Muere Manuel Cabieses: el periodista rebelde que Pinochet quiso borrar y jamás lograron callar

El fundador de la revista Punto Final, sobreviviente de los campos de concentración de la dictadura y figura clave del periodismo militante chileno falleció a los 92 años

Muere Manuel Cabieses: el periodista rebelde que Pinochet quiso borrar y jamás lograron callar

Autor: Leonardo Buitrago

La muerte de Manuel Cabieses Donoso, a sus 92 años de edad, marca el cierre de una de las trayectorias más extensas del periodismo político chileno contemporáneo. El fundador y director histórico de la revista Punto Final, fue durante más de medio siglo, una voz persistente de la izquierda crítica, incómoda frente al poder y refractaria a las transacciones editoriales. Su partida no solo representa la pérdida de un periodista, sino la de un protagonista directo de los hechos políticos y sociales fundamentales que han marcado los últimos 70 años de la historia del país.

Nacido en 1933, el oficio de Cabieses se forjó en una época donde la prensa escrita era un campo de disputa ideológica abierta. Comenzó su carrera periodística en la etapa final de los años 50 en el vespertino La Gaceta, de la mano de Darío Sainte–Marie, fundador y luego propietario del popular diario Clarín.

Asimismo, forjó sus lazos con la prensa sindical junto a Clotario Blest, histórico presidente de la Central Única de Trabajadores.

Tras la elección presidencial del empresario de derecha Jorge Alessandri en 1958, salió del país con rumbo hacia Venezuela, donde nació su libro «Venezuela Okey», testimonio temprano de su mirada crítica sobre la realidad latinoamericana.

El nacimiento de una trinchera: Punto Final y la revolución en América Latina

En 1965, mientras se desempeñaba en el diario socialista Las Noticias de Última Hora, Cabieses dio vida junto a su amigo y colega Mario Berríos a Punto Final, publicación que se transformaría en tribuna de análisis político, denuncia y reflexión estratégica para amplios sectores del progresismo chileno y latinoamericano.

Desde sus páginas se debatieron procesos revolucionarios, conflictos sociales y las tensiones propias de la Guerra Fría en la región. La revista se convirtió rápidamente en un espacio de encuentro de periodistas e intelectuales identificados con el campo de la izquierda, llegando a ejercer una enorme influencia, en particular por notificar la lucha de ideas y combates de la Revolución Cubana y la izquierda revolucionaria chilena.

El mismo Cabieses, tiempo después, se incorporó a las filas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), consolidando así su compromiso político que trascendía la mera labor informativa.

Una de las razones por las que el combativo periodista obtuvo mayor reconocimiento fue precisamente por haber fundado aquella revista. cuyo equipo logró la hazaña de rescata los diarios del Che Guevara en Bolivia, permitiendo que llegaran a manos de Cuba y fueran publicados en el mundo entero sin adulteraciones.

Durante el gobierno de Salvador Allende, la revista acompañó críticamente el proceso de la Unidad Popular, defendiendo tanto las transformaciones estructurales que impulsaba, como reportando las presiones internas y externas que le afectaban.

Esta posición, de apoyo crítico y vigilante, prefiguraba ya la independencia que caracterizaría a Cabieses respecto de cualquier poder, incluso de aquellos con los que simpatizaba.

El 11 de septiembre: la orden de borrarlo todo

El Golpe de Estado de 1973 marcó un antes y un después en la vida de Cabieses y su publicación. El 11 de septiembre de 1973, la revista alcanzó a estar en algunos quioscos por unas pocas horas. En su portada, con una bandera chilena de fondo, se leía una frase que se convertiría en emblema de su desafío: «Soldado: la Patria es la clase trabajadora». Las oficinas de Punto Final en el centro de Santiago fueron asaltadas por la soldadesca, que quemó su valioso archivo, en un intento de destruir no solo un medio de comunicación, sino la memoria misma de la izquierda chilena.

El mismo día del Golpe, el propio Augusto Pinochet hizo mención explícita a la publicación a través de una comunicación radial, en una transmisión que reveló la obsesión temprana del dictador por silenciar aquella voz. La orden fue transmitida con la crudeza militar de la época:

«De parte de comandante en jefe, además de las medidas que existen sobre radio y televisión, ehhh, no se aceptan, repito, nin… publicación de prensa de ninguna especie. Y aquella que llegara a salir, además de ser requisada, motivará la destrucción de las instalaciones en las que fue editada. Cambio… ehhh, justamente el personal que trabaja allá en Punto Final… Todo el mundo ahí debe ser detenido. Cambio», afirmó.

