En los últimos meses, al menos dos familias chilenas enfrentan una situación de angustia e incertidumbre tras la detención prolongada de sus familiares en Estados Unidos por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Se trata de Gonzalo Torres e Isaac Muga, ambos sin antecedentes penales, quienes pese a haber iniciado procesos migratorios por vías formales o haber aceptado la salida voluntaria del país, permanecen recluidos en cárceles estadounidenses bajo condiciones que sus familias califican como inhumanas.
Tras una seguidilla de traslados, vuelos cancelados y falta de información oficial, ambos casos revelan un patrón común: incomunicación, opacidad institucional y ausencia de respuestas claras tanto del sistema migratorio estadounidense como de las autoridades chilenas. Las familias denuncian que, lejos de tratarse de hechos aislados, estas situaciones exponen una lógica punitiva que equipara a migrantes sin delitos con población penal común.
Detenido, incomunicado y borrado del sistema: el laberinto migratorio que mantiene a Gonzalo Torres Ríos en una cárcel de EE.UU.
Desde hace más de una semana, Erika Ríos no sabe nada de su hijo. Gonzalo Torres Ríos, chileno, trabajador y sin antecedentes penales, permanece detenido por ICE en una cárcel de Louisiana, pese a haber aceptado su salida voluntaria del país.
Tras una cadena de traslados, vuelos cancelados y promesas incumplidas, Gonzalo fue eliminado del sistema migratorio luego de que su deportación fuera suspendida a última hora, incluso estando en el aeropuerto. Desde el 29 de enero no existe información oficial sobre su paradero ni posibilidad de contacto, una situación que su familia califica como desesperante y peligrosa.
En conversación con El Ciudadano, Erika Ríos, madre de Gonzalo, explicó que su hijo fue detenido el pasado 6 de enero en Minnesota, mientras se preparaba para regresar de forma definitiva a Chile, tras cinco años viviendo el anhelado “sueño americano”. Desde ese día de enero, su caso se ha transformado en un laberinto burocrático marcado por la incomunicación, la incertidumbre y el temor por su integridad física y psicológica.
A los 24 años, Gonzalo decidió emigrar a Estados Unidos con una visa de turista, impulsado por la falta de oportunidades que encontraba en Chile. Una vez establecido, se ganó la vida trabajando en un restaurante de comida peruana y despejando nieve. A pesar de que su permiso de estancia había expirado, su madre es enfática: el estatus migratorio no justifica que se les dé un trato de criminales.
De la salida voluntaria al silencio total
Erika relató que su hijo planeaba regresar a Chile a fines de enero y ya estaba vendiendo sus pertenencias. En ese contexto, el 6 de enero, Gonzalo bajó al estacionamiento de su edificio para fotografiar los vehículos que pretendía vender; fue en ese instante cuando agentes del ICE llegaron para detenerlo.
“Nosotros nos enteramos más o menos después de una media hora porque no subía… empezamos a mirar por la ventana y en el capó del vehículo estaba la cajetilla de cigarros y el teléfono. Y ahí yo ya di por hecho que sí, se lo habían llevado”, recuerda con angustia Erika.
Según Ríos, Gonzalo logró comunicarse brevemente para avisar que había sido detenido por ICE y que se encontraba en un determinado lugar. Ese contacto fue muy corto y no entregó mayores detalles. Después de eso, se perdió toda comunicación con él, lo que marcó el inicio de la incertidumbre para la familia. Además, declaró que desde ese momento comenzaron a llamar a todos los organismos correspondientes en busca de ayuda.
Posteriormente, la familia logró obtener el A-Number (número de registro migratorio) de Gonzalo y, a través de ese registro, supieron que se encontraba en Texas. Erika señaló que solo después de conseguir ese número pudieron confirmar su paradero. De esta forma se han logrado comunicar este tiempo con Gonzalo.
