¿El tiempo dirá la verdad?

Adornando una de las salas del Palacio de Versalles, podemos encontrar un óleo llamado “El Tiempo salvando a la Verdad de la Falsedad y de la Envidia”, esta obra del pintor francés Francoise Lemoyne, claramente puede ser leída de la siguiente manera: con el paso de los días o los meses, la verdad finalmente se impondrá sobre los asuntos en discusión. Pero esto bien puede ser otra mentira, o dicho más suavemente, una utopía.

Piénsese por ejemplo en los familiares de detenidos desaparecidos que siguen esperando, quizás ya ni siquiera por los cuerpos, sino que muchos sólo quieren saber qué pasó. Piénsese también en esa frase de que la historia la escriben los ganadores y muchas verdades han sido aplastadas por la bota del más fuerte, ahí tenemos la verdad de las minorías y de los pueblos indígenas, exterminados de distintas maneras, unos por la violencia y otros por la asimilación.

Ya se dirá que la verdad no es una sola, y coincido en que puede ser un constructo determinado por la pluralidad de las interpretaciones que le damos a los hechos, pero tenemos todo un armazón social, un tinglado estatal y fuera de él, existen organizaciones como las Naciones Unidas u otras como la OTAN que deberían resguardar el mínimo de veracidad en los postulados que esgrimen como ciertos.

El hecho puntual que nos motiva a escribir esta editorial tiene un punto de inflexión en los hechos acaecidos durante el 23 de febrero cuando Estados Unidos violentó la frontera venezolana con complicidad del gobierno colombiano y otros como Almagro y Piñera, para entregar una supuesta “ayuda humanitaria”.

El Ciudadano decidió en esa oportunidad enviar a una periodista a la frontera para ver con nuestros propios ojos los detalles y también ¿El tiempo dirá la verdad? la magnitud de esta operación política de intervención desarrollada ante la vista y paciencia de todo el mundo. No bastó para informar a la opinión pública que nuestra periodista mostrará videos donde aparecían los “guarimberos” celebrando la llegada de la gasolina y otros videos donde se les muestra preparando los artefactos incendiarios con los que acto seguido prenderían fuego a los camiones de USAID. Ni tampoco fue suficiente que una decena de medios de comunicación que no pertenecen a la Sociedad Interamericana de la Prensa también lo mostraran o replicaran. No, no bastó, pues los medios financiados por Trump y sus amigos se encargaron de saturar los canales de televisión y las primeras páginas de los diarios de todo el mundo con la versión de que la policía venezolana había sido la responsable.

Lo primero que nos dijeron fue: “comunistas de mierda”, así como también nos dijeron “Brujas”, que quiere decir en el hampa venezolana lo mismo que “Sapos”, o sea delatores. Entiendo por esto una falta de decencia y concordancia total entre el discurso que se pretende imponer y el reconocimiento de que ese mismo discurso es una mentira.

Pero semanas más tarde, el mismo New York Times, cadenas como CNN o hasta Forbes, presentaron evidencias y documentos confirmando lo mismo que ya habíamos dicho nosotros y otros profesionales de la prensa. Ahora, nos preguntamos lo siguiente: ¿Realmente le importa a estos medios estadounidenses esclarecer los hechos ocurridos en esta zona del Caribe, o tendrá más que ver con las pugnas de poder de los partidos republicano y demócrata en los precipitados tiempos de la administración Trump?

El Ciudadano

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