El año 2026 marca 55 años desde que Chile y Vietnam establecieron oficialmente sus relaciones diplomáticas, una de las relaciones bilaterales más antiguas entre Vietnam y un país latinoamericano. Con motivo de la conmemoración de 55° aniversario de las relaciones diplomáticas entre Vietnam y Chile, El Ciudadano ha entrevistado al Señor Nguyễn Việt Cường, Embajador Extraordinario de la República Socialista de Vietnam en Chile, sobre el recorrido de 55 años de relaciones bilaterales, las oportunidades de cooperación que se abren y el significado de este vínculo en el contexto mundial actual.
-En 1971, en un contexto internacional marcado por profundas tensiones geopolíticas, Chile se convirtió en uno de los primeros países de América del Sur en establecer relaciones diplomáticas con Vietnam, que entonces se encontraba en plena guerra. Al mirar atrás después de 55 años, ¿qué revela aquella decisión sobre los fundamentos de la relación bilateral?
-El 25 de marzo de 1971 no fue simplemente un hito histórico en las relaciones bilaterales, sino la expresión de una decisión política clara, adoptada en un contexto internacional marcado por la división del mundo en bloques antagonistas y por intensas presiones para que cada nación tomara partido. En ese escenario, Chile optó por establecer relaciones con Vietnam, que entonces libraba una guerra de resistencia por su independencia y reunificación nacional, a casi 19.000 kilómetros de distancia. Se trató de una opción por una diplomacia independiente, basada en el respeto del derecho de autodeterminación de los pueblos y en la voluntad de seguir un camino propio.

Ello tuvo un significado especial para el pueblo vietnamita, que en aquel entonces luchaba precisamente por su autodeterminación. Este hecho constituyó el primer punto de encuentro entre ambos pueblos, no en la geografía ni en el comercio, sino en una convicción fundamental: el derecho de cada nación a elegir su propio camino.
Precisamente esa convicción compartida fue la que sentó las bases de los 55 años de relaciones que le siguieron. En la actualidad, Vietnam mantiene asociaciones eestratégicas integrales con 15 países y organizaciones, incluidos los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Este es el resultado de una política exterior independiente y autónoma, orientada a ampliar y profundizar las relaciones con todos los socios sobre la base del respeto mutuo, que Vietnam ha sostenido de manera coherente a lo largo de las décadas.
En este amplio entramado de vínculos, Chile ocupa un lugar especial: es un amigo que estuvo presente en los momentos más difíciles, el primer país latinoamericano en suscribir un Tratado de Libre Comercio bilateral con Vietnam y un socio con el que comparte tanto el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) como el Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP).
El pueblo vietnamita tiene una larga tradición de valorar a quienes estuvieron hombro con hombro en los momentos más difíciles. Para nosotros, ello no es solo una expresión de afecto, sino el fundamento de una confianza duradera, más sólida que cualquier documento.
«Chile ocupa un lugar especial: es un amigo que estuvo presente en los momentos más difíciles, el primer país latinoamericano en suscribir un Tratado de Libre Comercio bilateral con Vietnam»
-A lo largo de más de medio siglo, tanto Vietnam como Chile han experimentado profundas transformaciones, cada uno siguiendo su propio camino. ¿Qué factores han permitido sostener la solidez de esta relación?
-A mi juicio, lo que ha sostenido la solidez de la relación bilateral es un principio que ambas partes han aplicado con coherencia: el respeto por las opciones de desarrollo de cada país y la no injerencia en los asuntos internos del otro. Si bien ambos países presentan trayectorias históricas y condiciones de desarrollo distintas, coinciden en valores fundamentales de las relaciones internacionales, como el respeto del derecho internacional, el compromiso con el comercio multilateral y una política exterior independiente. Precisamente, esta convergencia de valores ha forjado una base de confianza que se ha mantenido firme a lo largo del tiempo.
Cuando existe confianza política, las relaciones económicas pueden profundizarse y ampliarse de manera integral, extendiéndose hacia ámbitos en los que ambas partes se complementan. Desde su participación conjunta en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), ambos países han ido construyendo gradualmente esa base de confianza, reconociendo la complementariedad de sus intereses, condición que hizo posible la firma del Tratado de Libre Comercio bilateral en 2014, el primero y único que Vietnam ha suscrito de manera individual con un país latinoamericano. El Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), negociado en el marco de la Cumbre de APEC de 2017 en Vietnam y firmado en Santiago de Chile en 2018, constituyó un paso decisivo en esa misma dirección, contribuyendo a consolidar y proyectar dicha base de confianza.