Erika declaró que el mismo día que detuvieron a su hijo, él firmó su salida voluntaria, quedando como fecha establecida el día 15 de enero. Sin embargo, ese regreso nunca se concretó. Más adelante, el 20 del mismo mes, el oficial encargado de Gonzalo informó que el 27 sería trasladado a Louisiana para realizar su deportación el día 28 de enero.
El traslado se realizó, pero a partir de ese momento comenzó lo que Erika describió como un calvario: Gonzalo debía viajar la madrugada del 29, a las 3:30 horas, pero el vuelo fue cancelado por desperfectos técnicos. Más tarde le informaron de un segundo vuelo, al que incluso fue llevado hasta el aeropuerto y ubicado junto al avión, pero nuevamente fue devuelto por una falla de la aeronave. Finalmente, se le comunicó la existencia de un tercer vuelo durante la noche; sin embargo, en ese momento Gonzalo dejó de figurar en el listado de pasajeros y no volvió a ser trasladado.
Erika esperó el regreso de su hijo en el aeropuerto desde las 9 de la mañana, tras haber coordinado la llegada con la novia de Gonzalo. Pese a consultar dos veces con la PDI, solo tras siete horas de incertidumbre le informaron que él no figuraba en el listado del vuelo. Desde ese momento, Erika perdió todo contacto con Gonzalo, ya que, al estar programada su deportación, fue eliminado del sistema de comunicación.
Según le informaron a Ríos, ese día sí hubo un vuelo en el que debían regresar unos 40 chilenos, de los cuales solo llegaron al país entre 18 a 20 de ellos. Hasta el día de hoy, Erika no ha tenido contacto con Gonzalo ni le han dado explicaciones del porqué fue sacado de la lista de los chilenos deportados.
Condiciones inhumanas y una espera que se alarga sin respuestas
Por otro lado, Ríos advirtió además sobre las condiciones del lugar donde actualmente se encuentra su hijo. Señaló que, a diferencia de los centros de detención migratoria en Texas destinados a personas en proceso de deportación, Gonzalo fue trasladado a una cárcel correccional, donde permanece mezclado con población penal común.
Además, relató que, en las pocas conversaciones que alcanzó a tener con él antes del frustrado viaje, Gonzalo se mostraba esperanzado por salir de ese lugar, al que describe como imposible de habitar: sin condiciones sanitarias adecuadas, con heces en distintos espacios, interrupciones constantes de agua y comunicaciones, personas durmiendo en el suelo y un ambiente que, según afirma, lo expone a riesgos por convivir con otros internos.
“La está pasando mal, si ese es el tema, la está pasando mal. Entonces da rabia que él sí haya tenido su vuelo, que haya estado en un listado, y que no haya podido subir al avión. Y eso es lo que uno está peleando ahora, que está luchando para que lo envíen en un vuelo; si él ya estuvo en un listado, ¿me entiendes?”, declaró la madre de Torres.
Para Erika, la incertidumbre sobre las condiciones de Gonzalo ha sido angustiante. Además, le informaron que los vuelos de este tipo operan solo a fin de mes, por lo que deberá esperar hasta finales de febrero para confirmar si su hijo viene o no en el próximo traslado.
“Yo ruego a Dios y trato de ser positiva de que sí va a venir en ese vuelo. Pero si no es así, mi hijo se va a caer al suelo. Psicológicamente lo debe estar pasando pésimo. Y estar aguantando un mes más, otro mes más, dos, tres meses… es imposible. Entonces da miedo. Si uno está mal acá, que yo estoy en mi casa, yo tengo mi agüita, puedo comer, tengo mi cama y estoy así de mal… imagínate cómo está él. Y estuvo a un paso de estar acá en Chile, estuvo a un paso…”, relató Erika.
Además, Ríos agregó que desde el primer momento ellos se han ofrecido a pagar los pasajes de vuelta, pero que no les dan esa posibilidad, ni han recibido respuesta alguna de parte de las autoridades, ni chilenas, ni estadounidense.
