Prometió enfocar su gestión en la transparencia institucional, el trato igualitario y la urgencia de reformar el sistema de nombramientos.
El pasado martes 6 de enero y bajo una ovación que rompió con 202 años de tradición masculina, la ministra Gloria Ana Chevesich asumió la presidencia de la Corte Suprema. La ceremonia, realizada en el Palacio de los Tribunales ante el Presidente Gabriel Boric, marcó el inicio de una gestión que buscaría reconstruir urgentemente la credibilidad de un sistema golpeado por escándalos de probidad.
En su discurso, la magistrada no dudó en abordar la crisis institucional que ha venido afectando al país. De este modo, Chevesich sostuvo que “cuando se deja de confiar en la justicia, no solo se resiente el servicio judicial, sino también el Estado de derecho, y, todavía más, el sistema democrático”, poniendo el dedo en la llaga sobre la gravedad de los hechos detectados.
La trayectoria de la nueva presidenta, conocida por su rol en el caso MOP-Gate, respaldaría su promesa de imparcialidad frente al poder. Durante la ceremonia, reconoció la indignación ciudadana por la desigualdad ante la ley, asegurando que rechaza: “rotundamente a quienes pretenden hacer valer supuestos privilegios y he dado muestras de ello. Lo que enaltece nuestra labor es el trato igualitario que debemos dar a todos los justiciables”.
Pese a la dureza de sus palabras, la Ministra defendió la honra de los miles de funcionarios que trabajan con integridad en todo Chile. Al respecto, señaló que “lo hecho por algunos pocos no puede ser un estigma para la inmensa mayoría que trabajamos honesta y esforzadamente”, haciendo un llamado a separar las conductas individuales del compromiso de la institución.
Su ascenso también representa un mensaje de empoderamiento para las nuevas generaciones de mujeres, pues en un momento se dirigió a las niñas y adolescentes para afirmar que “pese a las barreras de género, no existen límites insuperables, y con trabajo, estudio y perseverancia, las mujeres podemos asumir las más altas responsabilidades”, celebrando el fin de una exclusión histórica.
Finalmente, Chevesich instó al Gobierno y al Congreso a priorizar la reforma al sistema de nombramientos para blindar a los jueces de presiones externas. Con este paso, la primera presidenta de la Suprema inicia un camino donde la transparencia y el servicio público serán los ejes para recuperar la confianza de la ciudadanía.
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