La cereza chilena es una metáfora de una economía que brilla hacia el exterior mientras oculta sus raíces en la desprotección. Brilla en supermercados internacionales, alimenta las cifras de exportación y sostiene el relato de un país moderno, competitivo y abierto al mercado global. Sin embargo, detrás de esa imagen existen cuerpos invisibilizados: mujeres migrantes, temporeras y racializadas, muchas veces sin contrato, sin protección social y expuestas a jornadas extenuantes en los campos.