Por Pablo Jofré Leal, Periodista y Analista Internacional
El complejo militar industrial estadounidense es una bestia con fauces abiertas, permanentemente. Con un apetito voraz, difícil de saciar y que, bajo la segunda administración de Donald Trump, está con la voluntad de militarizar el espacio exterior, para lograr el control hegemónico total del mundo.
Lo anterior, mediante la creación de un escudo antimisiles que se vislumbra sin garantía de éxito pero que, además, socava la débil seguridad global (1).
Una industria militar público-privada que es puntal económico de la sociedad estadounidense y sus administraciones de gobierno, sean estas demócratas o republicanas. Ellas, necesitan como el aire, para catalizar su economía y mantener una política de hegemonía, generar estados de inseguridad global, procesos de desestabilización, miedos colectivos en los cinco continentes y guerras de agresión que hagan necesario, según las hipótesis de guerra imperialistas, tener armas y ejércitos con tecnologías cada día más onerosas y destructivas.
Bajo ese marco y en aras de innovaciones en políticas bélicas de múltiples aristas, el gobierno de la segunda administración de Trump, al amparo de la estrategia de seguridad nacional dada a conocer a fines del año 2025 (2) está desarrollando un sistema de defensa de misiles antibalísticos escalonado que ha denominado “Cúpula Dorada” (Golden Dome por su denominación en inglés) en clara referencia al gusto áureo que tiene el inquilino de la Casa Blanca.
Un procedimiento escalonado, que suele definirse como de multinivel o múltiples capas, en base a armas interceptoras que le permite a este complejo derribar misiles enemigos principalmente balísticos y de crucero. En materia de misiles hipersónicos, los cuales están en posesión de la Federación Rusa, Corea del Norte y la República Islámica de Irán, no existe, en la actualidad, un sistema de contención eficiente y ese es, a estas alturas del año 2026, uno de los frenos más importantes en este proyecto militar.
Un propósito que, claramente, desea reeditar lo que se llamó la Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE), desarrollada por la administración del expresidente Ronald Reagan. El objetivo de esta IDE –conocida popularmente como Guerra de las Galaxias– era crear un escudo espacial y terrestre con tecnología láser que permitiera destruir los misiles nucleares de la ex Unión Soviética antes que estos pudieran alcanzar territorio estadounidense y con ello evitar y hacer obsoleta la hipótesis de destrucción mutua asegurada.
Un proyecto, criticado desde sus inicios, en el cual, sólo entre los años 1983 a 1989 se invirtieron 30 mil millones de dólares de la época, equivalentes a $97.967 millones de dólares actuales, considerando una inflación acumulada estimada superior al 226% en el período.
Un altísimo costo, inviabilidad tecnológica inicial e incrementar las tensiones armamentísticas con la ex Unión Soviética fueron las críticas en aquella época. Hoy, congresistas demócratas estadounidenses han llamado a este proyecto, como un camino «prohibitivamente costoso, operativamente ineficaz, enormemente corrupto y perjudicial para la seguridad de Estados Unidos y del mundo» (3).
Similar a la IDE, esta «Cúpula Dorada de Trump» tiene un costo estimado en cifras cercanas a los 200 mil millones de dólares, y se sospecha con enorme temor que generará una carrera armamentística como nunca en la historia.
Trump ha afirmado que espera que este escudo esté operativo el año 2029 pero… diversos analistas e incluso la Oficina de Presupuesto del Congreso han señalado que el costo total de este proyecto podría alcanzar los 600 mil millones de dólares en las próximas dos décadas. Muy lejano de las estimaciones presupuestarias y temporales.
Dinero que, no sólo saldrá de las arcas fiscales estadounidenses, sino que significará fuertes presiones para los aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que deberán aportar ingentes cifras de dinero que saldrán del aumento del 2 al 5% del Producto Interno Bruto (PIB) destinado a armas antes del año 2035.
Esto implica gastar 510.000 millones de euros más al año para alcanzar el objetivo del 5% del PIB dedicado a los gastos militares (4) y que significará fuertes recortes de gasto social.

Sumemos además otro tipo de presiones, como aquella que implica cesiones territoriales. Hablamos de la política de Trump de forzar a Dinamarca la entrega de Groenlandia, considerado un eje articulador del Golden Dome, que pretende desarrollar este escudo antimisiles donde la gigantesca isla posee una posición geográfica clave entre América del Norte, Europa y Asia, siendo considerada una ruta de trayectoria misilística, supuestamente desde Rusia e incluso desde la República Popular China, hacia Estados Unidos.
