Por Sergio Salinas Cañas

La cultura no es indiferente al sufrimiento humano. En un mundo atravesado por guerras, conflictos armados y crisis humanitarias, la creación artística puede abrir espacios de encuentro, reflexión y reconocimiento mutuo. La Maratón de Artes por la Paz organizada por la corporación cultural Letras Laicas, que se desarrollará en Viña del Mar entre el 3 y el 4 de octubre de 2026, se presenta como una iniciativa que busca reunir poesía, música, danza, teatro y pensamiento en torno a una aspiración común: defender y extender la paz.
La maratón se encuentra enmarcada en el V Encuentro Internacional de Escritores Laicos; la actividad propone que la expresión artística no se limite a representar la realidad, sino que contribuya a construir vínculos humanos en tiempos de fragmentación.
La convocatoria adquiere especial significado en el contexto internacional de septiembre de 2026. La guerra en Ucrania continúa, la violencia y las tensiones en Oriente Medio mantienen una grave dimensión humanitaria, y Sudán enfrenta una crisis derivada de su conflicto armado. En su intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas del 22 de septiembre, António Guterres advirtió que las fracturas del mundo se han profundizado y llamó a fortalecer la cooperación internacional, el derecho y la protección de los civiles.
La paz, en estas circunstancias, no puede entenderse únicamente como la ausencia de enfrentamientos militares. También implica el reconocimiento de la dignidad humana, la posibilidad de diálogo, la solidaridad con las víctimas y la construcción de comunidades capaces de resolver sus diferencias sin recurrir a la violencia.
En ese sentido, una maratón artística puede ser entendida como un gesto de participación cultural y ciudadana: un espacio en el que la palabra poética, la música, la representación escénica y la convivencia se ponen al servicio de una reflexión sobre el presente.
Una de las ideas expresadas por el secretario general de Naciones Unidas ofrece un punto de partida pertinente para la convocatoria. En su mensaje del 9 de septiembre de 2026, con motivo del Día Internacional de la Paz, Guterres señaló:
“Peace is never a passive achievement” (La paz nunca es un logro pasivo).
La declaración subraya que la paz requiere trabajo, compromiso y acción. En su mensaje posterior del 21 de septiembre, la ONU presentó el lema “Invertir en la paz: para todos, en todas partes, todos los días”, vinculándolo con la diplomacia, el diálogo, la negociación y la participación de las comunidades.
Esta perspectiva permite relacionar la actividad cultural de Viña del Mar con una concepción activa de la paz: no como una consigna abstracta, sino como una práctica que se expresa en la forma de relacionarnos, de escuchar al otro y de sostener espacios de encuentro.
La programación de la Maratón de Artes por la Paz reúne a creadores de distintas disciplinas y trayectorias. El homenaje al poeta Guillermo Bown, las presentaciones de Las Gardenias, los recitales de Claudia Fadda, Ángela Neira-Muñoz y Lourdes Montenegro, la danza de Susana González y las propuestas de teatro, narrativa y poesía que continúan durante la madrugada conforman una programación que entiende la cultura como una experiencia compartida.
El encuentro también incorpora un componente de memoria y fraternidad. El homenaje a los poetas Javier Cimetier y Rosario Sotomayor, así como la presentación del poemario Viña del Mar y su libro de luz, de Gonzalo Villar Bordones, conectan la creación literaria con la memoria de los autores y el territorio que acoge la actividad.
La paz no se construye exclusivamente en los grandes escenarios diplomáticos. También puede encontrar un espacio en una sala de teatro, en una lectura de poemas, en una canción o en una conversación entre personas que no necesariamente comparten las mismas experiencias, pero que deciden encontrarse desde el respeto.

El programa se inicia el 3 de octubre, desde el crepúsculo, y se prolonga hasta la mañana del 4 de octubre, con una sucesión de actividades que atraviesan la medianoche y culminan con la aparición del sol.
La propuesta “Tejiendo la aurora del mundo”, programada entre la medianoche y las 6:45 de la mañana, puede leerse como una imagen de esperanza y renovación. La oscuridad no se presenta como un punto final, sino como el espacio en el que la palabra, la música y la creación artística continúan desarrollándose hasta el amanecer.
La participación de Benjamín Ben-Azul, Óliver Colores, Julieta Ungerer, Santiago Lavagnino, Juan Peirano, Franco Giunta, Kokó Acevedo, Diego Zúñiga, Robertosaurio, Frani Silva y Valentina Salas, junto con el homenaje a Javier Cimetier y Rosario Sotomayor, amplía la diversidad de voces que integran esta experiencia.
La llegada del sol, prevista para las 7:19 horas, y la presentación del poemario de Gonzalo Villar Bordones constituyen un momento de transición dentro del programa: de la noche compartida a una nueva jornada de actividades culturales.
La imagen de la aurora permite expresar una aspiración sin convertirla en una promesa ingenua: la esperanza necesita personas dispuestas a sostenerla mediante acciones concretas.
El V Encuentro Internacional de Escritores Laicos amplía la maratón mediante un programa que incorpora visitas a establecimientos educacionales, recorridos culturales, presentaciones literarias, un conversatorio sobre los desafíos culturales de Chile, una miniferia del libro y actividades de intercambio entre escritores.
La programación del 1 al 4 de octubre de 2026 propone vincular la literatura con el territorio. Las actividades en Viña del Mar y Valparaíso, la visita a espacios culturales y el contacto con estudiantes buscan que el encuentro no se limite a un intercambio entre participantes, sino que establezca vínculos con la comunidad local.
En este marco, la paz puede ser entendida también como un compromiso con la convivencia cotidiana: el respeto por la diversidad, la posibilidad de expresar diferencias sin recurrir a la violencia y la disposición a compartir espacios de creación.
El encuentro reúne poesía, narrativa, música, teatro y reflexión filosófica. Esa diversidad constituye una oportunidad para reconocer que la cultura no tiene una sola forma de expresión y que la convivencia se fortalece cuando distintas voces encuentran un espacio para participar.
La paz requiere decisiones, instituciones, acuerdos y esfuerzos sostenidos. También necesita una cultura que no renuncie a la humanidad del otro, incluso cuando las sociedades atraviesan profundas divisiones. Como recordó António Guterres en su mensaje del Día Internacional de la Paz de 2026, las personas y las comunidades no son impotentes frente a la violencia: pueden contribuir a tender puentes, unir comunidades y promover el diálogo.
Desde Viña del Mar y Valparaíso, la invitación de este encuentro es a transformar la creación artística en una experiencia de fraternidad. A reunir la palabra y la música, la memoria y el pensamiento, la voz individual y la expresión colectiva: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”.
Por Sergio Salinas Cañas
Doctor en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Chile. Magíster en Ciencia Política de la Universidad de Chile. Diplomado en Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona. Periodista de la Universidad Católica de Chile.
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