Nuestro Sistema Solar puede tener un origen diferente del que se pensaba

Científicos han propuesto un nuevo modelo para la explicar la formación de nuestro Sistema Solar hace 4.600 millones de años, sugiriendo que, en lugar de una supernova, nació de una estrella gigante que se desprendió de sus capas.

Un estudio de la Universidad de Chicago, EEUU, publicado en la revista Astrophysical Journal, apunta hacia una estrella de Wolf-Rayet como posible progenitora de nuestro propio Sol. Esta clase de estrella es una de las más masivas y brillantes del universo.

Estiman que el astro puede haber tenido entre 40 y 50 veces el tamaño de nuestro Sol y que a medida que arrojaba su masa, habría formado una estructura como burbuja a su alrededor, por la que habría viajado su viento estelar. La cubierta de esta burbuja puede haber sido un buen lugar para atrapar el polvo y el gas que finalmente pueden condensarse en estrellas.

Previamente, se pensaba que una supernova era la explicación más viable para la formación de nuestro Sistema Solar. Después de la explosión de una estrella, el polvo y el gas resultantes se habrían derrumbado para formar la protoestrella que eventualmente se habría convertido en nuestro Sol.

Pero esa teoría no explica un hallazgo inusual en los primeros sistemas solares. Se piensa que hay una abundancia del isótopo aluminio-26, pero no mucho hierro-60. Esto es consistente con las estrellas de Wolf-Rayet, que liberan mucho del anterior pero poco del último.

«Se ha mencionado anteriormente el hecho de que los vientos de Wolf-Rayet puedan ser responsables del aluminio-26 en el sistema solar primitivo», dijo Vikram Dwarkadas, coautor del estudio, a IFLScience.

«Sin embargo nunca se había afirmado que el Sistema Solar pudo haberse originado debido a la formación de estrellas activada en la densa capa de una burbuja de Wolf-Rayet, junto a una teoría completa que describe todo el proceso», agregó.

El aluminio-26 habría sido expulsado lejos de la estrella, sobre los granos de polvo que se formaron a su alrededor. Estos tendrían suficiente impulso para atravesar la cubierta de la burbuja, donde habrían sido destruidos, atrapando el aluminio de ella. El colapso de esta estructura, provocado por la gravedad, habría llevado a la formación de nuestro Sistema Solar.

La estrella de Wolf-Rayet habría terminado su vida hace mucho tiempo, posiblemente explotando como una supernova o colapsándose en un agujero negro.

Pero el modelo ofrece una nueva e intrigante teoría de cómo comenzó nuestro Sistema Solar y tal vez apunta a cómo podrían formarse otros sistemas. Alrededor del 1 al 16 por ciento de otras estrellas similares al Sol pueden haberse formado de manera similar.

«Hay al menos un caso específico donde se ha observado la formación de estrellas en la burbuja de una estrella de Wolf-Rayet, por lo que no hay duda de que esto ocurre», dijo Dwarkadas.

El Ciudadano, vía IFLScience

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