PSYOPS digital: ¿Están usando a los Therians para que olvidemos los crímenes de los intocables del caso Epstein?
En la era de la sobreinformación, la pregunta ya no es qué ocurre en el mundo, sino qué decidimos que veamos. Mientras las redacciones y los algoritmos de las redes sociales vibran con una supuesta «moda adolescente» que inunda los feeds de vídeos sobre jóvenes que se identifican como animales (Therians), al otro lado del espejo, la justicia y la ciudadanía asisten a la desclasificación más turbia de la historia reciente: los archivos de Jeffrey Epstein. La disonancia entre lo que consumimos y lo que deberíamos saber es, cuando menos, inquietante.
El periodista Allan_Lorence, a través de la comunidad informativa AJ+, ha lanzado una serie de preguntas: ¿Están usando un hobby adolescente para que te olvides del abuso de los millonarios?
En su análisis, Lorence observa que la masiva viralización de los Therians en Occidente coincide sospechosamente con momentos de alta tensión política y revelaciones incómodas, como las filtraciones masivas del caso Epstein, la reforma laboral de Javier Milei en Argentina o la crisis humanitaria en Cuba.
Lejos de ser una teoría conspirativa sin fundamento, AJ+ recuerda que esto tiene un nombre en los manuales de guerra moderna: PSYOPS (Operaciones Psicológicas). «Una táctica comprobada es el diluvio de información, que consiste en inundar tu feed con temas ridículos para causarte fatiga informativa y distraerte», señala el reportaje. Casos documentados como la operación Ernest Boyce —donde el ejército de EE.UU. usaba perfiles falsos para manipular narrativas— demuestran que la guerra ya no se libra con panfletos desde aviones, sino con algoritmos que deciden qué merece nuestra atención. Y aunque no se pueda probar que la CIA esté detrás de los vídeos de los «lobos humanos», la conclusión de AJ+ es demoledoramente simple: los Therians no controlan la economía ni las leyes en el mundo. Las élites de Epstein, sí.
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Las cinco claves de la impunidad global: Epstein, el espejo turbio del poder
Mientras los focos apuntan a lo insólito, el caso Epstein sigue su curso judicial y mediático con la pesadez de un cadáver que se niega a ser enterrado. Como detalla Agenda Pública, nos encontramos ante «el espejo más turbio en el que se reflejan las élites internacionales«. Los más de tres millones de documentos desclasificados no son solo un listín telefónico de famosos; son la prueba de que la impunidad es el modus vivendi de los poderosos.
Las revelaciones son un viaje a las cloacas del sistema: desde la red de explotación sexual dirigida por la aristócrata Ghislaine Maxwell, hasta la «tormenta perfecta» de negligencias que permitió el «suicidio» de Epstein en una prisión de máxima seguridad en 2019, justo cuando estaba a punto de hablar. La desclasificación forzada por el Congreso —un movimiento que Trump permitió creyendo que perjudicaría a los demócratas— ha terminado salpicando a todos por igual. Nombres como Bill Clinton, Donald Trump, Elon Musk, o el príncipe Andrés —este último recientemente detenido en Reino Unido— pueblan los documentos. Sin embargo, la justicia avanza a dos velocidades: mientras en Reino Unido, Francia, Noruega o México se abren investigaciones penales, en Estados Unidos el caso se ha empantanado en una batalla política donde los nombres de los «intocables» aparecen sistemáticamente tachados o censurados por el Departamento de Seguridad. La pregunta que sobrevuela es inquietante: ¿quién y por qué sigue protegiendo a los dueños del poder?
El insólito silencio de la sotana: Chomalí habla de Therians, pero no de pederastia
En este contexto de crímenes sexuales sistémicos contra menores, redes de prostitución de élite y complicidades internacionales, la aparición de la voz del cardenal Fernando Chomalí, arzobispo de Santiago, resulta, cuando menos, grotescamente desenfocada. Mientras los archivos Epstein demuestran que existen redes de pederastia que operaban con la complicidad de banqueros, políticos y jefes de Estado, la máxima autoridad de la Iglesia en Chile ha decidido emplear su tribuna para analizar a los Therians, según publicación de El Dínamo.
Con una lucidez que muchos agradecerían aplicar a los crímenes que han azotado a su propia institución, Chomalí señala que «detrás de los Therians hay un desencanto de lo humano» y que los jóvenes están solos porque «los hemos abandonado», palabras que resultan insólitas y profundamente críticas por omisión.
Que un cardenal se pronuncie sobre la soledad de los jóvenes y su búsqueda de identidad en modas virales, pero no dedique una sola línea a los escándalos de pederastia que han destrozado las vidas de cientos de niños —y que involucran a personas de su misma institución— es un reflejo nítido de la hipocresía que denuncian los analistas.
La Iglesia, que ha sido señalada durante décadas por ocultar abusos sexuales en su seno, prefiere pontificar sobre una subcultura adolescente antes que enfrentar la realidad de que el abuso a menores no es una moda, sino un delito estructural que, como demuestra el caso Epstein, también anida en las élites globales.

