Estados Unidos: De la república antimilitarista al Estado armado y criminal

En sus orígenes, Estados Unidos fue concebido como una república profundamente desconfiada del militarismo

Estados Unidos: De la república antimilitarista al Estado armado y criminal

Autor: Director

En sus orígenes, Estados Unidos fue concebido como una república profundamente desconfiada del militarismo. La experiencia colonial bajo dominio británico había dejado una huella clara y es que  los ejércitos permanentes eran vistos como herramientas de opresión, no como garantes de libertad. Sin embargo, más de dos siglos después, el país exhibe uno de los aparatos militares y de seguridad interna más extensos del planeta, tanto fuera como dentro de sus fronteras. El contraste es difícil de ignorar y vamos a reflexionar sobre cómo desde sus orígenes hoy toca un extremo que puede ser el fin del ciclo.

Por Bruno Sommer

El pasado: una Constitución contra el militarismo

La Constitución estadounidense refleja de manera explícita ese temor fundacional. Los llamados Padres Fundadores diseñaron un sistema donde el poder militar estuviera subordinado estrictamente al poder civil. El Congreso -no el Ejecutivo- tiene la facultad de declarar la guerra; el financiamiento del ejército debe renovarse periódicamente; y la idea de un ejército permanente fue siempre motivo de debate y sospecha.

James Madison advertía que los ejércitos profesionales eran “instrumentos de tiranía”. Thomas Jefferson defendía fuerzas armadas pequeñas, temporales y defensivas. Incluso George Washington, alertó en su discurso de despedida sobre los peligros del poder militar descontrolado y las alianzas permanentes.

La Segunda Enmienda, hoy reinterpretada casi exclusivamente como un derecho individual a portar armas, nació en ese contexto,  milicias ciudadanas como contrapeso al poder militar centralizado, no como exaltación del armamentismo estatal. Enmienda que también ha traído matanzas a ciudadanos inocentes,  en una America que no ha terminado de entender que las armas “las carga el diablo” y las disparan los que no quisieron razonar.

El presente externo: la hiperpotencia militar

Ese diseño original contrasta radicalmente con el presente. Hoy Estados Unidos mantienec cientos de bases militares en el extranjero, y una presencia armada permanente en múltiples regiones del mundo, con un presupuesto de guerra y defensa que supera ampliamente al de cualquier otro país.

Desde la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, durante la Guerra Fría, el país transitó hacia una militarización estructural permanente, normalizada y legitimada por la idea de seguridad global. El propio presidente Dwight D. Eisenhower, advirtió en 1961 sobre el peligro del complejo militar-industrial, una advertencia que con el tiempo resultó profética.

“In the councils of government, we must guard against the acquisition of unwarranted influence, whether sought or unsought, by the military-industrial complex. The potential for the disastrous rise of misplaced power exists and will persist. We must never let the weight of this combination endanger our liberties or democratic processes. Only an alert and knowledgeable citizenry can compel the proper meshing of the huge industrial and military machinery of defense with our peaceful methods and goals, so that security and liberty may prosper together.”

“En los consejos del gobierno, debemos protegernos contra la adquisición de una influencia injustificada, buscada o no, por el complejo militar-industrial. El potencial para el surgimiento desastroso de un poder mal ubicado existe y persistirá. Nunca debemos permitir que el peso de esta combinación ponga en peligro nuestras libertades o los procesos democráticos. Solo una ciudadanía alerta y bien informada puede lograr que la enorme maquinaria industrial y militar de defensa se integre adecuadamente con nuestros métodos y objetivos pacíficos, de modo que la seguridad y la libertad prosperen juntas.”

No obstante, la guerra dejó de ser una excepción y pasó a ser una condición latente de la política exterior estadounidense disponiendo recursos legales y opacos para ella misma, con empresas dedicada a ella en distintas dimensiones como Palantir. 

El presente interno: la militarización de la seguridad

Pero el giro no es solo externo. En el plano interno, agencias como ICE (Immigration and Customs Enforcement) simbolizan una transformación profunda del Estado. Creada tras el 11-S bajo la lógica de la “seguridad nacional”, el  ICE opera con, estructuras cuasi militares, amplias facultades de detención y de uso de armas de fuego y operaciones armadas en comunidades civiles.

La frontera, la migración y el orden interno han sido tratados crecientemente como asuntos bélicos, no civiles. Esto ha generado críticas por violaciones a derechos humanos, uso excesivo de la fuerza y una lógica de enemigo interno que choca frontalmente con el espíritu constitucional original y que podría llevar a serios enfrentamientos entre la ciudadanía que está harta de los abusos de ICE que ha llevado adelante cientos de detenciones a migrantes como también asesinatos en contra de ciudadanos estadounidenses en contra de las políticas antimigración llevadas adelante por la administración de turno.

La paradoja, la contradcicción es evidente en  un país que fue fundado sobre la desconfianza hacia el poder armado permanente, pero que se ha convertido en una sociedad donde la fuerza militar y policial es un elemento cotidiano de gobierno.

Donde antes se temía al ejército como amenaza a la libertad, hoy se normaliza su presencia -externa e interna-  como garantía de orden. Donde la Constitución buscaba limitar el poder coercitivo del Estado, el presente lo expande bajo el lenguaje de la seguridad.

Decir que Estados Unidos fue antimilitarista en sus orígenes no es una exageración ideológica, es una afirmación históricamente sustentada. Pero lo que resulta más revelador es constatar cuán lejos se encuentra hoy ese país de su propio diseño fundacional, completando un ciclo en el que el repudio a su forma de actuar no solo proviene desde el extranjero, sino también desde sus entrañas cocinándose en una olla a presión.

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