La histórica asociación público-privada que definirá el futuro del litio chileno comienza su vida con un pesado lastre financiero. SQM, el socio privado, acude al mercado internacional para endeudarse y así poder financiar los costos de implementación del estratégico acuerdo. ¿Buen o mal comienzo de la cuestionada asociación?
Por Bruno Sommer
Lejos de los festejos y los anuncios protocolares, la alianza entre SQM y Codelco muestra su primera realidad concreta y cruda: necesita dinero fresco y mucho. En un movimiento revelador, Sociedad Química y Minera de Chile (SQM) se prepara para emitir bonos híbridos por US$ 500 millones en los mercados internacionales, en lo que es su primera incursión crediticia desde septiembre de 2024.
La operación, confirmada por fuentes a Bloomberg y que la compañía comenzará a promocionar entre inversionistas esta semana, tiene un objetivo claro, financiar la puesta en marcha del monumental acuerdo que, a partir de 2025, fusionará sus operaciones en el Salar de Atacama con las de la cuprera estatal en una joint venture de largo plazo.
“Además de que SQM se endeuda, lo que vendrá es que prestará plata a Nova Andino litio con un incremento de tasas, osea veremos al socio actuando como un Banco”, expresa un entendido en la materia a El Ciudadano.
El combustible de la deuda
Los detalles técnicos hablan de una necesidad apremiante. La emisión será de bonos híbridos a 30 años, con un período de no rescate de cinco, un instrumento que permite a SQM reforzar su balance sin que su ratio de endeudamiento se dispare ante las calificadoras de riesgo. Los fondos se destinarán explícitamente a refinanciar deuda existente y a «objetivos corporativos generales», eufemismo tras el que se esconde el gigantesco programa de inversiones de US$ 2.700 millones que la empresa debe ejecutar en los próximos tres años para cumplir las metas de la alianza.
«Esta emisión es la prueba de que el acuerdo con Codelco no viene con una chequera estatal adjunta. El capital para la transición y la expansión sale, en gran parte, del endeudamiento del socio privado», señaló un banquero de inversión cercano a la operación.
El pacto, celebrado como un triunfo de la política pública, establece una asimetría operativa clara desde el día uno:
Codelco aporta su cuota de extracción en el Salar de Atacama (un activo del Estado) y su gobernanza.
SQM aporta su tecnología, operación y, crucialmente, debe movilizar el grueso del capital de inversión inicial, recurriendo para ello al mercado de deuda internacional.
«Estamos viendo el bautizo financiero de la alianza, y es con deuda», analiza un especialista del área. «SQM está apostando a que el flujo futuro de la joint venture, respaldada por la estabilidad del acuerdo hasta 2060, será más que suficiente para pagar los intereses de este préstamo. Es una apuesta sobre el precio futuro del litio y la eficiencia de la operación conjunta», remata.
Riesgos sobre la mesa
La decisión no está exenta de peligros. Los bonos híbridos suelen tener cupones (tasas de interés) más elevados que la deuda corporativa tradicional, para compensar su mayor riesgo. Esto significa que, desde su nacimiento, la alianza llevará una carga financiera adicional que deberá ser cubierta con las utilidades operativas.
Si los precios del litio enfrentan una caída prolongada o si los costos de la transición operativa se disparan, la presión sobre los flujos de SQM -y por extensión, sobre la rentabilidad proyectada de la joint ventur- será inmediata. «Es un paso necesario, pero expone la vulnerabilidad financiera del modelo en sus primeros años», comentó un analista de crédito que pidió reserva.
La emisión, que se espera sea definida en sus términos finales en los próximos días, marca el fin de la fase de diseño y el inicio de la ejecución concreta y costosa del modelo de litio público-privado.

