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Cuba y la posición de los cristianos: Ni indiferencia, ni neutralidad, ni complicidad con el imperio y el neocolonialismo

"En el plano ético, es un desafío para los cristianos denunciar lo que la Teología de la Liberación llama: 'pecado estructural o social', que se refiere a aquellas instituciones, sistemas económicos y políticas que, por su propia naturaleza y funcionamiento, generan opresión, pobreza y muerte. El bloqueo de EE. UU. contra Cuba es una manifestación concreta de este pecado".

Cuba y la posición de los cristianos: Ni indiferencia, ni neutralidad, ni complicidad con el imperio y el neocolonialismo

Autor: El Ciudadano

Por Fernando Astudillo Becerra

Desde una perspectiva ética, existe un mandato moral implícito: el cristianismo y los cristianos no podemos dejar de estar del lado de Cuba y su gobierno, pues en la isla se expresa la lucha de los pueblos oprimidos por derrotar el imperialismo y el neocolonialismo.

Los cristianos conservadores hablan de la dictadura cubana y de las violaciones a los derechos humanos que allí se cometerían. No ven la viga en su ojo, prefieren ver la paja en el ojo ajeno. Mi afirmación es que en Cuba hay más democracia, que en muchos países que la acusan de ser una dictadura, y hay mayor respeto a los derechos humanos que en decenas de Estados, empezando por EEUU.

En ella se reconocen formalmente mecanismos amplios de democracia directa en su Constitución de 2019, que potencian la participación ciudadana, pero bajo un sistema de partido único.

Lo mismo dispone el artículo 101 letra c) y 196 respecto de delegados municipales y provinciales. La Ley Electoral Nº 127 de 2019 regula el procedimiento, otorgando a los ciudadanos una herramienta poderosa de control político.

Adicionalmente no solo es el Presidente de la República y la Asamblea Nacional, sino una serie de instituciones de la República quienes tienen iniciativa legislativa. Así lo señala en el artículo 164 letras a), b), c), d), e), f), g), h), i), j).

Asimismo, existen los referendos no como una excepción, sino como parte del del proceso legislativo. Estos pueden ser obligatorios, como en el caso de reformas que afecten el sistema político o el carácter socialista del Estado, o facultativos, convocados por la Asamblea Nacional.

En el plano de los derechos humanos, Cuba garantiza constitucionalmente la salud como un derecho humano fundamental, gestionado de forma gratuita y universal por el Estado. Así logró ser el primer país en validar la eliminación de la transmisión materno-infantil del VIH y la sífilis. Mantiene tasas de mortalidad infantil y esperanza de vida que compiten con las de los países desarrollados.

La educación, por su parte, es laica, gratuita y obligatoria. El Estado cubre desde el nivel preescolar hasta el universitario y de posgrado. Erradicó el analfabetismo en los años 60 y mantiene una tasa de escolarización casi total. Su sistema de educación especial y artística es referente en la región. El derecho se extiende a la formación profesional. Tiene uno de los promedios de médicos, por habitante, más altos del mundo.

En Cuba son inexistentes los niños/as en situación de calle; y sostienen un enfoque de «interés superior del niño» que ha sido elogiado por UNICEF.

El sistema cubano busca que ninguna persona quede desamparada por razones de vejez, discapacidad o pérdida del sostén familiar. Existen subsidios y servicios de atención domiciliaria para ancianos que viven solos y programas de empleo protegido para personas con discapacidad.

El acceso a la cultura y la práctica del deporte se consideran derechos del pueblo, no mercancías. Se promueve la masividad en la práctica deportiva (lo que explica el éxito olímpico histórico de la isla) y el acceso a eventos culturales (cine, ballet, literatura) a precios simbólicos o gratuitos.

Desde nuestra perspectiva cristiana, la situación de Cuba no puede analizarse como un simple conflicto geopolítico, sino como un escenario de lucha espiritual y material entre la vida y las estructuras de pecado que intentan asfixiarla.

En este contexto, en el plano ético, es un desafío para los cristianos denunciar lo que la Teología de la Liberación llama: «pecado estructural o social», que se refiere a aquellas instituciones, sistemas económicos y políticas que, por su propia naturaleza y funcionamiento, generan opresión, pobreza y muerte. El bloqueo de EE. UU. contra Cuba es una manifestación concreta de este pecado.

No es un evento aislado, sino una estructura de agresión económica, política y diplomática que persiste por más de 60 años y que hoy se manifiesta como una voluntad de ahogar la Revolución y a su pueblo mediante la privación de recursos vitales como el petróleo.

Desde la fe, esto representa la antítesis del Reino de Dios, ya que prioriza el dominio imperial sobre la vida de un pueblo. Por ello el cristianismo no puede ser ni neutro, ni cómplice de los «poderosos».

Estados Unidos es el principal agente de este pecado estructural, siendo el mayor violador de derechos humanos de la humanidad (los ejemplos son cientos, sino miles) por lo que no se puede dejar de hacer una denuncia profética de este hecho ya que es una ofensa ética, espiritual y una herramienta de hambre que ofende a Dios y a la humanidad.

En definitiva, para un cristiano, es un deber estar del lado de los oprimidos, de la esperanza de que otro mundo es posible; es imposible ser neutral ante el neocolonialismo y la opresión; es imposible no ser solidario/a con aquellos/as que sufren, y que dan lecciones de coraje al mundo para defender su derecho a existir fuera de la lógica del neoliberalismo.

Los cristianos creemos en la promesa de dios: «… Sacó a los poderosos de sus tronos y puso en su lugar a los humildes, repletó a los hambrientos de todo lo que es bueno y despidió vacíos a los ricos…» (Lucas 1, 52-53).

Fernando Astudillo Becerra

Foto Portada: Jorge Luis Baños / Inter Press Service

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