Una aeronave de la Fuerza Aérea norteamericana transportó a una delegación de congresistas en medio del hermetismo oficial y la intervención de la administración de Milei el puerto de Ushuaia, desatando una crisis política y cuestionamientos sobre la violación de la soberanía de Argentina.
Un Boeing C-40 Clipper del Departamento de Defensa de los Estados Unidos aterrizó el fin de semana en el aeropuerto internacional de Ushuaia «Malvinas Argentinas», en un operativo que generó inmediata alarma política, social e institucional por la presencia de una aeronave militar extranjera en territorio argentino sin explicaciones oficiales oportunas. El episodio, ocurrido en simultáneo con la intervención por parte del Ejecutivo del puerto de la ciudad, derivó en la exigencia de informes y explicaciones al gobierno de Javier Milei ante la falta de transparencia.
El avión, perteneciente a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF), arribó en lo que autoridades nacionales describieron luego como una visita oficial de una delegación bipartidista del Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes de ese país. Sin embargo, la demora al momento en brindar información y el carácter militar del vuelo alimentaron sospechas y versiones sobre los verdaderos objetivos de la misión, en el marco de la profundización de la alianza entre el presidente «Milei «libertario» y su par estadounidense, Donald Trump.
Una aterrizaje sin aviso y un silencio que habló fuerte
Desde la provincia señalaron que las autoridades fueguinas no tuvieron injerencia alguna en el episodio. El aterrizaje del avión, sumado al hermetismo la Casa Rosada generó una inmediata reacción en las redes sociales y en la clase política. Las sospechas crecieron en paralelo a versiones sobre un eventual acuerdo bilateral que, según algunos rumores, podría involucrar el control del puerto de Ushuaia, una de las infraestructuras más relevantes del sur argentino.
La parlamentaria por Tierra del Fuego, Cristina López, presentó un pedido de informes en el Senado exigiendo explicaciones claras y urgentes.
“Ushuaia no es una ciudad más. Tierra del Fuego no es un territorio disponible para que potencias extranjeras se muevan sin dar explicaciones, indicó la senadora.
. ara la representante fueguina, si el avión trasladó congresistas o funcionarios norteamericanos, “se trata de un hecho grave”, tanto por el tipo de aeronave utilizada —un avión militar— como por la ausencia de información.
López planteó una serie de interrogantes clave que resumen la preocupación generalizada: “¿Quiénes viajaron? ¿Cuántos son? ¿Qué agenda tienen en la provincia? ¿Por qué no hubo comunicación oficial ni intervención del Congreso argentino si se trata de legisladores extranjeros?”.
Llegada del avión coincide con la intervención del puerto de Ushuaia
La llegada del avión estadounidense se produjo en el preciso momento en que el gobierno de Milei dispuso la intervención del puerto de Ushuaia, bajo la justificación de supuestos desvíos y malversación de fondos y problemas de seguridad.
Argumentos que la senadora López refutó con contundencia: “no existió el desvío de fondos y no se ejecutó ninguna transferencia a la OSEF por parte del Gobierno provincial. Y si el Puerto de Ushuaia fuera inseguro lo sería también para la intervención nacional, lo cual es un argumento contradictorio”.
La decisión de Milei de intervenir esta infraestructura estratégica, clave para el desarrollo local, el comercio, el turismo, la logística antártica y la proyección soberana en el Atlántico Sur, ya había generado fuertes cuestionamientos en la provincia. Para López, ambos hechos no son aislados, sino que forman “parte del plan de Milei de entrega de nuestra soberanía”. En ese sentido, afirmó: “Intervienen el puerto de Ushuaia y, al mismo tiempo, aterriza un avión militar de Estados Unidos sin información pública. Es muy grave”.
La senadora recordó el lugar central que ocupa Tierra del Fuego en la política antártica argentina y en la defensa de los intereses nacionales en el Atlántico Sur, una región con una delicada disputa de soberanía con el Reino Unido. En ese marco, alertó sobre la falta de definiciones claras en torno al proyecto de la Base Naval Integrada de Ushuaia y los acuerdos de cooperación con Estados Unidos.
“Cada decisión que se toma en Ushuaia tiene impacto directo en la soberanía argentina. No vamos a aceptar que se maneje nuestra provincia como si fuera una base militar extranjera”, sostuvo.
