El triste ocaso del Partido Radical: El legado mancillado por grupo minoritario de militantes que hoy abraza a la ultraderecha mientras colectividad desaparece

El Partido Radical inició su disolución tras 162 años, al no lograr los parlamentarios requeridos en las recientes elecciones. Su glorioso legado, con Pedro Aguirre Cerda y su lucha antifascista, contrasta con su triste ocaso: expersoneros como Ricardo Navarrete usan su nombre para apoyar a la extrema derecha, desvirtuando su historia y principios fundacionales, mientras la colectividad tristemente desaparece.

El triste ocaso del Partido Radical: El legado mancillado por grupo minoritario de militantes que hoy abraza a la ultraderecha mientras colectividad desaparece

Autor: Seguel Alfredo

El ocaso del Partido Radical: Mientras colectividad desaparece, expersonero abraza a la ultraderecha

Tras 162 años de historia, el Partido Radical (PR), una de las colectividades políticas más antiguas y gravitantes de Chile, inició oficialmente su proceso de disolución. La decisión, tomada por la Directiva Nacional y el Consejo Ejecutivo Nacional, llega luego de no alcanzar los 4 parlamentarios requeridos en los últimos comicios, lo que activa la cancelación de su personalidad jurídica.

En un comunicado dirigido a su militancia, la directiva reconoció enfrentar “un escenario complejo con responsabilidad y sentido de realidad” y afirmó que, a pesar de la dificultad, “a contar de hoy volveremos a mirarnos como colectividad, a escucharnos, a unirnos”, concluyendo con una promesa de resiliencia: “Volveremos a renacer”.

Este ocaso administrativo contrasta brutalmente con el legado imborrable del partido, cuna de figuras como Pedro Aguirre Cerda, cuyo gobierno (1938-1941) permanece en la memoria colectiva como uno de los más progresistas y visionarios del siglo XX. Bajo el lema “Gobernar es Educar”, su administración impulsó una expansión sin precedentes de la instrucción primaria, construyendo más de 500 escuelas y elevando la matrícula total de 663.777 a 722.170 estudiantes, según datos de Rafael Echeverría. Además, fundó la Corporación de Fomento a la Producción (CORFO), impulsando un ambicioso plan de industrialización.

La huella de Aguirre Cerda trasciende lo económico y educativo. En el ámbito cultural, promovió activamente la candidatura de Gabriela Mistral al Nobel y creó el Premio Nacional de Literatura. En un gesto de profunda solidaridad y antifascismo, gestionó el viaje del carguero Winnipeg para traer refugiados españoles de la Guerra Civil y acogió a judíos que huían del nazismo. Asimismo, en 1940 reafirmó la soberanía chilena en el territorio antártico, consolidando una política exterior de principios.

Sin embargo, el partido que alguna vez encarnó estas luchas por la justicia social y la democracia, en los últimos años,  ha experimentado una seguidilla de errores estratégicos y desvirtuaciones ideológicas. Un punto de inflexión fue la incorporación en sus listas para las elecciones de 2021 de figuras como Andrés Jouannet en La Araucanía, quien, electo como independiente con cupo radical, terminó migrando a la fundación del partido Amarillos por Chile y siendo vocero de la candidatura de derecha de Evelyn Matthei.

Esta deriva se acentuó con la figura del exsenador Ricardo Navarrete, antiguo militante, exdirectivo del partido,  que ocupó cargos de alta responsabilidad como Subsecretario de Investigaciones y Embajador en Colombia. Navarrete ya había estado en el centro de la controversia en 2009, cuando el entonces diputado Sergio Aguiló, junto a otros parlamentarios de la exConcertación y defensores de derechos humanos,  lo acusaron de falsear “deliberadamente la verdad” ante la comisión de Derechos Humanos de la Cámara sobre una red de prostitución infantil, afirmando: “Quiero decir claramente, el subsecretario nos mintió”, exigiendo su renuncia.

La culminación de este proceso de desnaturalización ideológica se materializó cuando Navarrete, optó públicamente por estar “A Favor” de la propuesta constitucional de derecha del Partido Republicano, en el segundo proceso constituyente, iniciativa que estuvo ampliamente “En contra”, posición que adoptaron todas las colectividades de la exConcertación.  

Hoy, junto a un grupúsculo de militantes, suscribió una “Carta abierta de apoyo a José Antonio Kast”, emplazando públicamente a votar por el candidato de extrema derecha en segunda vuelta, usando el nombre del Partido Radical. Esta acción significa una apropiación del nombre y símbolo del histórico partido para alinearse con posturas diametralmente opuestas a su tradición fundacional, lo que fue ampliamente difundido por los canales de ultraderecha.

El contraste no puede ser más dramático: la colectividad que bajo el liderazgo de Aguirre Cerda abrió las puertas a refugiados que huían del fascismo europeo, ve hoy cómo una facción residual de su nombre se pliega a una candidatura que representa ideologías afines a aquellas que el partido originalmente combatió.

Frente a este escenario, la disolución oficial cierra un capítulo de 162 años, pero deja una herida abierta en el espectro político chileno. La promesa de «renacer» choca con la cruda realidad de un legado mancillado en su ocaso. La historia recordará al Partido Radical por sus contribuciones fundamentales a la democracia y la justicia social, pero también por sus contradicciones de último tiempo.

“Grupo minoritario”

El Partido Radical emitió un comunicado público reafirmando su compromiso histórico con la coherencia, la disciplina y los principios socialdemócratas que nos definen. “Rechazamos el apoyo de algunos militantes a José Antonio Kast, un acto que vulnera acuerdos colectivos y debilita la unidad del radicalismo”, señalaron.

Agregan: “Hoy más que nunca defendemos nuestra identidad, nuestros valores y el respeto a las decisiones democráticas de la colectividad. Seguimos trabajando por un radicalismo serio, firme y al servicio de Chile”.

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