En noviembre de 2024, el Presidente de Vietnam Luong Cuong realizó una visita oficial a Chile. Se trató de la primera visita a nivel de jefe de Estado en 15 años y de una valiosa oportunidad para que ambas partes proyectaran la relación hacia el futuro y definieran nuevas orientaciones de cooperación para la próxima etapa.
Esta visita refleja el carácter verdaderamente maduro de la relación bilateral: una relación confiable, sólida y con una clara vocación de seguir avanzando hacia nuevas etapas.
«Cuando existe confianza política, las relaciones económicas pueden profundizarse y ampliarse de manera integral»
– Considerando dos economías —una que dispone de recursos estratégicos para la transición energética global y otra que constituye un importante centro de producción y exportación en Asia—, el comercio bilateral, cercano a los 1.800 millones de dólares, muestra un crecimiento sostenido, aunque aún se sitúa por debajo de su verdadero potencial. En su opinión, ¿cuáles son las principales barreras que explican esta brecha?
-La confianza constituye la base para el desarrollo sustantivo de las relaciones económicas. Sin embargo, contar con condiciones favorables es una cosa, y aprovechar plenamente el potencial es otra.
En el plano institucional, la base de cooperación entre ambos países es ya sólida: el Tratado de Libre Comercio bilateral vigente desde 2014, la membresía compartida en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) y el Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), firmado en Santiago de Chile en 2018.
El desafío ahora radica en seguir fortaleciendo vínculos más directos entre empresas, entre comunidades científicas y entre los propios ciudadanos de ambos países. La distancia geográfica, que incrementa los costos de transporte, así como el conocimiento aún limitado del mercado del otro —especialmente entre las pequeñas y medianas empresas—, continúan siendo obstáculos concretos. Muchas empresas conocen la existencia de estos acuerdos, pero aún no han logrado traducirlos plenamente en oportunidades concretas.
El actual contexto internacional está impulsando a ambas partes a estrechar aún más sus vínculos. En un escenario en que las cadenas globales de suministro se están reconfigurando y en el que las empresas ya no buscan únicamente socios competitivos en términos de costos, sino también socios confiables, Vietnam y Chile cuentan con una ventaja concreta: 55 años de relaciones ininterrumpidas constituyen una prueba de confianza que pocos vínculos pueden exhibir.
Desde la perspectiva de sus estructuras económicas, Chile es el mayor productor mundial de cobre y uno de los principales exportadores de litio —dos minerales clave para la transición hacia energías limpias—, mientras que Vietnam se ha consolidado como un importante centro de producción electrónica en Asia, con una creciente demanda precisamente de estos insumos. No se trata de una relación en la que una parte exporta materias primas y la otra productos elaborados, sino de un vínculo entre dos economías que avanzan conjuntamente hacia un modelo de crecimiento verde y sostenible, en el que las fortalezas de cada una responden a las necesidades de la otra.
En los estantes de los supermercados de Hanói y Ciudad Ho Chi Minh, productos como las cerezas y el salmón chilenos ya forman parte del consumo habitual, lo que constituye una señal concreta de cómo la distancia de casi 19.000 kilómetros se acorta progresivamente.
Vietnam también tiene mucho que aprender de Chile: su experiencia en la gestión de recursos naturales, su modelo de transición hacia energías renovables —incluida la estrategia de hidrógeno verde actualmente en desarrollo—, así como su capacidad para posicionar productos agrícolas de alta calidad en los mercados internacionales. Este espíritu de aprendizaje mutuo constituye, a mi juicio, el fundamento de una cooperación verdaderamente sostenible.
«El desafío ahora radica en seguir fortaleciendo vínculos más directos entre empresas, entre comunidades científicas y entre los propios ciudadanos de ambos países»
– Vietnam y Chile se sitúan en orillas opuestas del Pacífico, con realidades geográficas e históricas distintas. Sin embargo, al observar la manera en que ambos países se proyectan hacia el mundo —a través de amplias redes de socios y de un compromiso sostenido con la integración—, da la impresión de que, desde puntos de partida diferentes, han convergido en una visión compartida del orden internacional. ¿Comparte esta apreciación?