Este camino de establecer un domo antimisiles y exigir cesiones de territorios, es una muestra incuestionable de las ambiciones estadounidenses para intervenir la ruta marítima del norte de Rusia, en el plano general de las coacciones en el círculo polar ártico. Estados Unidos pretende apoderarse así de Groenlandia. Posesión danesa donde se pretende instalar o reforzar sistemas estratégicos como radares de detección temprana, equipos de seguimiento de misiles y nueva infraestructura satelital y espacial.
El evidente desbalance en el poder que la Cúpula Dorada traerá consigo, implica forzar respuestas de países como la Federación de Rusia y la República Popular China, para contender con este proyecto ofensivo. Uno que requiere una amplísima red de satélites tanto de reconocimiento como de acción de combate efectivo que permita: rastrear en tiempo real con absoluta precisión el lanzamiento de misiles enemigos y neutralizarlos mediante armas, ya sea láser, cinéticas o denominadas también de radiofrecuencia orbitales.
El 2025, Rusia y China emitieron una declaración conjunta donde se condenó esta pretensión estadounidense de utilizar el espacio exterior, bajo la acusación de intentar hacerlo un sitio inseguro y utilizado como frente de ataque. Ambos países, en el contexto del 80º aniversario de la victoria en la Segunda Guerra Mundial y de la fundación de las Naciones Unidas, destacaron «la suma importancia de mantener y fortalecer la estabilidad estratégica mundial».
En la mencionada declaración, que consigno detalladamente (5) por la relevancia que posee, se sostuvo que «el recientemente anunciado programa ‘Cúpula Dorada’ resulta profundamente desestabilizador. Se trata de un programa a gran escala diseñado para establecer un sistema de defensa antimisiles global, multicapa y sin restricciones, capaz de proteger contra cualquier amenaza de misiles, incluyendo misiles de cualquier tipo provenientes de adversarios de similar o casi similar capacidad».
En primer lugar, esto implica un rechazo absoluto a la interrelación inseparable entre las armas estratégicas ofensivas y defensivas, uno de los principios fundamentales para el mantenimiento de la estabilidad estratégica global. El proyecto también impulsa el desarrollo de medios cinéticos y no cinéticos para la neutralización de misiles antes de su lanzamiento, así como la infraestructura que respalda su empleo.
La situación se agrava aún más por el hecho de que el programa «Cúpula Dorada» también prevé directamente un fortalecimiento significativo del arsenal de medios para llevar a cabo operaciones de combate en el espacio, incluido el desarrollo y el despliegue orbital de sistemas de interceptación, convirtiendo el espacio exterior en un entorno para la colocación de armas y una arena para la confrontación armada.
Así, ambas partes -Rusia y China- se oponen a los intentos de algunos países de utilizar el espacio ultraterrestre para la confrontación armada y anunciaron que contrarrestarán las políticas y actividades de seguridad dirigidas a lograr la superioridad militar, así como la definición y el uso oficial del espacio ultraterrestre como un «dominio de guerra».
Efectivamente, es un propósito que va destinado a terminar de derribar la frágil estructura de seguridad existente, en beneficio de las ambiciones de mantener una hegemonía a la baja, por parte de Estados Unidos, sirviéndose de sus aliados.
Desde la propia estructura militar y política estadounidense, han surgido criticas respecto a llevar adelante este multimillonario plan militar. Pero, sobre todo se coincide, transversalmente, que «Golden Dome» lo que persigue, esencialmente, es presionar a Rusia y a China en los necesarios procesos de negociación sobre limitación de armamentos.
A diferencia de Estados Unidos, que se empecina en su política de hegemonía y arrogancia, la Federación de Rusia y la República Popular China han presentado, en múltiples oportunidades, propuestas que permitan mitigar la escalada armamentística e incluso detenerla en aras de la seguridad mundial.
Ya el año 2008, en la Conferencia de Desarme de Ginebra, celebrada los días 31 de marzo y 1 de abril de aquel año, ambas potencias presentaron un proyecto de tratado internacional para prevenir la carrera de pertrechos y la militarización del espacio ultraterrestre. Dentro de los puntos se consigna la necesidad de prohibir el emplazamiento de cualquier tipo de arma en la órbita terrestre y la destrucción de objetos espaciales.
