En un momento en el que la política española vive el acecho de la ultraderecha, el joven político, Gabriel Rufián se ha convertido en una figura que intenta salir del encuadre tradicional del independentismo catalán para posicionarse como un referente de la izquierda en el conjunto del Estado. Diputado por Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso de los Diputados, Rufián ha hecho de la confrontación política y del discurso honesto una característica de su presencia pública. Pero en los últimos meses sus esfuerzos se dirigen a la necesidad de articular una unidad de la izquierda para derrotar a la ultraderecha, e incluso la ambición de presentarse como el candidato de la unidad en las siguientes elecciones.
Más allá de Cataluña: un liderazgo nacional
Tradicionalmente conocido por su defensa del derecho de autodeterminación de Cataluña, Rufián ha empezado a ampliar su mirada hacia desafíos estatales más amplios. En intervenciones recientes en medios y en los pasillos del Congreso ha insistido en la urgencia de crear un frente progresista sólido que pueda hacer frente al ascenso de fuerzas conservadoras y de extrema derecha, tanto en términos electorales como en términos de relato político. Su mensaje -recogido en varios portales de noticias a principios de febrero de 2026- resuena con la idea de que “lo que viene no se para con siglas”, una llamada a la convergencia de las fuerzas que comparten objetivos sociales y democráticos comunes.
Además, según recientes coberturas mediáticas, Rufián ya ha empezado una gira de actos públicos con líderes de distintos partidos de izquierda en Madrid, con el objetivo de tejer alianzas más allá de los marcos tradicionales. Este movimiento ha generado reacciones mixtas dentro del espacio progresista: algunos celebran la iniciativa como un intento de superar la fragmentación de la izquierda, mientras que otros -incluidas corrientes de la propia izquierda- muestran escepticismo sobre la eficacia de una alianza tan amplia y simbólica.
Apuntando más alto: ¿presidencia del Gobierno?
Aunque Rufián no ha hecho una declaración formal de aspirar a la presidencia del Gobierno, encuestas recientes elaboradas por centros demoscópicos lo han incluido entre las opciones preferidas por algunos ciudadanos para ese cargo, algo que hasta hace poco tiempo habría parecido impensable para un dirigente independentista catalán. En la última oleada del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), su nombre aparece con un respaldo pequeño, pero significativo, reflejando la ampliación de su perfil más allá de su base tradicional.
Este hecho ha alimentado el debate dentro de amplios sectores progresistas sobre si un candidato con un perfil como el suyo puede representar una alternativa válida no solo ante partidos de derecha, sino también ante fuerzas históricas del centro-izquierda español.
La unidad contra la ultraderecha: un llamado con matices
Pese a estas proyecciones, Rufián ha puesto especial énfasis en la urgencia de consolidar consensos entre partidos progresistas para frenar el avance electoral de formaciones de ultraderecha. Sus recientes apariciones públicas han recalibrado su discurso hacia la cooperación parlamentaria: ha señalado la necesidad de diálogo con otras fuerzas para respaldar políticas económicas y sociales que considera prioritarias, como la nueva financiación autonómica o el fortalecimiento del estado del bienestar.
Su posición ha generado tensiones incluso con sus aliados naturales. Por ejemplo, ha criticado públicamente la gestión del PSOE en casos de corrupción y ha planteado dudas sobre la continuidad de acuerdos parlamentarios si no se aborda de forma clara la regeneración política —una crítica que podría marcar un distanciamiento más firme con la socialdemocracia dominante.
Un liderazgo incómodo pero influyente
El ascenso político de Gabriel Rufián responde a una combinación de agenda combativa, visibilidad mediática y capacidad de conectar con sectores progresistas descontentos. Su ambición de articular una izquierda unida frente a la ultraderecha -y la posibilidad —aunque remota — de aspirar a la presidencia del Gobierno en el futuro- lo sitúan como una de las figuras más intrigantes e imprevisibles de la política española contemporánea.
Mientras algunos aplauden su audacia, otros advierten de los riesgos de unir proyectos políticos diversos bajo un mismo paraguas sin una estrategia sólida. En todo caso, la trayectoria de Rufián parece cada vez menos confinada a los límites tradicionales del independentismo, y más orientada hacia un liderazgo político de mayor alcance e impacto estatal.
El Ciudadano
