El presidente de Estados Unidos (EE.UU.) Donald Trump sufrió un duro revés luego de que el Senado diera un paso decisivo para limitar sus facultades en su intervención en Venezuela. Por 52 votos contra 47, la Cámara Alta, controlada nominalmente por los republicanos, aprobó el jueves proceder a la votación final de una resolución que prohíbe al mandatario ultraderechista autorizar nuevas acciones militares en el país caribeño sin la autorización expresa del Congreso.
Este movimiento constituye la primera señal firme y organizada de descontento entre las filas republicanas tradicionales respecto a la operación militar perpetrada durante la madrugada del pasado 3 de enero en diferentes puntos de Caracas y los estados La Guaira y Miranda, que culminó con el secuestro del presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Aunque el voto de este jueves era de carácter procedimental –para «invocar la clausura» y así poder llevar la resolución al pleno–, su resultado es un indicador claro de que la medida tiene los votos necesarios para ser aprobada definitivamente.
La Resolución sobre Poderes de Guerra, patrocinada conjuntamente por el senador republicano Rand Paul y el demócrata Tim Kaine, solo requiere una mayoría simple (51 votos) para su aprobación en el Senado.
Los cinco senadores republicanos que cruzaron el pasillo para alinearse con el bloque demócrata fueron Rand Paul, Lisa Murkowski, Todd Young, Susan Collins y Josh Hawley.
Contenido de la resolución y queja constitucional
La resolución especifica que la administración de Trump «tendrá que dirigirse primero al Congreso para recibir autorización antes de poder dar luz verde a cualquier operación militar en territorio de Venezuela». Esta estipulación busca hacer valer lo que sus promotores consideran un mandato constitucional violado.
La Constitución estadounidense establece que es el Congreso y no el Presidente, quien tiene la potestad de declarar la guerra. Sin embargo, la Casa Blanca no notificó al Capitolio con antelación sobre la operación en Venezuela, argumentando que se trató de una «acción de naturaleza policial» y no de un acto de guerra convencional.
Esta omisión había generado un «fuerte malestar» entre un sector del Senado, especialmente porque, según alegan varios legisladores, el secretario de Estado, Marco Rubio, se había comprometido a avisar al Congreso si finalmente el Gobierno decidía un ataque militar en Venezuela.
El descontento se vio alimentado por la retórica cada vez más agresiva por parte del magnate republicano, que en días recientes ha lanzado mensajes sobre la «supremacía de Estados Unidos en el continente americano», la intención de «tutelar Venezuela y controlar su petróleo durante años», e incluso sobre la posibilidad de una «segunda operación» si el gobierno interino, liderado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez no acatan las directrices de Trump y sus funcionarios.
Rebelión republicana
Los senadores republicanos disidentes explicaron su voto apelando a principios constitucionales y a promesas de campaña.
Por ejemplo, la legisladora Susan Collins aludió a su desacuerdo con las intenciones de Trump quien ha señalado que pretende gestionar Venezuela durante tiempo indefinido.
Por su parte, Todd Young apuntó que su objetivo era reafirmar el papel que la Constitución otorga al Congreso como el poder que decide sobre actos de guerra.
Señaló que su objetivo es «obligar al presidente a cumplir su promesa de campaña electoral por la que se comprometió a que el país no volvería a implicarse en el tipo de conflictos eternos y sin un objetivo claro que empantanaron a las fuerzas estadounidenses y dejaron miles de bajas en Irak y en Afganistán». consignó el diario El País.

La furia de Trump
La rebelión de este grupo del ala tradicional republicana desató de inmediato la furia de Donald Trump. En un mensaje publicado en su red social, Truth, el mandatario arremetió contra sus co-partidarios.
«Los republicanos deberían ‘avergonzarse’ de los senadores que se han alineado con los demócratas para ‘intentar quitarnos nuestros poderes para combatir y defender a los Estados Unidos de América’», escribió.
Trump fue más allá en su ataque personal, opinando que ninguno de los cinco legisladores «debería volver a ser reelegido nunca jamás para ningún cargo público».
Calificó el voto como un acto que «perjudica gravemente la autodefensa estadounidense y la seguridad nacional, limitando la autoridad del presidente como comandante en jefe de las fuerzas armadas».
Además, tachó la resolución de «inconstitucional», argumentando que viola el artículo II de la Constitución sobre los poderes presidenciales.
Contradiciendo la narrativa del trumpismo
El resultado de la votación contradice la narrativa de unidad y respaldo que Trump y su equipo han difundido desde la ejecución de la operación militar en Venezuela. El presidente se había mostrado ante la opinión pública eufórico, celebrando la «brillantez» de los ataques perpetrados contra la nación caribeña, asegurando que los votantes están «encantados» con la captura de Maduro.
En una entrevista con la NBC a comienzos de esta semana, llegó a afirmar que el movimiento MAGA, acrónimo de «Make America Great Again», que traducido al español significa “Hacer que América vuelva a ser grande», respalda su agresión a Venezuela.
“A MAGA le encanta lo que estoy haciendo. A MAGA le encanta todo lo que hago”, presumió en referencia a este movimiento que agrupa a sus simpatizantes de la derecha más conservadora.
Sin embargo, la votación en el Senado sugiere que el apoyo entre la clase política republicana no es unánime.
¿Qué pasará con la resolución?
Se espera que el Senado someta la resolución a debate y votación final la próxima semana. De ser aprobada, pasaría a la Cámara de Representantes, donde los republicanos cuentan con una mayoría muy ajustada de apenas cinco escaños (de 435).
Aunque podría tener un destino incierto allí, su trayectoria legal probablemente termine en un callejón sin salida: para convertirse en ley, necesitaría la firma del propio presidente Trump, quien ya ha dejado claro que la vetaría.
No obstante, más allá de su destino legislativo final, la votación de este jueves marca un hito político. Demuestra que, a pesar del control republicano de ambas cámaras existe una línea roja que una facción de la derecha estadunidense no está dispuesta a cruzar: ceder indefinidamente el poder de declarar la guerra a Ejecutivo, reactivando un debate constitucional tan antiguo como la propia nación y poniendo un freno, al menos simbólico, a la política exterior injerencista y violenta de Donald Trump.