Esa orden no fue una amenaza vacía. La publicación fue clausurada inmediatamente y su director conoció la cárcel y el exilio. Cabieses fue arrestado el 13 de septiembre de 1973, apenas dos días después del Golpe. Permaneció dos años detenido en diversos campos de concentración: primero en Chacabuco, luego en el campo Melinka de Puchuncaví y finalmente en Tres Álamos, hasta que fue expulsado del país gracias a una activa campaña internacional que logró presionar por su liberación. En tanto, parte importante de sus colaboradores en Punto Final corrieron una suerte mucho más trágica: fueron arrestados, asesinados o hechos desaparecer por la dictadura.

El exilio y el regreso clandestino

Pese al cierre forzado y la salida de Chile, Cabieses no apagó ni calló sus críticas contra la dictadura su voz, de hecho mantuvo activa redes políticas e intelectuales que le permitieron sostener la denuncia internacional sobre el régimen de Pinochet y sus crímenes.

Sin embargo, el exilio no fue un destino definitivo para él. En una muestra de su temple rebelde, Cabieses partió al destierro pero pronto tomó la decisión de reingresar clandestinamente al país para colaborar con la resistencia a la dictadura en el interior de Chile. Se incorporó al Secretariado Nacional del MIR mientras esta organización era sometida a una intensa persecución, arriesgando su vida en cada paso por territorio chileno.

Esta experiencia de clandestinidad y resistencia marcó profundamente su concepción del periodismo como un arma en la lucha política, no como un ejercicio neutral o distante de los conflictos sociales. Para Cabieses, informar era siempre tomar partido, y tomó partido siempre del mismo lado: el de los trabajadores, los perseguidos y los revolucionarios.

El renacer de Punto Final en democracia

A fines de 1989, cuando agonizaba la dictadura, Cabieses logró sacar nuevamente a la calle Punto Final. Su reaparición en los quioscos fue recibida con gran entusiasmo por el pueblo de izquierda, incluyendo las nuevas generaciones que habían conocido de la existencia de la mítica publicación solo por referencias.

«Con el retorno a la democracia, Punto Final reapareció como una de las pocas revistas que mantuvieron una línea editorial inequívocamente situada en posiciones críticas, sin diluir su identidad en los consensos de la transición», señaló Diario U de Chile.

En esta nueva etapa, Cabieses se mantuvo especialmente activo, demostrando que su rebeldía no se agotaba con el fin de la dictadura. Cuando se derrumbó el campo socialista de Europa Oriental y la Unión Soviética, y se hicieron sentir los impactos del bloqueo estadounidense a Cuba, promovió la que pareciera ser la primera campaña de solidaridad con la Isla antillana, invitando a contribuir con un litro de petróleo para paliar las dificultades del pueblo cubano.

Asimismo, lideró una férrea campaña para exigir que se levantara un monumento a Salvador Allende, cuando ello no estaba en la agenda de los partidos que participaron en la transición, más preocupados de construir consensos con la derecha que de honrar la memoria del presidente mártir. A la larga, el objetivo se materializó, y en ello tuvo mucho que ver la presión sostenida desde las páginas de Punto Final.

Con el objetivo de mantener movilizada a las bases de la izquierda, organizó una serie de actos en el Teatro Cariola, en Santiago. U espacio que se convirtió en un bastión de la memoria combativa.

Desde este recinto cultural promovió homenajes al secretario general del MIR, Miguel Enríquez, y al jefe del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, Raúl Pellegrin, manteniendo viva la llama de la resistencia incluso cuando los partidos tradicionales buscaban enterrar el pasado reciente.

Junto a su amigo Pedro Vuskovic, exministro de Allende, promovió a lo largo del país una serie de foros sobre la izquierda, orientados a promover su rearticulación unitaria. De aquel esfuerzo nacieron los referentes Comité de Unidad de la Izquierda (CUI) y Movimiento Democrático de Izquierda (MIDA), los primeros de ese carácter que cristalizaban luego del fin de la dictadura, intentando reconstruir un polo político que dialogara con las nuevas realidades sin renunciar a los principios históricos.

