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Lobos con piel de cordero: El pacto entre la Iglesia y la ultraderecha venezolana

Los hechos violentos ocurridos en el año 2014 y 2017, denominados “guarimbas”, que dejaron alrededor de 3.000 heridos y 130 fallecidos, incontables daños materiales a infraestructuras y bienes públicos y privados, marcaron un precedente en la historia política de Venezuela y dejaron una huella imborrable en la psiquis de sus ciudadanos.

Uno de los factores que jugó un papel importante en el nivel de impacto causado en la población, fue el tratamiento otorgado por los medios de comunicación nacionales e internacionales, en el marco de la guerra psicológica y mediática, que forman parte de un plan estratégico promovido por grandes poderes e intereses mundiales para generar caos y desestabilización en la nación. El Gobierno acusa al imperio de los Estados Unidos de estar a la cabeza de estas agresiones internas y externas, que pretenden sembrar caos y confusión.

En el marco de la juramentación del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, ante el Tribunal Supremo de Justicia; y, por el otro lado, la autoproclamación del presidente de la Asamblea Nacional en desacato, Juan Guaidó, como presidente interino, se plantea un nuevo escenario en la nación que podría revivir los sucesos irregulares de hace dos años.

Ejemplo de ello es el resultado de las convocatorias realizadas por líderes oficialistas y opositores para movilizaciones y concentraciones el 23 de enero en el territorio nacional, como muestra de respaldo y defensa de los seguidores de cada sector político. Ese día, se registraron enfrentamientos y actos vandálicos en varios estados del país, cuya cobertura por parte de algunos medios, se centró en cifras no oficiales de fallecidos, heridos y detenidos, generando una matriz de opinión sobre violaciones de Derechos Humanos, haciendo énfasis en supuestas torturas infligidas a menores de edad, por parte de presuntos funcionarios de seguridad nacional.

Uno de los elementos que contribuyó con esta línea creadora de pánico en los venezolanos, fue la publicación -días después- de un video, por parte del Obispo de la Diócesis de San Felipe, en el estado Yaracuy, a través de su cuenta en la red social Twitter, donde se observan a tres jóvenes desnudos y mojados, siendo golpeados con un bate por hombres no identificados. Las imágenes que estuvieron acompañadas de un mensaje en el que acusa directamente al gobernador de la entidad, Julio León Heredia, a quien califica de “dictador”, de ordenar dicha agresión, rápidamente se hicieron virales.

Sin embargo, en una rueda de prensa realizada el 30 de enero, el mandatario regional hizo pública la grabación original y completa, con la que demuestra y desmiente la fake news difundida por el máximo representante de la iglesia católica en la entidad. El gobernador informa que esos hechos no sucedieron en la localidad, la grabación no corresponde a esos días y que, además, no se trata de funcionarios policiales.

Este tipo de bulo (falsedad articulada de manera deliberada para que sea percibida como verdad) tiene como objetivo la desinformación y aunque normalmente es contenido difundido en portales de noticias, prensa escrita, radio y televisión, con la influencia de las redes sociales se ha popularizado, masificado e intensificado su impacto, por su alcance ilimitado. Todo esto, teniendo plena consciencia de las consecuencias y los resultados que se puedan obtener con su difusión, como suelen hacer los medios de la Sociedad Interamericana de la Prensa, un solo ejemplo es El Mercurio de Chile y sus noticias, las que aportaron a la desestabilización del país antes del Golpe Militar de Pinochet orquestado por Estados Unidos en 1973.

Guerra total

Otro aspecto abordado mediáticamente fue el número de detenciones realizadas, producto de los actos vandálicos que se originaron en la capital yaracuyana, San Felipe, cuando un grupo de personas que se encontraban en la concentración opositora, intentó asaltar la sede de la Alcaldía y la Gobernación, ocasionando la quema de dos vehículos, dejando 14 funcionarios heridos, un fallecido y daños a infraestructuras aledañas.

El Ciudadano se trasladó al lugar de los hechos y obtuvo declaraciones del secretario de Seguridad Ciudadana y comandante de la Policía de Yaracuy, Mayor Leonardo Gómez, quien detalló que el total de aprehendidos fue de 72 personas, de las cuales 19 eran menores de edad y a quienes –aseguró- les fueron respetadas todas sus garantías, DD.HH. y debido proceso.

No obstante, indagaciones de las autoridades gubernamentales arrojan que entre los involucrados en participar en estas guarimbas, se encuentran no solo afectos y militantes de la oposición venezolana, sino también personas –sobre todo jóvenes- que han sido reclutadas por dirigentes políticos de derecha, quienes ofrecen dinero, ropa y comida a quienes se presten para lanzar piedras, bombas molotov, causar incendios y daños, incitando a la violencia y destrucción de instituciones públicas.