Explicaciones tardías y una agenda vaga
Recién después de varias horas de especulaciones y del pedido formal en el Senado, el gobierno libertario informó que se trataba de una delegación de congresistas estadounidenses, tanto demócratas como republicanos. Fuentes del gobierno aseguraron extraoficialmente que “está todo en regla” y que se utilizaron “instalaciones civiles y no militares” del aeropuerto.
La oficina de prensa de la Embajada de Estados Unidos, que conduce Peter Lamelas —quien recientemente aseguró que Trump lo envío a Argentina «para apoyar este gobierno»—, brindó los únicos detalles públicos sobre la agenda.
Según el comunicado, la visita “incluye reuniones con funcionarios gubernamentales y actores clave para abordar la degradación de entornos naturales, la tramitación de permisos para la gestión de minas y residuos, el procesamiento de minerales críticos, la investigación en salud pública y la seguridad médica”.
Sin embargo, la vaguedad de esta descripción, particularmente en lo referido a la “tramitación de permisos para la gestión de minas” y el “procesamiento de minerales críticos”, generó más interrogantes que certezas, al tocar temas sensibles vinculados directamente con la soberanía sobre los recursos naturales estratégicos de la Argentina.
¿Un acuerdo comercial en la sombra?
Voceros andel gobierno, que pidieron reserva de identidad, señalaron a medios que la visita constituye “un paso más en la firma y concreción del acuerdo de libre comercio entre Argentina y EEUU”, y agregaron que “hay muchos puntos por tratar y homologar en un convenio comercial de estas características”.
Si bien ambos países anunciaron un marco para un acuerdo comercial bilateral que propone acceso preferencial a ciertos productos y reducción arancelaria, el texto final aún no fue publicado.
Las mismas fuentes reconocieron que “faltan homologar normas y convenios y conseguir una legislación laboral e impositiva diferente a la actual”, confirmando que su implementación no será inmediata, consignó el diario El Argentino.
Esta falta de transparencia sobre el contenido específico del tratado alimenta la preocupación en sectores políticos, sindicales y de la sociedad civil.
A la par, según información publicada por el sitio Agenda Malvinas, la delegación recabaría información sobre dos proyectos estratégicos que la gestión del gobernador de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Su, Gustavo Melella, ha reactivado con China: la construcción de la Nueva Usina Termoeléctrica de Ushuaia, con una inversión de US$ 65 millones, cuyo contrato se firmó en septiembre con el consorcio asiático Rainbow International Xi’an Engineering.
El otro proyecto es la Planta de Urea, una iniciativa que Melella reactivó para transformar el gas natural en urea y metanol, el cual también contará con inversiones chinas, reportó La Nación.
La defensa del gobierno de Milei: “Todo en regla”
Frente a la polvareda política, voceros del Ministerio de Defensa intentaron bajar la tensión. Señalaron, fuera de micrófono, que “la operación se desarrolló dentro de los canales formales y no estuvo vinculada a ningún despliegue militar sino de un vuelo de transporte destinado a una delegación de congresistas de los Estados Unidos que se encuentra en misión oficial en la Argentina”.
Aclararon que no hubo “ningún tipo de avasallamiento a la soberanía nacional”, reportó el medio citado.
Explicaron que el vuelo contó con el permiso de sobrevuelo otorgado por el COCAES (Comando de Adiestramiento y Alistamiento de la Fuerza Aérea), documento obligatorio para aeronaves de Estado extranjeras. Sobre el plan de vuelo, se limitaron a confirmar que “se encontró en regla y ajustado a la normativa vigente”, sin ofrecer documentación que respaldara públicamente dichas afirmaciones.
Más preguntas que respuestas
La presencia de una aeronave militar estadounidense en el extremo sur del país, en un contexto de máxima sensibilidad geopolítica y de una alianza estratégica en construcción con Washington, reabrió debates profundos sobre la soberanía nacional, el control de recursos estratégicos y los límites de la transparencia en las negociaciones internacionales.
La secuencia de eventos –intervención de un puerto estratégico, llegada secreta de un avión militar, explicaciones a destiempo y una agenda con puntos sensibles– dejó una sensación de desconfianza en amplios sectores de la política y la sociedad. La falta de información oportuna, las explicaciones tardías y la opacidad que rodea al acuerdo comercial en negociación dejan, por ahora, muchas más preguntas que respuestas sobre los alcances reales de esta visita y sus implicancias para el futuro de la Argentina y, en particular, para su soberanía en el estratégico sur patagónico y antártico.

