Más de medio siglo esperando justicia: la historia de Mónica Benaroyo, ciudadana uruguaya asesinada vilmente por la dictadura de Pinochet

La Corte Suprema de Chile confirmó la condena contra un exoficial del Ejército chileno, por el secuestro de Mónica Benaroyo Pencú, ciudadana uruguaya detenida en 1973 en Arica. Aunque un tribunal ordenó su libertad, permaneció secuestrada y torturada. Sus restos, hallados en 2008, decapitada, fueron repatriados a Uruguay. La pena, de solo tres años, reabre el debate sobre la justicia en crímenes de lesa humanidad.

Más de medio siglo esperando justicia: la historia de Mónica Benaroyo, ciudadana uruguaya asesinada vilmente por la dictadura de Pinochet

Autor: Seguel Alfredo

Mónica Benaroyo: una vida marcada por el exilio y la barbarie de la dictadura chilena

En un fallo unánime emitido en febrero de 2026, la Corte Suprema de Chile confirmó la condena a 3 años, contra el oficial en retiro del Ejército Juan Iván Vidal Ogueta por su responsabilidad en el secuestro calificado de la ciudadana uruguaya Mónica Cristina Benaroyo Pencú, comunicó recientemente el Poder Judicial.

Nacida en Bucarest en 1925, hija del embajador de Irán en Rumania, su vida fue un constante ir y devenir que la llevó a abrazar Uruguay como su patria en 1954. Licenciada en Filosofía por la Universidad de la República, su espíritu intelectual y su compromiso social la llevaron a militar en el Partido Comunista, aunque algunos documentos de la época también la vinculan al MLN-Tupamaros, señala Sitios de Memoria de Uruguay. Al momento de su detención, trabajaba como traductora de alemán e inglés en una industria en Arica, muy lejos de la imagen de «extremista peligrosa» que la dictadura quiso construir.

Su calvario comenzó el 14 de septiembre de 1973, apenas tres días después del quiebre democrático. Ese día, efectivos de la Policía de Investigaciones de Chile irrumpieron en el hotel «Tynos» donde residía y la trasladaron al cuartel policial. Según consta en la sentencia de la Corte de Apelaciones de La Serena, el 20 de septiembre fue ingresada a la cárcel pública por orden del VI Juzgado Militar. «El 25 de septiembre de 1973, a las 20:50 horas, por orden del VI Juzgado Militar… se ordena su libertad», reza el fallo. Una libertad que nunca llegó.

Lejos de recuperar su vida, Mónica fue vista por testigos en los meses de octubre y diciembre de 1973 en el infierno del Departamento II del Regimiento Rancagua. Allí, bajo el mando del mayor Luis Aguayo Benard y con Juan Iván Vidal Ogueta como segundo al mando, la Sección II del Ejército funcionaba como un centro de torturas. La resolución judicial describe cómo en ese lugar, «se realizaban las investigaciones, interrogatorios y torturas para obtener información». Mónica, la filósofa que manejaba varios idiomas, fue sometida a las más crueles vejaciones antes de ser asesinada.

El hallazgo de sus restos óseos, decapitados y semimomificados, el 16 de julio de 2008 en un recinto militar en Pampa Chaca Oeste, fue la prueba macabra de su destino. Los informes del Servicio Médico Legal de Santiago confirmaron su identidad y concluyeron que «el cuerpo fue depositado por terceros» y enterrado en una acción de ocultamiento. Fue necesario que pasaran 35 años para que su cuerpo, repatriado a Uruguay, pudiera ser despedido por sus seres queridos.

La reciente confirmación de la condena por parte de la Segunda Sala del máximo tribunal chileno, que ratificó la pena impuesta a Vidal Ogueta, llega con un sabor agridulce. Mientras que el ministro en visita Vicente Hormazábal Abarzúa estableció en su investigación una abrumadora cantidad de hechos probados que detallan el entramado represivo del Regimiento Rancagua en este crimen de lesa humanidad. La justicia que llega, lo hace tarde y, para muchos, de forma insuficiente.

Mónica Benaroyo, de 39 años, se convierte así en un símbolo de la persistencia de la memoria y de la deuda pendiente de la justicia con las víctimas del terrorismo de Estado.

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