La querella por la portada de Pinochet y la defensa de la memoria

Cabieses tuvo que enfrentar también los embates del dictador, quien incluso después de dejar el poder mantuvo suficiente influencia para perseguir a sus antiguos enemigos. En 1991, el Gobierno acusó ante la Corte de Apelaciones de Santiago al director de Punto Final, por presunta violación de la Ley de Seguridad Interior del Estado, al injuriar al jefe del Ejército, el general Augusto Pinochet.

En su edición número 247, la revista tituló en portada Cínico y sádico y mostró en un montaje de fotografía y dibujo a Pinochet sonándose su nariz con la bandera chilena. se querelló en su contra por un titular de portada de Punto Final que lo fustigaba como «Cínico y Sádico», junto a una imagen en que aparecía sonándose con la bandera chilena.

Según el escrito que presentó el entonces ministro del Interior, Enrique Krauss, estas expresiones y la ilustración de Pinochet en la portada debían ser consideradas injuriosas y difamatorias. «Es claro que se ha cometido el delito de ultraje público de la bandera nacional y al mismo tiempo se ha injuriado al comandante en jefe del Ejército», señaló en aquella ocasión.

La portada había sido publicada luego de unas crueles declaraciones del entonces comandante en jefe del Ejército sobre el destino de los detenidos desaparecidos, en las que justificaba lo injustificable.

Cabieses enfrentó el juicio con la misma entereza con que había enfrentado los campos de concentración, transformando el proceso judicial en una nueva tribuna para denunciar los crímenes de la dictadura.

Punto Final fue también el único medio de comunicación chileno que entrevistó a Hugo Chávez en su primera visita a Chile en octubre de 1994, mucho antes de que el comandante venezolano se convirtiera en una figura internacional y líder de la Revolución Bolivariana. Esta exclusiva demostraba la capacidad de Cabieses para mantener conexiones con las corrientes emergentes de la izquierda latinoamericana, anticipando debates y procesos que luego marcarían la región.

En forma paralela a su labor editorial, Cabieses también asumió responsabilidades gremiales en el Colegio de Periodistas, desde donde empujó la exigencia al Estado de que generara condiciones que garantizaran el pluralismo en los medios de comunicación, cuya propiedad se concentraba en unas pocas manos, paradojalmente en un período de redemocratización del país.

Denunció incansablemente que la transición política no había ido acompañada de una democratización de la palabra, y que los grandes grupos económicos mantenían un control férreo sobre la información.

El legado del periodista combativo cuya voz jamás lograron callar

En 2015, Cabieses publicó el libro «Autobiografía de un Rebelde«, en que expone las memorias de su trayectoria en el periodismo chileno, así como en las luchas sociales y políticas de izquierda. El texto es no solo un recorrido por su vida, sino un testimonio de primera mano sobre los principales conflictos políticos que sacudieron a Chile y América Latina en la segunda mitad del siglo XX y las primeras décadas del XXI. En sus páginas, el lector puede encontrar retratos íntimos de los principales actores de la izquierda revolucionaria, así como reflexiones sobre el sentido del periodismo militante en un mundo cambiante.

Al momento de su fallecimiento, Cabieses estaba retirado, luego de que Punto Final cerrara sus puertas en 2018. En ese año, el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) le otorgó el Premio a la Trayectoria en Periodismo y DDHH y también fue propuesto para el Premio Nacional de Periodismo en reconocimiento a su impecable y valiente carrera .

Sin embargo, ni la desaparición física de la revista ni su propia muerte lograran callar la voz del combativo periodista que sin duda alguna ha sido uno de los protagonistas de muchos hechos políticos y sociales fundamentales de los últimos 70 años de la historia de Chile.

Pinochet quiso borrarlo aquel 11 de septiembre de 1973 cuando ordenó por radio que todo el personal de Punto Final debía ser detenido. Quiso borrarlo cuando lo mantuvo n campos de concentración. Quiso borrarlo cuando se vio forzado a salir del país. Quiso borrarlo cuando se querelló contra él en democracia. Pero jamás logró callar a este periodista rebelde que hizo de la palabra escrita un arma de combate y de su vida un testimonio de coherencia.

La muerte de Manuel Cabieses deja un vacío en el periodismo chileno que difícilmente podrá ser llenado. Su legado se mantendrá vigente en cada periodista que se niega a doblegar la rodilla ante el poder, en cada medio independiente que lucha por sobrevivir.

Sus restos serán velados en la Parroquia Santa Marta, calle Celerino Pereira 1690, Ñuñoa.

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