En una señal política que tensiona al máximo la agenda regional, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) cerró una cumbre extraordinaria sin declaración conjunta sobre Venezuela. La razón: un bloque de diez países, con Argentina a la cabeza —y con Perú, Bolivia y Ecuador entre sus integrantes— rechazó respaldar una condena de la CELAC contra Estados Unidos por la agresión y militar que derivó en el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
La reunión se realizó de forma virtual, convocada de urgencia por la presidencia pro témpore que ejerce Colombia. En ese marco, el canciller venezolano Yván Gil emplazó a los 33 países del organismo a fijar postura: “Los países de la Celac deben dar un paso al frente, porque callar ante esta agresión equivale a avalarlo”. Y reforzó el tono: “La CELAC no puede titubear. No puede dividirse entre condenas tibias y silencios cómplices”, además de exigir la liberación “inmediata e incondicional” de Maduro y Cilia Flores.
Condena de la CELAC: el bloque que frenó el consenso
Según lo expuesto, la posición de bloqueo estuvo integrada por Argentina y otros nueve países: Paraguay, Perú, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Panamá, República Dominicana y Trinidad y Tobago. En ese grupo, el canciller argentino Pablo Quirno habría sido una de las voces más firmes para impedir un comunicado común.
El quiebre no fue menor: el encuentro buscaba fijar una posición crítica frente a la intervención militar estadounidense en Venezuela, pero las diferencias internas dejaron al foro sin un texto compartido. Mientras algunos gobiernos empujaban una condena clara, el bloque disidente insistió en cuestionar la legitimidad del gobierno venezolano y subrayó el deterioro institucional y humanitario del país en la última década.
Condena de la CELAC vs. alineamiento con Washington
Antes de la reunión, Colombia, Brasil, Chile, México, España y Uruguay ya habían expresado públicamente su rechazo a la agresión militar ordenada por el presidente estadounidense Donald Trump, que terminaron con Maduro y Cilia Flores detenidos en Nueva York bajo cargos vinculados al narcotráfico y otros delitos federales.
En la vereda opuesta, el bloque liderado por Argentina comenzó a trabajar en un comunicado alternativo de respaldo a la actuación de Washington. En esa lectura, la detención de Maduro sería un “punto de inflexión” frente a un sistema de poder señalado por organismos internacionales —como la ONU y la Corte Penal Internacional— por graves y persistentes violaciones a los derechos humanos. Esa línea, en la práctica, consolidaría el alineamiento de Buenos Aires con Estados Unidos en uno de los episodios más sensibles de la agenda latinoamericana.
Discursos duros y una región partida
Durante la cumbre, cancilleres y representantes diplomáticos de Cuba, Nicaragua, Uruguay, Venezuela y Colombia realizaron intervenciones enfáticas contra la incursión militar estadounidense. En particular, el canciller cubano Bruno Rodríguez denunció la “vil y delictiva agresión” de Estados Unidos contra instalaciones civiles y militares en Caracas y advirtió que “Violan flagrantemente la Carta de las Naciones Unidas, el derecho internacional y la soberanía e integridad territorial del pueblo venezolano”.
Del lado de los respaldos a Venezuela, se señaló que el pedido de Yván Gil contó con el apoyo de Gustavo Petro, Luiz Inacio Lula Da Silva, Claudia Scheinbaum y Gabriel Boric. Aun así, el candado del bloque disidente impidió sellar una declaración regional.
Con la cumbre cerrada sin consenso, el saldo inmediato es político: una CELAC dividida en un tema de soberanía y seguridad continental, con Chile ubicado entre quienes rechazan la incursión de EE.UU., y con Argentina empujando —abiertamente— la línea contraria.