Aquel histórico encuentro implicó, posteriormente, la entrega de un completísimo informe de la Conferencia, que fue organizado por el Instituto de las Naciones Unidas de Investigación sobre el Desarme (UNIDIR por sus siglas en inglés) titulada «La seguridad en el espacio: la próxima generación» y que invito a leerlo en el documento adjuntado a pie de página, por la importancia histórica que reviste (6).
La Asamblea General de la ONU es, aún y a pesar de su debilidad, la principal palestra de reunión de los países del mundo. Un punto de discusión y revisión de las resoluciones que han emanado de las Conferencias Sobre el Desarme. Allí, en forma mayoritaria, los países han votado a favor de los acuerdos tomados y comparten la visión y esfuerzos de Rusia y China en esta línea. Y, en general, Estados Unidos y sus aliados más estrechos votan en contra, en forma crónica e irresponsable.
Analistas como Brian Tierney, exfuncionario del Pentágono y ahora en el Center for Arms Control and Proliferation, tacha a «Cúpula Dorada» de ser «esencialmente una estafa» dispuesta a gastar miles de millones en algo que no funcionará, ya que los misiles enemigos son mucho más baratos de producir que los interceptores necesarios.
Por su parte, Laura Grego, de Union of Concerned Scientists, lo califica de «mala idea, costosa y vulnerable» y que significaría decenas de miles de satélites saturables por ataques masivos de misiles.
La experta en armamento nuclear y astrofísica sospecha que el interés va por el hecho que «hay mucho dinero por ganar» para los involucrados, entre los que se cuentan, además de conocidos contratistas como Lockheed Martin o SpaceX, empresas emergentes surgidas de Silicon Valley como Anduril o Palantir (6) deseosas de hacerse con algunos trozos de los cientos de miles de millones de dólares del faraónico proyecto militar.
Ya el espacio está saturado de satélites. Se calcula a diciembre del 2025 que 11.700 satélites activos orbitan la Tierra, según el astrónomo Jonathan McDowell del Harvard & Smithsonian Center for Astrophysic. La mayoría están en la órbita terrestre baja (por debajo de 2.000 km), liderados por la denominada megaconstelación Starlink de Space X, perteneciente al trillonario Elon Musk, que aporta el 60% del total de satélites. Se considera que el 35% de ese total de artefactos corresponde a ingenios militares.
Es indudable que Golden Dome es una idea plagada de contradicciones y complejidades, como la idea de derribar misiles en sus distintas fases de vuelo combinando una serie de artilugios de tecnología avanzada: sensores, radares de largo alcance, misiles interceptores del tipo Arrow, THAAD, que se usan en la actualidad por el régimen sionista israelí en el llamado Escudo de Hierro y la Honda de David que, en la guerra de agresión contra la República Islámica de Irán, han mostrado sus falencias estructurales.
Cada día más, el mundo político estadounidense, los análisis internacionales y los medios de información van señalando, en forma abrumadora, que la iniciativa faraónica de Donald Trump respecto a dotarse de un sistema estilo Guerra de las Galaxias, versión 2026, es sólo un volador de luces destinado a fortalecer la imagen de un mandatario cada día más megalómano.
Un mandatario que está destruyendo las pocas estructuras de seguridad internacional existentes, destinado a ser utilizado como instrumento de presión contra los que se considera sus rivales geopolíticos y que en su obsesión por concretar «sueños inalcanzables» es capaz de poner al mundo en peligro. Tal como lo está haciendo en múltiples áreas. Un proyecto fastuoso que supone una carga financiera adicional, multimillonaria no sólo para el ya monumental presupuesto de guerra de Estados Unidos, sino también para sus socios de la OTAN.
En este marco el llamado a la denominada comunidad internacional y las sociedades del mundo es atender y apoyar las iniciativas de China y la Federación de Rusia de no colocar ningún tipo de armamento en órbitas cercanas al planeta, que permitirían fortalecer así la seguridad internacional.
Es inaceptable concretar las ambiciones exclusivamente mediáticas de Donald Trump, criticadas urbi et orbi.
Pablo Jofré Leal – Articulo Para Hispantv
NOTAS
- https://www.chathamhouse.org
- https://www.hispantv.com/noticias
- https://www.elmundo.es
- https://legrandcontinent.eu
- https://www.fmprc.gov.cn
- https://documents.un.org/doc
- https://www.cooperativa.cl/noticias
El Ciudadano
