Columna de opinión

Kast y la Cruzada de la “libertad de expresión”

El paseo europeo de Kast sirve para exponer la cercanía de aquella Reconquista católica en el futuro gobierno chileno. Es un elemento fundamental del horizonte de aquella teología política contrarrevolucionaria, es decir, reconquistar el mundo occidental, reposicionar ese catolicismo conservador –con tintes tradicionalistas, en lo más posible– como hegemónico en nuestro continente, o bien, como aquéllos prefieren: en la Iberósfera.

Kast y la Cruzada de la “libertad de expresión”

Autor: El Ciudadano

Por Javier Molina Johannes

Una brevísima entrevista recién dada por José Antonio Kast junto a Santiago Abascal expone al futuro mandatario y su disposición a mantener buenas relaciones internacionales con sus amigos europeos, lo que evidenció en su discurso de Bruselas. Ahí comenta sobre sus encuentros con Viktor Orbán y Giorgia Meloni, dos enclaves fundamentales del conservadorismo y patriotismo de nuestro tiempo. Además, señala que viajó en avión con Abascal, pero que la principal razón de su paseo europeo era el encuentro de Political Network for Values (PNfV) –organización que ya hemos nombrado en columnas anteriores–. Sin embargo, esto no sería una gran novedad, si no fuera por cómo la define: una institución que lucha por la “libertad de expresión”, por la “libertad de culto” y para colocar a “los padres al centro de la enseñanza de sus hijos”.

Bajo estos breves términos, el futuro mandatario esclarece una redefinición de lo que entenderíamos como “libertad de expresión”, aun cuando sepamos que ha sido un concepto usado cínicamente en diversas oportunidades. Basta recordar a Tomás Mac-Hale utilizándolo durante la Unidad Popular, a María Corina Machado en contra del gobierno de Maduro, o bien, a Mario Vargas Llosa criticando cualquier gobierno latinoamericano de tendencia izquierdista. En fin, militantes de esta “libertad de expresión” hay por doquier, Javier Milei y Agustín Laje o la propia familia Kaiser Barents-Von Hohenhagen son parte relevante de este campo.

Por eso, cuando Kast habla de esta terminología tenemos que desglosar los elementos que la acompañan para ser posicionada en su campo correspondiente: le acompañan “libertad de culto” y un amistosísimo Santiago Abascal, el líder indiscutible de la reacción española, quien incluso durante la entrevista llegará a hablar de persecución a quienes se oponen a la inmigración ilegal, es decir, su público. Entonces, la pregunta es qué pretenden exhibir con esta composición conceptual.

Primero, que Political Network for Values sería una organización simpática, tanto como HazteOír, CitizenGO y sus diferentes derivas transnacionales. En otros términos, que la oposición a la legislación sobre el aborto, la eutanasia y el matrimonio de personas del mismo sexo, con sus consecuentes guerras mediáticas transfóbicas, homofóbicas y misóginas serían una simpática batalla por la “libertad de expresión”. Esa misma conceptualización que tantos estragos ha traído por nuestro continente. De este modo, modifican los parámetros valóricos y tienden al ultraconservadorismo, rozando al Tradicionalismo católico. No por casualidad, son cercanísimos a los grupos de estas tendencias.

Segundo, que campañas como el Bus transfóbico, aunque realmente se llamaba “Bus de la Libertad”, financiado por HazteOír y CitizenGO, aquél que paseó, además de Santiago y Valparaíso, por diversas ciudades de la “Iberósfera”, son parte de la “libertad de culto” que buscan promover. Ese culto ultracatólico y ultraconservador que impide una debida separación de la Iglesia con el Estado, esa misma “libertad” que procura recomponer una Teocracia católica, tras una nueva expulsión de “los moros”.

En otros términos, que la oposición a la legislación sobre el aborto, la eutanasia y el matrimonio de personas del mismo sexo, con sus consecuentes guerras mediáticas transfóbicas, homofóbicas y misóginas serían una simpática batalla por la “libertad de expresión”.

Tercero, y en esa misma línea, que “los padres sean los primeros agentes educativos” y sus “únicos responsables” va en resonancia con organizaciones como #ConMisHijosNoTeMetas y otras como Escola Sem Partido, además de los diferentes movimientos por el Homeschooling en Occidente y, en particular, en el Norte Global. Bajo estos parámetros, se buscaría restar la influencia estatal de la enseñanza y reconducir hacia una educación religiosa. Lo anterior, tomando en consideración que estas agrupaciones se encuentran inmensamente influenciadas, y muchísimas veces lideradas, por distintas iglesias evangélicas fundamentalistas.

Cabe destacar que, en realidad, aquella “libertad” sea de expresión, de enseñanza o de culto, lograría resignificar dicha noción y capturarla para el campo conservador. De manera similar, Santiago Abascal, en la misma entrevista señalaba la importancia de la “revolución del sentido común”, algo en la línea de la última campaña presidencial del propio José Antonio Kast, como también de Javier Milei, Jair Bolsonaro e, inclusive, del mismísimo Donald Trump, entre tantos otros especímenes. Un sentido común que, efectivamente, viene siendo empujado hacia la derecha extrema, logrando reconstituir una generación cada vez más conservadora, tal como exhiben las diversas investigaciones de los últimos años en nuestros países. En breve, una fascistización del sentido común.

En este sentido, el sentido común, como bien lo sabemos a partir de Gramsci, es disputado, construido y reconfigurado. Nunca sería fijo, por lo que el llamamiento de Abascal es más bien para su recuperación. Muy en la línea de la Reconquista, como la actual campaña de VOX. Por ello, los temas que le aquejan a este conservadurismo contemporáneo, tales como la (in)seguridad y la inmigración, son realmente una disputa por la recatolización del mundo, de ese catolicismo conservador que busca impedir las políticas de igualdad de género, que pretende deslegitimar todas las demandas de las diversidades sexuales, que demoniza al mundo no-católico y que todavía no ha logrado ser reformado del Vaticano –en caso de que alguna vez haya sido esa la intención–.

En otras palabras, Political Network for Values –organización que fue presidida por el mismo Kast en los últimos años– y sus redes configuran una de las guerras ideológico-culturales contemporáneas. Claramente, no son nada de simpáticas, ni empáticas, como buscan maquillar sus dirigentes. Muy por el contrario, promueven discursos de odio, y están dispuestas a atacar a cualquier Otredad. En consecuencia, el paseo europeo de Kast sirve para exponer la cercanía de aquella Reconquista católica en el futuro gobierno chileno. Es un elemento fundamental del horizonte de aquella teología política contrarrevolucionaria, es decir, reconquistar el mundo occidental, reposicionar ese catolicismo conservador –con tintes tradicionalistas, en lo más posible– como hegemónico en nuestro continente, o bien, como aquéllos prefieren: en la Iberósfera. En otros términos, en lo que fue el Imperio Hispánico, aquella última gran Cruzada, hoy devenida por ese mismo campo político en una Cruzada ideológico-cultural.

Por Javier Molina Johannes

Dr. en Estudios Latinoamericanos. Magíster en Filosofía. Sociólogo | Investigador sobre las derechas en Especímenes de la Reacción | redes: @especimenesdelareaccion


Las expresiones emitidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de su autor(a) y no representan necesariamente las opiniones de El Ciudadano.

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