Por Boris Barrera Moreno, Diputado y presidente del Grupo Interparlamentario Chileno-Cubano
La reciente visita del nuevo embajador de Cuba en Chile, Óscar Cornelio Oliva, al Congreso Nacional, fue una oportunidad para darle la bienvenida como Grupo Interparlamentario Chileno-Cubano al inicio de su misión diplomática en nuestro país.
También fue una instancia para reafirmar los históricos vínculos entre Chile y Cuba, y para reflexionar sobre una realidad que sigue marcando profundamente la vida del pueblo cubano: el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos desde hace más de seis décadas.
Durante más de sesenta años, el pueblo cubano ha vivido bajo los efectos de este bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos. Se trata de una política prolongada en el tiempo que ha terminado afectando de manera directa la vida cotidiana de millones de personas.
El bloqueo no es una discusión abstracta: sus consecuencias se expresan en la vida diaria del pueblo cubano, en las dificultades para acceder a insumos médicos, en las restricciones para el comercio de alimentos y en las limitaciones que enfrenta la economía cubana para desarrollarse con normalidad.
Después de más de sesenta años, sus efectos acumulados han incidido profundamente en las condiciones de vida de la población y en las posibilidades de crecimiento del país.
Uno de los aspectos más cuestionables de esta política es su carácter extraterritorial. No solo restringe las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, sino que además busca impedir o castigar a terceros países, empresas e instituciones financieras que mantengan vínculos económicos o comerciales con la isla.
Esta práctica tensiona principios básicos del derecho internacional, como la soberanía de los Estados, la igualdad jurídica y la no injerencia en sus asuntos internos.
Además, el alcance del bloqueo es mucho más amplio y se expresa en una serie de sanciones que buscan aislar económicamente a la isla a nivel global. Por ejemplo, navieras cuyos barcos transportan combustible o mercancías hacia Cuba pueden ser sancionadas e incluso quedar impedidas de ingresar posteriormente a puertos estadounidenses.
Del mismo modo, bancos e instituciones financieras de otros países han enfrentado multas o restricciones por procesar transacciones vinculadas al Estado cubano. Este tipo de medidas, que alcanzan a actores de terceros países, evidencian el carácter extraterritorial del bloqueo y sus efectos sobre el comercio y las relaciones financieras internacionales.
A ello se suma un hecho evidente: Cuba claramente no representa una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. Mantener ese argumento resulta difícil de sostener en un mundo que exige cooperación, diálogo y soluciones diplomáticas a los conflictos.
Por el contrario, incluso en medio de enormes dificultades económicas, Cuba ha demostrado una reconocida vocación de solidaridad internacional, particularmente en el ámbito de la salud y la cooperación médica, una solidaridad de la cual Chile tampoco ha estado ajeno.
La comunidad internacional lo ha entendido así. Año tras año, en la Asamblea General de Naciones Unidas, una abrumadora mayoría de países se pronuncia a favor del levantamiento del bloqueo, entre ellos Chile en sus diferentes gobiernos desde el retorno a la democracia, reafirmando que este tipo de medidas unilaterales no contribuyen a resolver los desafíos globales, ni a fortalecer la convivencia entre las naciones.
Desde Chile, un país que históricamente ha defendido el multilateralismo y el respeto al derecho internacional, no podemos permanecer indiferentes frente a una política que ha demostrado ser injusta y criminal.
Si realmente queremos avanzar hacia un mundo basado en la cooperación y el respeto entre los pueblos, es necesario poner fin a medidas que castigan a los pueblos y dificultan el desarrollo de los países.
Boris Barrera, Diputado
