Columna de opinión

El gobierno más idiota de la historia

Nunca hemos tenido una derecha tan idiota. No lo digo por denostar al gobierno actual, sino que no creo que exista otro apelativo más preciso que describa lo que está haciendo contra la ciudadanía chilena.

El gobierno más idiota de la historia

Por Felipe Ponce Bollmann

Es curioso que, a diferencia del gobierno de Piñera, en la distopía criolla que estamos viviendo cueste tanto hacer humor. No sale de la misma forma ¿Será aquello atribuido a Adorno de que, después de Auschwitz, no es posible hacer poesía? Es difícil hacer algo puramente humano en un medio inhumano. Aun así, apuesto por una analogía: un jugador de póker que muestra sus cartas no sólo demuestra que es un mal jugador o que no sabe las reglas del juego, sino que también, además, es un idiota.

Nunca hemos tenido una derecha tan idiota. No lo digo por denostar al gobierno actual, sino que no creo que exista otro apelativo más preciso que describa lo que está haciendo contra la ciudadanía chilena. Hemos estado acostumbrados a que la burguesía chilena operara como las sombras proyectadas en la cueva platónica. Se esforzaban por distinguirse, de travestir lo antidemocrático en democrático, en ser víctimas en lugar de victimarios, en robar, manipular o coludirse, y ser inocentes de todo. Al fin y al cabo, para ello tienen a los medios tradicionales. Pero se mimetizaron como Camila Flores al estúpido baile de Trump.

Pero parece que los dispositivos de manipulación no están funcionando como esperaban. De nuevo lo blanco vuelve a ser blanco, y lo negro, negro. Por mucho tiempo, estábamos acostumbrados a creer que las crisis salariales, el desempleo y el estancamiento económico conformaban un problema racial, del último contra el penúltimo, de indios e inmigrantes que robaban derechos a los mestizos, y no de los problemas estructurales de uno de los sistemas cuya élite empresarial, de los pocos apellidos que dominan la escena financiera del país, que todos conocemos, siga siendo tan egoísta y antipatriota que es incapaz de contribuir al desarrollo del país, sino que todo lo contrario, lo obstruye. No hace falta que ninguna izquierda lo diga, porque se están ofreciendo gratis, regalando, como diríamos en buen chileno. El Gobierno día a día lo está dejando meridianamente claro.

Insisten los portavoces mediáticos de la derecha, llámese Mónica Rincón, Iván Valenzuela, o cualquier otro nombre enquistado en la pantalla nacional, que es la izquierda la que obstruye. Y lo repiten tantas veces como ven la oportunidad mientras no se hable de quienes realmente obstruyen el desarrollo de la industria nacional, de la protección de nuestro medio natural, de nuestra cultura y nuestra educación, de nuestro bolsillo, de nuestros hijos y nuestros mayores. Nunca escucharemos sus nombres en boca del Neme, o de cualquiera de los colegas del gremio. Siempre será la izquierda obstruccionista, la que necesita autocrítica permanente. La gente se está dando cuenta que es otra carta descubierta, otro componente de la desintegración acelerada de la élite chilena. Para nadie es un misterio las multas millonarias por desinformar de Meganoticias, o quién era el patito azul de Canal Trece. Nuevamente: idiotas, todos.

Tenemos a un gobierno idiota que está corriendo tan rápido en demostrar lo ideológico que es, que le queda muy poco tiempo para darse de frentón contra la muralla.

Es terrible y alentador pensar en la oportunidad que tenemos de desplegar toda la fuerza popular contra esta clase social minúscula que concentra tanto poder, mediático incluido. Tenemos a un gobierno idiota que está corriendo tan rápido en demostrar lo ideológico que es, que le queda muy poco tiempo para darse de frentón contra la muralla. Esto en las calles se llama agudizar las contradicciones, un ejemplo de manual de la lucha de clases. Sigue tan vigente, hoy más que nunca, reconocer dos conceptos fundamentales para defender lo poco que tenemos y lo poco que nos queda por preservar, sobre todo ahora que se avecina una fecha emblemática como es el Primero de Mayo.

El Gobierno seguirá mostrando sus cartas. Un ministro de Cultura, un pésimo jugador de póker, que cree que el Rodeo es cultura; que es culto quitarle el pase cultural a la gente que consideran inculta. Y ojo: no es republicano. Se llaman de centroderecha. Sorprende lo bien que han encajado ideológicamente los liberales que lloran por la democracia con los extremistas de ultraderecha. Qué rápido se agudizarán esas contradicciones en el mundo cultural. Una vocería de gobierno que hace que La Moneda sea un espectáculo de Mekano. Quizá su sucesor sea el señor Viñuela. Todo se puede esperar de un gobierno que parece salido de un programa de Sin Filtros.

No hace falta hacer ninguna predicción sobre el futuro de este gobierno. Creo que todos intuimos hacia dónde se dirige. Nuevamente no entienden nada y son tan idiotas que constantemente dejan ver sus cartas. Filtran sus minutas y toman decisiones impulsivas, ideológicas. No se esconden y muestran lo que verdaderamente son, ejerciendo la mentira, la manipulación y que nos alejan más de lo que acaso es el único recurso que tenemos la mayoría social, que es el Estado y los servicios públicos. Al final, el Estado es tan eficiente que lo usan gustosamente: gastan desorbitantes millones en bencina o en Becas Chile al hijito de Kast, esos que viven en La Moneda, los que viven del Estado. Creo que el apelativo de parásitos también es preciso con estos antecedentes.

Ciertamente, no entienden que los procesos sociales no se detienen, que es una afirmación con tanta verdad histórica que lo estamos viviendo con mucha crudeza. Creen que les puede funcionar como en Argentina, El Salvador o en Estados Unidos. No sólo son experiencias que envejecen mal, sino que demuestra, una vez más, la profunda ignorancia de la realidad social e histórica de nuestro país.

Por Felipe Ponce Bollmann

Sociólogo, U. Complutense de Madrid.


Las expresiones emitidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de su autor(a) y no representan necesariamente las opiniones de El Ciudadano.

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