Por otro lado, Erika reconoció que la detención de su hijo también ha tenido un impacto económico en su familia en Chile. Señaló que vive sola con su hija desde hace cuatro años y que Gonzalo era un apoyo importante, ya que tenía planes de regresar con trabajo asegurado y continuar ayudando económicamente a su madre y a su hermana. Aun así, afirmó que hoy ese aspecto ha pasado a segundo plano frente a la urgencia de tener a su hijo de regreso.
En lo emocional, describió un escenario aún más angustiante. Erika explicó que antes del 29 de enero, mantenían contacto frecuente y que, como madre, intentaba transmitirle ánimo y tranquilidad, minimizando la situación para que él se mantuviera fuerte. La interrupción de las comunicaciones la ha dejado sin saber cómo se encuentra Gonzalo, lo que le genera miedo y desesperación, especialmente ante la posibilidad de que vuelva a quedar fuera de un vuelo sin explicación. “Me da terror”, afirma, señalando que su mayor preocupación es no tener certezas sobre cuándo ni cómo su hijo podrá regresar a Chile.
Isaac Muga: El caso que confirma que no se trata de un error, sino de un patrón
El caso de Gonzalo no es un hecho aislado. Una situación similar enfrenta Isaac Muga, ciudadano chileno detenido desde octubre en Estados Unidos por una situación migratoria, sin que pese sobre él ningún delito penal. Desde su detención, su familia denunció una cadena de traslados entre distintos centros de reclusión y una falta de información sostenida, configurando un patrón de trato que se repite en más de un caso de chilenos retenidos por el sistema migratorio estadounidense.
En conversación con El Ciudadano, Estrella Muga, hermana de Isaac, explicó que él se encontraba en EE.UU desde el año 2024 con una visa de 6 meses (de la cual no recuerda el nombre pero asegura que no es la visa waiver). Señaló que antes de que se acabara ese plazo, Isaac comenzó los trámites para solicitar asilo, todo por la vía legal y correcta.
Fue en este proceso de espera que Isaac fue detenido por ICE. Estrella denunció que desde su detención, su hermano ha pasado por cuatro cárceles diferentes, pasando de Miami a Arizona, de Arizona a California y de California a Arizona nuevamente.
Uno de los hechos más graves relatados por la hermana de Isaac fue el trasladado de su hermano desde un centro conocido como Alcatraz hacia Arizona sin aviso previo, quedando completamente incomunicado, una práctica que —según señaló— se repite en los traslados, que suelen realizarse de madrugada y sin notificación ni a las familias ni a los propios detenidos.
Durante ese traslado, el avión en el que viajaba Isaac junto a otras personas de distintas nacionalidades sufrió una despresurización y descendió bruscamente a más de mil pies, provocando desmayos y lesiones entre los pasajeros, incluyendo roturas de tímpano y hemorragias nasales.
Pese a la gravedad del incidente, la familia denuncia que no han recibido atención médica adecuada: Isaac continúa con fuertes dolores en el oído, posibles perforaciones e infecciones recurrentes, tratadas únicamente con analgésicos, lo que mantiene en alerta a su entorno ante eventuales secuelas y refuerza la urgencia de su retorno a Chile para recibir atención especializada.
Isaac, quien ya suma cuatro meses detenido, también estuvo a punto de abordar el mismo avión que Gonzalo. Sin embargo, sufrió el mismo destino: cuando ya se encontraba frente a la aeronave, fue excluido de la lista y se le impidió subir. Al igual que la familia de Gonzalo, los familiares de Isaac perdieron toda comunicación desde el 29 de enero.
La preocupación de Estrella radica en el evidente deterioro de la salud mental de su hermano, percibido a través de sus llamadas. Según relata, aunque inicialmente Isaac enfrentó la detención con relativa entereza, el paso de los días transformó esa actitud en agotamiento, miedo e incertidumbre. La alarma de Estrella creció tras sus últimas comunicaciones, en las que él le advirtió desesperado que ya «no aguantaba más».
