una visión absolutamente reaccionaria de un marco civilizatorio.
“Nuestras naciones están, y siempre estarán, unidas por la herencia, la historia y la geografía en este nuevo mundo. Compartimos los mismos intereses y la misma alma civilizatoria. Así pues, todos nos enfrentamos a la misma prueba fundamental: si nuestras naciones seguirán siendo naciones occidentales, prósperas, cristianas bajo la protección de Dios, orgullosas de nuestra herencia común, con fronteras sólidas y un pueblo próspero, gobernadas no por la violencia y el caos, sino por la ley y el orden. O, por el contrario, si seremos desgarrados permanentemente por algo más: narcoterroristas, violencia, marxismo radical y explotación globalista, denigración social y la supuesta justicia social”.
El cruce entre política imperial, ideología, geopolítica, religión, asume un estatus de defensa integral a través de las fuerzas armadas y gobiernos de derecha.
Todo tiene el carácter de una gran cruzada, muy propio de la contaminación religiosa en la política estadounidense y particularmente de esta administración. El cruce entre política imperial, ideología, geopolítica, religión, asume un estatus de defensa integral a través de las fuerzas armadas y gobiernos de derecha.
b) Anunció que se transferirá al Comando Sur de Estados Unidos la creada recientemente Fuerza de Tarea Conjunta del Hemisferio Occidental, que se constituirá como el brazo operativo de este comando, que está bajo el mando del general Donovan, y que tendrá como misión “continuar la identificación y eliminación de los narcoterroristas que amenazan nuestra región”.
Se entendería, por la denominación, que en esta fuerza participarían todos los países que constituyen esta Coalición contra los cárteles (ACCC).
“Medidas contundentes y concretas como estas ejemplifican el tipo de participación activa y operativa que esperamos de nuestros socios para convertir a la ACCC en una coalición potente y eficaz. Sí, celebramos reuniones; sí, coordinaremos; pero, en última instancia, se trata de las operaciones que podemos llevar a cabo conjuntamente para proteger la soberanía individual y la totalidad del hemisferio”.
c) Por supuesto que todo este discurso también lleva el tradicional tono belicista extremo de Washington, caracterizado en la figura hollywodense del sherif de la ciudad, que bestializa al otro, que lo coloca en la categoría de subhumanos, actualmente muy propio de los gobiernos proto fascistas de la región.
“Y terminaremos el trabajo, por eso me enorgullece anunciar el nuevo lema de la ACCC —quizás formal, quizás informal, aún no lo he decidido—. El nuevo lema de la ACCC es: «Hacemos cosas malas a gente mala». Esa es la mentalidad que quiero que haya en esta sala. Ahora somos gente buena que hace cosas buenas. Pero, en última instancia, estamos tratando con gente mala que ha hecho muchas cosas malas a mucha gente buena durante mucho tiempo.
Y están a punto de conocer a un nuevo sheriff en la ciudad, la ACCC, y vamos en serio”.
Finalmente, el énfasis principal del discurso es posesionar a la coalición como una cooperación entre iguales, con los mismos objetivos y aspiraciones político-ideológicas, que tiene la tarea sublime de protegerse de enemigos internos, tanto criminales como políticos, además de los externos que esencialmente comprometen el dominio imperial del Estados Unidos.
Es la traslación más peligrosa de intenciones. Se asume que todos los países de la región tenemos a los mismos enemigos, internos y externos; que las directrices de seguridad y los instrumentos para abordarla estarán determinados por el hegemón del norte. La afirmación final del discurso es intimidatorio, fiel reflejo de lo que verdaderamente se busca: dominación.
“El Departamento de Guerra está dispuesto y capacitado para apoyarlos a todos en el fortalecimiento de sus capacidades militares. Pero, por supuesto, también esperamos una inversión sustancial en sus propias capacidades y que estas se incrementen en recursos de defensa. Si los países se toman en serio su defensa, el Departamento de Guerra priorizará sus esfuerzos para fortalecer sus capacidades y luchar junto a ustedes en el campo de batalla. Y, para reiterar, aunque no sea estrictamente necesario para este grupo, en todo el mundo, el presidente Trump no tolera el aprovechamiento indebido, y aquí no estamos para juegos”.
Por Carlos Gutiérrez P.
Carta Geopolítica 106 – 18/08/2026
Las expresiones emitidas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de su autor(a) y no representan necesariamente las opiniones de El Ciudadano.

