Evitar espacios de «corte humano»: Por qué Kast dijo no a Don Francisco (y qué revela de su campaña)

El comando de José Antonio Kast declinó el programa “Las caras de La Moneda” —conducido por Don Francisco— porque el formato biográfico y emocional no le favorece. La estrategia busca instalar al candidato como “presidente ejecutivo”, sin exposición personal ni familiar, y llega tras la incomodidad que dejó su anterior paso por ese espacio y en medio de críticas por ausencias selectivas en medios y foros.

Evitar espacios de «corte humano»: Por qué Kast dijo no a Don Francisco (y qué revela de su campaña)

Autor: El Ciudadano

Canal 13 anunció la cancelación del ciclo «Las Caras de la Moneda», conducido por el animador Don Francisco, después de que «uno de los dos postulantes» se bajara; luego Kast confirmó que fue él.

Según se comentó en televisión, su equipo evaluó que en un programa de corte humano no tendría ventajas comparativas frente a su contendora y que convenía privilegiar instancias con foco programático, donde pudiera evitar lo íntimo.

En esa misma línea, se recordó que su última participación en el set dejó incomodidad en su entorno, señal que consolidó la decisión de eludir una vitrina diseñada para intensificar empatía y biografía.

Asimismo, otro análisis apunta a que Kast en su campaña está queriendo priorizar vitrinas “frías” —debates radiales y televisivos centrados en propuestas, además de foros sociales acotados a políticas públicas— y reducir al mínimo los formatos que exigen relato de vida, vulnerabilidad o escucha más allá del plan de gobierno. La traducción política es aquí nítida: si la batalla por la cercanía no ofrece réditos, se reemplaza por la narrativa del gestor eficaz, con datos y cifras al centro.

El “no” a Don Francisco se suma entonces a un patrón de selección de arenas que ya había sido cuestionado por ausentismo mediático en semanas previas.

La señal que emite el comando es coherente con su propio diagnóstico: minimizar riesgos en terreno emocional, evitar que terceros definan el encuadre y reforzar un posicionamiento de eficiencia y control, aun cuando eso tensione la expectativa pública de ver el lado humano de quien aspira a administrar ajustes que afectarán salud, pensiones, migración y territorios.

Aún así, quedan preguntas dando vueltas. Si la fortaleza que se quiere instalar es el “perfil ejecutivo”, ¿no es precisamente en un formato humano donde se prueba la conexión con quienes cargarán con esos cambios? ¿Se puede pedir confianza para administrar recortes eludiendo espacios que miden empatía y coherencia personal?

Y si la promesa es aplicar expulsiones exprés sin tocar beneficios sociales, ¿no corresponde también mostrar el rostro de esas decisiones y su efecto en la vida de las personas?


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