Según las estimaciones del INE, el crecimiento poblacional se desacelerará progresivamente hasta alcanzar su punto máximo en 2035, cuando Chile llegaría a 20.643.490 habitantes.
Chile enfrenta una transformación demográfica profunda y sin precedentes que marcará irreversiblemente las próximas décadas. De acuerdo con las nuevas Estimaciones y Proyecciones de Población 2024 entregadas ¿ por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el país cruzará un umbral histórico: comenzará a registrar más defunciones que nacimientos a partir del año 2028.
Este fenómeno dibuja un futuro donde el envejecimiento poblacional será el rasgo dominante, con consecuencias estructurales en todos los ámbitos de la sociedad.
El director del INE, Ricardo Vicuña, explicó que este punto de inflexión responde al descenso sostenido y extremo de la fecundidad, una tendencia que, según las proyecciones, se mantendrá en el largo plazo.
«El balance entre nacimientos y defunciones se tornará negativo desde 2028», señaló el titular del organismo, advirtiendo que este cambio tendrá efectos estructurales en el tamaño y composición de la población.
Alerta por baja natalidad en Chile
De acuerdo con las estadísticas en 2024, el número de hijos fue de 1,06, Sin embargo, en 2025 Chile registró la tasa global de fecundidad más baja desde que se lleva registro, con apenas 0,97 hijos por mujer.
Según las proyecciones, para 2028, el indicador se ubicará en 0,89, una de las tasas más bajas del mundo, incluso por debajo de países como Japón, tal y como revelan las cifras de la División de Población de Naciones Unidas. y muy inferior al promedio de América Latina, en especial por debajo de los registros de Uruguay o Costa Rica.
La confirmación de este hito demográfico fue detallada por Miguel Ojeda, jefe de Demografía del INE, quien expuso que se espera que para ese año 2028 «el número de defunciones supere al número de nacimientos, dando inicio a un período de crecimiento natural negativo».
Esta transición tiene sus raíces en un descenso que se acentuó a partir de 2010, impulsado por una brusca disminución de los embarazos adolescentes y la creciente postergación de la maternidad por parte de las mujeres adultas.
Aumento de la esperanza de vida
Paralelamente, otro factor clave tensiona la ecuación: un sostenido aumento de la esperanza de vida. Si en 1992 esta era de 74,6 años, para 2026 se proyecta en 81,8 años (79,5 para los hombres y 84,3 para las mujeres).
«Esta combinación de muy baja natalidad y alta longevidad ha transformado la composición de la población chilena», resumió el director Ricardo Vicuña.
Bajo este escenario el crecimiento poblacional total se desacelerará progresivamente hasta alcanzar su punto máximo en 2035, cuando Chile llegaría a 20.643.490 habitantes.
A partir de 2036, el INE proyecta que se vivirá una reducción gradual hasta mediados de 2070, donde se llegaría a 16.972.558 habitantes.
En paralelo, se iniciará una reducción en el grupo de personas en edad potencialmente activa, entre 15 y 64 años, que hacia el final del período de proyección será menor incluso que la observada en 1992, lo que supone un enorme desafío para el sistema previsional, de salud y la productividad del país.
El envejecimiento de la población emergerá así como el rasgo más marcado del nuevo panorama. El estudio del organismo prevé que para 2045, las personas de 65 años o más triplicarán a la población menor de 15 años.
La inversión de la pirámide poblacional llegará a su expresión más dramática hacia 2070. En esa fecha, los adultos mayores representarán el 42,6% del total del país, mientras que los menores de 15 años caerán a solo un 7,2%.
Esta cifra contrasta con el 29,3% registrado en 1992 y el 16,3% proyectado para 2026.
En términos de proporción, si las tendencias se mantienen, en 2070 habrá cerca de 600 personas de 65 años o más por cada 100 menores de 15 años, consolidando a Chile como uno de los países más envejecidos de la región.
Este reporte del INE, que además revela que la población actual del país es de 20,1 millones de habitantes frente a los 17,5 millones del censo anterior de 2017, no es solo un ejercicio estadístico. Es una radiografía detallada de un cambio de era demográfica que exigirá, en los años por venir, replanteamientos profundos en las políticas públicas, el mercado laboral, el diseño urbano y la estructura misma del Estado de bienestar, para dar respuesta a las necesidades de una sociedad donde los adultos mayores serán, por primera vez, la mayoría absoluta.