El equipo periodístico pudo acceder al testimonio de uno de los jóvenes detenidos el 23 de enero en San Felipe, quien aseveró que había escuchado rumores sobre la contratación de personas para participar en acciones violentas, a cambio de un pago de 20 a 30 dólares. Asimismo, un testigo acusó al dirigente del partido ultraderechista Primero Justicia, Miguel Ugas, como el encargado de captar a “guarimberos”, cuyas características principales son menores de edad en situación vulnerable, de clase económica baja, en situación de calle o incluso pertenecientes a bandas delictivas, lo que facilitaría alcanzar los objetivos de desestabilización y promoción del odio.

Miguel Ugas (Der) y Monseñor Victor Hugo Basabe (Isq)

El coordinador regional de la tolda política, Luis Parra, es otros de los identificados por el gobierno como responsable de este plan de reclutamiento de personal para promover violencia en las manifestaciones opositoras, especialmente las registradas en el estado Yaracuy, en donde también garantizan la “logística”, como cascos, gasolina, escudos, máscaras, guantes, entre otros. Todo esto, demuestra que no se trata de sectores espontáneos, sino que forma parte de una planificación y patrocinio, donde niños y jóvenes son usados como carne de cañón.

Miguel Ugas (Der) y Luis Parra (Der)

Pero, existe una arista que llama la atención y que podría permitir atar cabos de todo lo que está detrás de la llamada “guerra total” en época de globalización, un concepto empleado por el imperio estadounidense en el cual se aplican tres niveles de conflicto que abarcan acciones de guerra convencional y no convencional, que, “mientras que es menos sangrienta, no es menos brutal”, en palabras del Coronel retirado del Ejército de EE.UU., Max G. Manwaring. Contemplando: desestabilización económica y ataque a la moneda, golpe de Estado, control territorial y político a través de organizaciones criminales, guerra psicológica para confundir al pueblo y finalmente, la declaración de guerra tradicional.

En este ámbito, se encuentra una relación directa entre el Monseñor Víctor Hugo Basabe y los partidos de derecha, especialmente PJ, debido a sus coincididos encuentros en actividades políticas y discursos lineales sobre el “régimen” en Venezuela, donde acusa a la “dictadura” de represiones, amenazas y violaciones de DD.HH. Lo que lleva a preguntarse ¿Qué papel juega el poder eclesiástico en la coyuntura política de Venezuela?, tomando en cuenta el impacto y alcance que tiene la religión, especialmente la iglesia católica en el pueblo venezolano, considerando que este elemento podría ser utilizado por un sector radical y extremo cuyos intereses vayan más allá del bien común, de la paz y la estabilidad de una nación; utilizando la figura de Dios y la fe, para contribuir con estrategias bien planificadas que manipulen masas.

¿Por qué Yaracuy y por qué ahora?

Yaracuy se ha caracterizado por ser un pueblo tranquilo. La violencia registrada el 23 de enero, fue la primera de ese tipo registrada en la localidad, debido a que en todas las ocasiones anteriores las manifestaciones opositoras se habían realizado con total normalidad, de forma cívica y pacífica. De acuerdo a declaraciones del Gobernador, durante sus diez años de gestión, desde que fue electo en diciembre de 2008 (reelecto en 2012 y 2017), logró mantener una relación de cordialidad con todos los sectores, lo que permitió garantizar un clima armonioso y de respeto en la región.

Pero, con el nombramiento de Basabe como Obispo de la Diócesis de San Felipe, por el Papa Francisco, el 11 de marzo de 2016, comenzaron a nacer fuertes tensiones entre la Iglesia y el Gobierno, debido a que Monseñor Víctor Hugo Basabe se ha caracterizado por discursos con tendencia política y una postura crítica a lo que él mismo denomina como “la bestia roja“.

Además, con la designación en octubre de 2018 de Julio León Heredia como vicepresidente de Organización del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), una de las figuras más importantes dentro de la dirección nacional y siendo promotor de la Red de Articulación y Acción Sociopolítica (RAAS), se convierte en un objetivo clave de ataque.

En este punto, es necesario señalar la importancia de desarticular y desmembrar todos y cada uno de los vértices que conforman el engranaje que se ha consolidado a través de los años dentro del Psuv, en el caso de que el fin último corresponda a planes conspirativos y subversivos, como estocada final para desmontar un nuevo modelo político no solo en Venezuela, sino en Latinoamérica y con ello acabar con su posible nacimiento o despertar en otras partes del mundo.

 

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