Columna / Titulares de la vergüenza: Cuando el periodismo se convierte en propaganda de ocupación
Por Jean Flores Quintana, politólogo
La historia no registrará este 3 de enero de 2026 por la supuesta «épica» de los marines, ni por la tecnología de sus aviones, sino como el día de la infamia global. El día en que Estados Unidos decidió, ante los ojos pasivos de Occidente, pisotear el derecho internacional y oficializar la piratería como política de Estado. Entrar a Caracas a punta de misiles Tomahawk, reventando la soberanía de una nación para secuestrar a un presidente en ejercicio, no es una «operación policial» ni una escena de Hollywood: es la ley de la selva impuesta por quien posee el garrote más grande.
Pero para que los bombardeos sobre los barrios obreros de El Valle y Coche no nos revuelvan el estómago, el Imperio necesita un arma más letal que el fósforo blanco: la colonización semántica. Lo que hoy irradian las cadenas globales y repite servilmente la prensa chilena no es periodismo; es propaganda de guerra destilada. Es un blanqueo moral diseñado meticulosamente para que aplaudamos nuestra propia sumisión.
Es urgente, por higiene mental y dignidad política, desmantelar el Diccionario del Engaño con el que pretenden adormecernos:
1. La Mentira de «La Caída» (Gravedad vs. Fuerza): Hoy los kioscos amanecen empapelados con el titular «La Caída de Maduro». No se dejen engañar por la semántica de la gravedad. Los gobiernos soberanos son derrocados por imperios. Al titular «caída», la prensa intenta borrar las huellas del agresor y vender la invasión como un proceso natural. Falso. Es la misma trampa que usan al decir que Allende «cayó» en 1973, borrando los Hawker Hunter de la ecuación. El gobierno bolivariano no colapsó; fue decapitado por una fuerza militar extranjera.
2. La Ficción del «Narcoestado» (El Lawfare Militarizado): Nos taladran con el «Cartel de los Soles». Entiéndanlo bien: este es el mito fundacional de la invasión, idéntico a las «Armas de Destrucción Masiva» en Irak. Es una construcción jurídica fantasma, sin evidencia física, creada en laboratorios de inteligencia para un solo fin: retirar la inmunidad diplomática de un Jefe de Estado y tratarlo como un capo. Es la única forma de darle un barniz de legalidad al crimen. No buscan justicia, buscan impunidad operativa.
3. No es «Extracción», es Secuestro: Los medios usan términos quirúrgicos para higienizar la sangre. La realidad es cruda: irrumpir con fuerza letal en un país ajeno y llevarse a una persona contra su voluntad es un secuestro aquí y en la quebrada del ají. Al usar eufemismos como «operación de extracción», la prensa se convierte en cómplice necesario, ocultando que la supuesta «precisión» gringa hoy tiene a Caracas sin luz y a familias buscando a sus muertos bajo los escombros.
4. No es «Tutela», es Saqueo (La Confesión de Vance): Si quedaba alguna duda del móvil económico, el vicepresidente J.D. Vance la disipó hoy con una frase que debería helarnos la sangre: «El petróleo robado debe ser devuelto». Léanlo dos veces. Para la Casa Blanca, el crudo bajo el suelo venezolano no pertenece a Venezuela, sino que es propiedad estadounidense «robada» por el soberanismo. Ya no disimulan. La «Operación Lanza del Sur» no es libertad, es una orden de embargo ejecutada con misiles. Trump no viene a liberar a un pueblo, viene a recuperar los activos de sus accionistas y asegurar la Faja del Orinoco.
Lo más doloroso de estas horas no es la violencia del agresor —que está en su naturaleza imperial—, sino el servilismo del vecino. La prensa chilena ha renunciado a cualquier atisbo de dignidad para operar como la oficina de relaciones públicas del Pentágono. Han reciclado el sangriento guión de Panamá ’89 para imponer una narrativa asfixiante donde la duda está prohibida.
Vemos cómo los matinales le extienden alfombra roja a voceros del intervencionismo, como Guarequena Gutiérrez y otros lobbistas de la ocupación, permitiéndoles justificar sin contrapeso ético el bombardeo de su propia tierra. Nos someten a un chantaje moral perverso: si no celebras la invasión, eres «cómplice de la dictadura». Han borrado a la resistencia institucional venezolana, que sigue en pie, para vender la falsa imagen de un consenso festivo.
Esta trampa mental es un suicidio geopolítico para Chile. Nos hemos transformado en la caja de resonancia de la vergüenza. Y no se equivoquen: esto nos afecta existencialmente. Si hoy legitimamos que Estados Unidos decida a bombazos quién gobierna y quién administra los recursos naturales en nuestro vecindario, estamos firmando nuestra propia sentencia. Mañana, con ese mismo «permiso» que hoy les otorgamos con nuestro silencio cómplice, vendrán a decidir sobre nuestro litio, nuestro cobre o nuestra soberanía en la Antártica bajo cualquier excusa que inventen en el momento.
El secuestro de Nicolás Maduro es un hecho gravísimo, pero el secuestro de la verdad es irreversible. Al comprar esta «fiesta de liberación» fabricada en Washington, estamos hipotecando nuestro futuro como nación independiente, arrodillándonos ante una potencia que nos acaba de recordar, con fuego y sangre, que para ellos no somos repúblicas hermanas, somos simplemente patios traseros disponibles para el saqueo.


