En imagen portada: Tonka Tomicic, Karen Doggenweiler y Rafael Araneda, Kika Silva, Gino Mella e integrante de T-Rex (Extraídas de sus RRSS)
Gala de Viña 2026:
Cada año, millones de personas observan la Gala del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar. Lo que a simple vista parece una pasarela televisiva es, en realidad, uno de los espacios de mayor exposición pública para el vestuario en Chile. Sin embargo, más allá del brillo y la cobertura en tiempo real, surgen estas interrogantes: ¿se está aprovechando realmente esta plataforma para hablar del valor cultural, productivo y simbólico del vestuario?
En un país que tuvo una industria textil robusta y que hoy depende mayoritariamente de importaciones, la forma en que se comunica la moda no es un detalle menor.
Una industria con memoria
Para comprender la relevancia de este debate, conviene revisar la historia de la industria textil chilena. Según el documento La evolución de la industria textil en Chile (Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, 2019), elaborado por la periodista y experta en moda sostenible Sofía Calvo, se observa lo siguiente:
“La década de los 60 fue el ‘periodo de oro’ de la industria textil chilena. De hecho, el sector textil representaba el 17,9% de la actividad industrial del país y cubría el 97% de las necesidades nacionales en 1968. El Golpe de Estado marcó un cambió de rumbo de la industria textil nacional debido a que a partir de 1975, se desmanteló el régimen proteccionista que había permitido su desarrollo, obligándola a competir con grandes actores de los mercados internacionales como China e India.
Pero es en la década de 1980 cuando comenzó el declive progresivo de las textileras fruto de la crisis económica de 1983 y la incapacidad de la industria de mantener su competitividad debido a un evidente atraso tecnológico y técnico.”
El tránsito desde una industria que abastecía casi la totalidad del mercado interno hacia una economía abierta y altamente importadora no solo alteró cifras productivas. También impactó en la identidad del vestir, desplazando lo local frente a la estandarización global.
En ese contexto, eventos masivos como la Gala de Viña podrían transformarse en vitrinas estratégicas para visibilizar autoría chilena, rescatar oficios y abrir conversación sobre sostenibilidad e innovación.
Propuestas que buscaron instalar un discurso
En la reciente edición 2026 existieron apariciones relacionadas a este tema.
La comunicadora audiovisual Xaviera Salazar participó en la Gala Digital de Mega luciendo el ‘Traje Oficio’, una creación a medida de la artista textil chilena Nieves Marín. La prenda incorporaba una cinta métrica como elemento central, evocando tanto el proceso de confección como el rol histórico de la modista. Más que un atuendo, se trató de un homenaje al trabajo manual y a la memoria familiar, ya que la bisabuela de Salazar también fue modista, poniendo en primer plano el valor del oficio.
La animadora oficial Karen Doggenweiler lució un diseño de alta costura del creador Ali Karoui que ya había recorrido escenarios internacionales, entre ellos el Festival de Cannes. La pieza, utilizada anteriormente por la ex Miss Universo 2016 Iris Mittenaere, suma historias en cada aparición. Tras la gala, el vestido será comercializado en la plataforma de segunda mano Vopero, reforzando la lógica de circularidad.
Kika Silva también apostó por una prenda con trayectoria: un vestido dorado previamente utilizado por la princesa de Gales, Kate Middleton. En sus redes sociales mencionó: “Porque la moda también puede tener propósito, conciencia y muchas vidas. La ropa no es sólo tendencia, sino mensaje”, agregando: “Este año el mensaje es lo más importante: entender que la moda también puede ser más consciente.” Además, esta prenda también será comercializada en la plataforma Vopero.
La cultura popular tuvo su espacio cuando uno de los integrantes de la banda T-Rex, participantes en la competencia del certamen, apareció con una camiseta emblemática de Humberto “Chupete” Suazo correspondiente a su etapa en Colo Colo en 2006, incorporando memoria deportiva al relato de la noche.
Tonka Tomicic, conductora de la alfombra roja, decidió por la intervención de un vestido semitransparente de Alberta Ferretti retirando su forro original para transformarlo en una “segunda piel”, resignificando la pieza desde la intervención.
Territorio, sostenibilidad y denuncia
Princesa Alba presentó un vestido en tonos negros translúcidos con vetas verdes marmoladas que evocaban los humedales. El diseño fue realizado por el chileno Diego Cajas, integrante del taller neoyorquino Luar, casa que confeccionó el traje de Lady Gaga para el Super Bowl 2026. Por tercer año consecutivo, la artista apostó por conceptos vinculados al territorio nacional. En redes sociales, el debate se centró en si el mensaje logró comunicarse con claridad.
El cantante urbano Gino Mella vistió un diseño nacional de Guido Vera, marca con base en Santiago y raíces en la Patagonia. La casa trabaja con materiales biobasados y reciclados bajo principios genderless y cruelty-free. Su presencia otorgó visibilidad a una propuesta que entiende el vestir como práctica ética y territorial.
El cantante urbano Pablo Chill-E apareció en la Gala con un traje color burdeo. Aunque no se precisó el origen de la prenda, el artista quiso transmitir un mensaje potente, señalado ante los medios: ‘estos son balazos en representación a toda la violencia que hay en las calles, a mis amigos que han muerto y a toda la gente que ha muerto en las guerras, gente inocente, por eso puse balazos en mi traje’. Su aparición convirtió la alfombra roja en un espacio de denuncia simbólica.”
La crítica al enfoque mediático: “¿La Gala de Viña 2026 convirtió el vestuario en mensaje o solo en espectáculo?”
La actriz y comunicadora Daniela Seguel, que promueve el vestuario consciente a través de @reviviendomilprendas, reflexionó: «Es es un espacio ideal para dialogar sobre diseño local, oficios, materiales y los procesos creativos que dan vida a cada prenda. Sin embargo, esta mañana escuché algunos programas, no todos por supuesto, que siguen reduciendo todo a si algo gusta o no, o a un juicio superficial de ‘mejor’ o ‘peor’ vestido. Las prendas tienen un lenguaje propio, capaz de contar historias, transmitir valores y preservar memoria colectiva. ¿Por qué desaprovechar una plataforma con tanta visibilidad para profundizar en eso? siempre lo digo, la ropa es mucho más que tela.’
En esa misma línea, la periodista y especialista en moda consciente, Sofía Calvo, ya advertía sobre esta problemática en 2019 a través de su medio Quinta Trends, donde cuestionó el uso reiterado de expresiones como ‘full tendencia’. Su reflexión cobra especial vigencia hoy al constatar que, siete años después, se siguen repitiendo categorías vacías sin análisis ni desarrollo conceptual, evidenciando que la discusión pública sobre moda en Chile no ha logrado profundizar pese a las plataformas disponibles
La Gala del Festival de Viña del Mar es entretenimiento, pero también es un espacio de construcción simbólica. Su alcance masivo le otorga una responsabilidad implícita. El vestuario que desfila por esa alfombra puede reforzar una lógica superficial o abrir conversaciones necesarias sobre identidad, sostenibilidad, producción local y memoria industrial.
La pregunta que deja esta edición no es quién acertó más en términos estéticos, sino si se utilizó una de las vitrinas más importantes del país para profundizar en lo que el vestir representa en la cultura chilena actual.