“No deberían estar ahí”: familias se articulan ante el riesgo extremo
Al igual que la madre de Gonzalo, la hermana de Isaac advirtió que su hermano se encuentra actualmente recluido en una cárcel correccional en Richwood, conocida como Siena, donde —según relata— las condiciones son especialmente graves. A diferencia de los centros de detención migratoria en los que estuvo antes, este recinto alberga a población penal común, y desde su ingreso él y otros detenidos han sido objeto de amenazas, robos y agresiones. “Yo no voy a aguantar más de cinco semanas en esta cárcel”, le habría dicho Isaac, quien por primera vez comparte reclusión con otros chilenos tras su traslado.
Es por esto que, tras conocer que su hermano compartía reclusión con otros chilenos, tomaron contacto con la familia de Gonzalo, quien se encuentra detenido desde enero. Estrella explicó que el objetivo fue orientarlos a partir de la experiencia acumulada durante más de cuatro meses de gestiones constantes, para evitar que enfrenten los mismos obstáculos y queden largos períodos sin respuestas. Asimismo, indicó que este vínculo tiene por objetivo fortalecer la solicitud de apoyo y visibilizar una situación que afecta a más de una familia chilena.
“No hemos podido retomar la comunicación y estamos preocupados porque en la cárcel en la que están detenidos han recibido bastantes amenazas y peligro a su integridad. En el caso de los chicos no son personas que están acostumbradas a rodearse de este tipo de gente; son jóvenes trabajadores honestos que no son delincuentes. Entonces están en el lugar que no deben estar”, señaló
“Chilenos invisibles”: sin respuestas, sin presión y sin salida
Las familias de Gonzalo e Isaac relataron haber contactado a Cancillería, consulados y al Ministerio de Relaciones Exteriores sin obtener gestiones concretas. Según explicaron, estas instancias solo cumplen un rol informativo, entregando listados de vuelos o personas trasladadas, sin capacidad de intervención frente a las decisiones de ICE.
Erika señaló que nunca recibieron explicaciones sobre por qué su hijo fue retirado de los listados de salida, pese a haber firmado su salida voluntaria. Afirmó que no existe ninguna autoridad a la cual acudir para saber por qué no puede comunicarse con él ni cuándo podrá regresar a Chile, lo que ha profundizado la angustia familiar.
Ante la falta de respuestas institucionales, las familias han recurrido a redes sociales y medios de comunicación como única vía para visibilizar sus casos. Aseguraron haber agotado consulados, ONG y abogados, recibiendo siempre la misma respuesta: que solo queda esperar, incluso frente al deterioro físico y emocional de los detenidos.
Ambas familias advirtieron que, al ser una minoría sin presión diplomática activa, los chilenos detenidos quedan en una situación de abandono. Una condición que describen como “chilenos invisibles” dentro del sistema migratorio estadounidense, sin urgencia ni garantías para su retorno.
La situación de detención prolongada ha generado un profundo impacto emocional en las familias, particularmente en las madres de Gonzalo e Isaac. Estrella, hermana de Isaac, relató que su madre se encuentra en un estado de angustia permanente, afectada por la incertidumbre, la falta de información y el temor constante por la integridad de su hijo.
El desgaste psicológico se ha intensificado con el paso de los meses y la incomunicación. Las familias describen miedo, desesperación y una sensación de desamparo frente al silencio institucional, junto con el temor de que esta ausencia de respuestas termine teniendo consecuencias irreparables para quienes permanecen privados de libertad.
Ambas familias apuntan a un problema estructural del sistema migratorio estadounidense, marcado por el endurecimiento de políticas, la opacidad de ICE y el uso de cárceles privadas bajo una lógica punitiva. Denunciaron que personas sin delitos penales son tratadas como criminales, sometidas a traslados arbitrarios, incomunicación y condiciones que vulneran su dignidad y su integridad física y emocional.
Las familias exigen lo mínimo: comunicación efectiva y la deportación inmediata de sus familiares a Chile. Junto con ello, hacen un llamado directo al Estado chileno para que intervenga activamente y visibilice la situación de todos los chilenos detenidos en Estados Unidos. “No pedimos privilegios —señalan—, pedimos humanidad”.