-Las cifras comerciales y los acuerdos bilaterales dicen mucho, pero detrás de ellos subyace algo más profundo: la forma en que cada país concibe su lugar en el mundo y se vincula con él. Mi experiencia de vida y trabajo en Chile me ha permitido apreciar esta dimensión con mayor claridad.
Chile proyecta la imagen de un país con una marcada vocación de apertura al exterior: una estrecha franja de tierra que, apoyada en la cordillera de los Andes por un lado y abierta al océano Pacífico por el otro, ha construido una de las redes comerciales más extensas de América Latina, con más de 30 tratados de libre comercio que abarcan 64 economías. Para impulsar su desarrollo, Chile ha optado por mirar hacia el mar, diversificar sus socios y fortalecer su inserción en la economía global.
Vietnam, con una geografía y una trayectoria histórica distintas, ha llegado a una conclusión similar. Situado en la confluencia de importantes rutas marítimas y comerciales, y forjado por una historia que ha exigido gran habilidad en las relaciones con las principales potencias de la región, el país comprendió tempranamente que su fortaleza no radica en el aislamiento, sino en la construcción de vínculos amplios sobre la base de la independencia y el respeto mutuo. Con más de 17 tratados de libre comercio, Vietnam se sitúa hoy entre las economías más abiertas del mundo, resultado de una decisión estratégica y deliberada.
En mis encuentros con el pueblo chileno, suelo percibir una empatía natural hacia Vietnam, así como una cercanía que da la impresión de que ambos pueblos se conocieran desde siempre. No se trata de una coincidencia. A través de trayectorias distintas, ambos han convergido en una misma convicción: la fortaleza de una nación no proviene del aislamiento, sino de saber abrirse de manera adecuada, integrándose ampliamente al mundo sin renunciar a su identidad y soberanía.
En el contexto internacional actual, en el que no pocos países están revisando su compromiso con la integración y levantando nuevas barreras al comercio y a la inversión, esta afinidad de visión entre Vietnam y Chile adquiere aún mayor valor. Desde orillas opuestas del Pacífico, ambos países demuestran que la integración internacional y la independencia soberana no son conceptos contrapuestos, sino principios que se refuerzan mutuamente.
«Hace 55 años, en un mundo dividido, dos países se encontraron desde extremos opuestos del planeta»
–Señor Embajador, con motivo de este 55.º aniversario, más allá de los intereses bilaterales, ¿qué mensaje cree usted que la relación entre Vietnam y Chile puede aportar al mundo actual?
-La convicción compartida que ambos pueblos han forjado —que la integración y la independencia soberana no se contraponen— es, a mi juicio, precisamente el aporte que la relación entre Vietnam y Chile puede ofrecer al debate del mundo actual. El orden internacional atraviesa profundas transformaciones: el proteccionismo se acentúa, la competencia geopolítica se intensifica y los desafíos comunes —como el cambio climático, la seguridad energética o la estabilidad económica— exigen más cooperación internacional que nunca.
En este contexto, Vietnam y Chile demuestran con hechos concretos su compromiso con el comercio multilateral, con las instancias de cooperación internacional como el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) y el Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), así como con el principio de solución de controversias sobre la base del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas. Esta es la forma en que los países que conciben la cooperación internacional como un interés estratégico de largo plazo contribuyen a la estabilidad global: no a través de declaraciones, sino mediante acciones coherentes y sostenidas.
Los 55 años de relaciones entre Vietnam y Chile constituyen, a mi juicio, una demostración de que dos países situados en extremos opuestos del mundo, con realidades distintas, pueden construir una relación cada vez más profunda y duradera cuando sitúan el respeto mutuo como su fundamento y comparten una misma convicción en la paz, la cooperación y el desarrollo.
Hace 55 años, en un mundo dividido, dos países se encontraron desde extremos opuestos del planeta. Al mirar ese recorrido y proyectarlo hacia el futuro, estoy convencido de que las páginas más significativas de la amistad entre Vietnam y Chile aún están por escribirse.
El Ciudadano
