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Las llaves de Santiago no son un trofeo político

"La entrega de las llaves de una ciudad no es un gesto menor. Históricamente ha sido un reconocimiento reservado para personas que han tenido una relación significativa con la ciudad o que han realizado aportes relevantes para su desarrollo cultural, social o político. No se trata de una simple cortesía, sino de un gesto institucional que honra trayectorias vinculadas con la historia y la vida de la ciudad. En ese sentido, cabe preguntarse: ¿Qué vínculo tiene María Corina Machado con Santiago o con Chile que justifique este homenaje?"

Las llaves de Santiago no son un trofeo político

Autor: El Ciudadano

Por Claudia Barahona Chang

Hay gestos que parecen protocolares, pero cuando el alcalde de Santiago, Mario Desbordes, decide transformar ese gesto en una señal ideológica, el acto dice mucho más de lo que aparenta. La decisión de entregar las llaves de la ciudad de Santiago a la venezolana María Corina Machado es un caso claro.

Según la agenda difundida por autoridades locales, el alcalde de Santiago decidió declararla “Visitante Ilustre” y entregarle simbólicamente las llaves de la capital durante su visita a Chile, en el marco de las actividades vinculadas al cambio de mando presidencial.

Pero la pregunta es inevitable: ¿Cuál es el mérito concreto para recibir una distinción que representa simbólicamente a toda la ciudad de Santiago?

La entrega de las llaves de una ciudad no es un gesto menor. Históricamente ha sido un reconocimiento reservado para personas que han tenido una relación significativa con la ciudad o que han realizado aportes relevantes para su desarrollo cultural, social o político.

No se trata de una simple cortesía, sino de un gesto institucional que honra trayectorias vinculadas con la historia y la vida de la ciudad. En ese sentido, cabe preguntarse: ¿Qué vínculo tiene María Corina Machado con Santiago o con Chile que justifique este homenaje?

Machado es, sin duda, una figura política relevante en Venezuela. Es una de las líderes de la oposición al régimen de Nicolás Maduro y ha logrado proyectarse internacionalmente como uno de los rostros del conflicto político venezolano. Pero también es una figura profundamente controversial, tanto dentro de su propio país como en la arena internacional.

Sus declaraciones, su cercanía con sectores de la política estadounidense, su admiración por Donald Trump y su respaldo a estrategias de presión internacional contra el gobierno venezolano han generado divisiones profundas. Para algunos representa la lucha por la democracia; para otros encarna una política de confrontación que ha llegado a legitimar escenarios de intervención externa, incluso por la vía armada, en su propio país.

Pero más allá de las simpatías o críticas que pueda generar su figura, la pregunta de fondo sigue siendo válida: ¿Por qué una ciudad como Santiago decide entregar un reconocimiento institucional a una dirigente extranjera que no tiene una relación directa con la historia, la vida o los desafíos de esta ciudad?

La respuesta parece estar menos en la historia de Santiago y más en el clima político del momento. Machado llega a Chile invitada a las actividades vinculadas al cambio de mando presidencial. Su presencia forma parte de una red de afinidades políticas que hoy conecta a sectores de la derecha latinoamericana y global, donde el conflicto venezolano se ha convertido en un símbolo ideológico.

En ese contexto, la entrega de las llaves de la ciudad deja de parecer un gesto protocolar y pasa a leerse como una señal política: una forma de posicionar simbólicamente a Santiago dentro de una narrativa continental que enfrenta proyectos ideológicos en disputa.

Y ahí aparece un problema aún más evidente: ¿Representa realmente esta decisión a los habitantes de Santiago?

Las ciudades no pertenecen a sus alcaldes; pertenecen a quienes viven en ellas. Cuando se entregan reconocimientos en nombre de toda la ciudad, lo razonable sería que existiera algún grado de deliberación pública o institucional que permita comprender el sentido de ese homenaje.

Porque si algo caracteriza a Santiago es su diversidad política, social y cultural. Difícilmente una decisión de este tipo puede interpretarse como una representación unánime de quienes habitan la capital.

En una ciudad donde miles de dirigentes sociales, vecinos, artistas, académicos y organizaciones trabajan día a día por mejorar la vida comunitaria, la pregunta se vuelve aún más incómoda: ¿Por qué el reconocimiento público se dirige hacia una figura extranjera y no hacia quienes han dedicado su vida a construir esta ciudad?

La política internacional siempre tendrá un lugar en los debates públicos. Pero cuando una autoridad municipal decide utilizar un símbolo institucional de la ciudad para expresar afinidades ideológicas, lo que está haciendo no es solo un gesto diplomático: está utilizando a Santiago como escenario de una declaración política personal.

Porque, al final del día, esta decisión no habla tanto de María Corina Machado como del propio alcalde de Santiago. La entrega de las llaves de la ciudad no parece responder a una tradición de reconocimiento ciudadano, sino a una señal política en un momento determinado. Y cuando una autoridad municipal utiliza un símbolo que pertenece a todos para expresar una posición ideológica propia, lo mínimo que corresponde es abrir la discusión pública.

Santiago no es un escenario de propaganda ni un trofeo simbólico dentro de las disputas políticas internacionales: es una ciudad plural que merece ser representada con mayor prudencia institucional.

Los símbolos de una ciudad pertenecen a sus habitantes, no a la agenda política de sus autoridades.

(*) Claudia Barahona Chang forma parte de la Comisión Política y del Comité Central del Partido Socialista, y también es integrante del Programa Feminista del Instituto Igualdad.

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