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Gabinete de Kast: Una apuesta en modo Milei

"No debería suponerse que es un gabinete endeble, y menos que la indignación es general y va a hacerlo temblar. Hay que pensar la designación de gabinete como 'provocación estratégica', concepto clave en las derechas radicales para designar acciones y declaraciones que rompen todos los moldes y consensos y consiguen que la sociedad entera le ponga los focos encima".

Gabinete de Kast: Una apuesta en modo Milei

Autor: El Ciudadano

Por Matías Bosch Carcuro

El anuncio del gabinete que acompañará a José Antonio Kast a partir del 11 de marzo ha conllevado el inmediato examen de su pedigrí, trayectoria y, en varios casos, de su prontuario moral y político, siendo este apenas el primer paso de toda la secuencia de nombramientos y designaciones que Kast tendrá como facultad realizar.

Hacer una radiografía de estas decisiones políticas provoca indignación pero, en todo caso, no debe llevar al escándalo como quien está ante un despliegue de mediocridad, desaciertos e inmoralidades. Hay que entender lo ocurrido como herencia acumulada en la llamada transición democrática y luego como una aplicación del manual de gobierno de las nuevas derechas.

Lo heredado

Cuando decimos herencia, lo hacemos en dos sentidos. Por un lado, fueron los gobiernos de la Concertación, Nueva Mayoría y Gabriel Boric (ya habrá que buscarle una etiqueta para la historiografía), especialmente a partir de los mandatos de Michelle Bachelet, en que se instaló la sublimación de “gobierno de los expertos”, tema que la filósofa politóloga Wendy Brown ha desmenuzado en profundidad en obras como “El Pueblo sin atributos”, y en Chile Carlos Pérez Soto ha señalado como práctica de “legitimación burocrática y tecnocrática” para la validación de las políticas que dirigen a los países.

En general, esa legitimación en base a títulos académicos, especialmente doctorados y máster en Estados Unidos, son puro argumento de autoridad para justificar decisiones y acciones que son, sistemáticamente, neoliberalismo mutante.

En casos de Estados y economías periféricas y subordinadas como Chile, es darle “rigor” y “razonabilidad” a la condición neocolonial desde la cual bancos, AFP, ISAPRES, mineras, forestales, pesqueras y similares ponen a esta “larga y angosta faja de tierra” al servicio de la acumulación de capital transnacional.

Los títulos que portan los encargados les permite ser parte de un bloque de poder y mando donde son todos amigos y las afiliaciones políticas son indiferentes y transables y, a la vez, funcionan -y aquí sí vale decirlo- como dispositivo ideológico puro: a los dueños del país, que en realidad son los dueños del capital que se apropia del país, les garantiza que son cuadros formados en el dogma neoliberal del Estado subsidiario y la economía neoclásica, con convicciones cipayas y mayoritariamente reaccionarias, y dan plenas garantías de “continuidad de Estado”.

Lo ideológico, además, funciona para que en medios de comunicación y, por tanto, en la opinión publicada sean la “calidad técnica” y los “méritos” englobados en los pergaminos lo que se hable y no la política, los compromisos y a quiénes se sirve. Se da aquello de que los intereses de la clase dominante se asumen como interés y bienestar general.

El otro sentido de lo heredado es que esto lo refrendó Boric, toda vez que privilegió a Mario Marcel en las decisiones económicas, y a un núcleo de dirección y gestión cuyos atributos, salvo honrosas excepciones, eran sus titulaciones extranjeras, sus saberes “técnicos”, sus rangos partidarios y su experticia concertacionista.

Conformar un gabinete y designar personas con facultades para decidir sobre programas, presupuestos y prioridades es hacer política, y muy difícilmente seguir esa senda podía llevar a instalar transformaciones, disputar convicciones, redistribuir poder, cambiar cosas, incluyendo cumplir compromisos fundamentales de campaña (el fin de las AFP, del CAE, la famosa disciplina fiscal y otros emblemas del saqueo neoliberal), además de no incurrir en actos como los perdonazos a las ISAPRES y eléctricas, la “maldita” ley Nain-Retamal, o terminar cediendo en materia de seguridad y política migratoria.

La otra gran consecuencia al asumir esos cuadros, sus “méritos” y doctrinas, fue absorber y hacer propia una de las claves de la transición y la Concertación como forma de administrarla: en el gobierno de expertos y las sagradas “instituciones”, el pueblo, la ciudadanía, pueden aparecer una que otra vez, pero deben meterse en sus casas y dejar “a los que saben”. Cerrar las grandes alamedas, salvo para los actos de campaña.

La novedad

En tal sentido, Kast satisface plenamente los criterios, con un gabinete plagado de ingenieros comerciales y abogados, aunque no pasaremos por alto personajes que sus antecedentes de coristas de cantantes o fundadores de heladerías no son el sello de provenir de clase trabajadora que viaja en micro, y más bien lo que muestran es el peso de los vínculos primarios, los apellidos y las lealtades para escalar en el mundo de las empresas, los medios y la alta política.

Kast se para en la base que ya le prepararon, en la cual lo primero que hay que saber de un ministro o ministra es que estudió una carrera y en un país que sean aceptados como saber-poder; en varios casos lo logra. Así las cosas, los compromisos políticos e ideológicos sean cosas marginales, en una sociedad preparada, década tras década, para que esa pregunta prácticamente no importe.

Ahora bien, la novedad que en muchos provoca escándalo, esto es la trayectoria de desprecio doctrinario con los mínimos acuerdos de la transición, la adscripción abierta al pinochetismo y al ultraderechismo, los negocios sucios y la corrupción, así como el compromiso estricto con el éxito de los grandes grupos empresariales, no es un acto de locura ni torpeza.

Se puede asociar con Trump nombrando Ellon Musk como ministro de “eficiencia gubernamental”, reinstaurando la Secretaría de Guerra, desaparecida tras la Segunda Guerra Mundial, o dándose a Homeland Security la función de Gobierno paralelo, y la desfachatez con la que se declaran gobierno de Venezuela o Groenlandia.

Pero es mejor y más próximo pensar en Milei. Al igual que el incumbente de la Casa Rosada, crea la “Oficina del Presidente” (por ahora “del presidente electo”) y tendrá como vocera gubernamental a una mujer cuyo papel será dar la famosa “batalla cultural”, como ha hecho firmemente Manuel Adorni en cada aparición pública y cada post.

Abogados y profesionales dedicados a salvar criminales de lesa humanidad, como del otro lado de la frontera son Villarroel, Petri y Presti, hijo de un verdugo de la tiranía argentina, ocupando la Vicepresidencia y la cartera de Defensa. Si allá el ministro de Economía es Luis Caputo, un especulador financiero, y hay un ministro llamado Federico Sturzenegger para “desregular y transformar el Estado”, aquí habrá un Quiroz en Hacienda.

Así como Milei cuenta con Daniel Scioli, excandidato presidencial del Peronismo en 2015, aquí Kast tendrá a Campos y Rincón en primera línea. Los ministerios de Educación y Desarrollo Social serán el equivalente a la cartera de Capital Humano, que no se llama así por casualidad, sino para designar su sentido empresarial, privatizador y clasista del Estado. Y un ministro del Interior que fue alcalde designado en la tiranía de Pinochet, para que, cuando toque viajar, sea un leal al dictador el que quede al mando de la Patria.

Por supuesto, en todo esto puede verse la avanzada que toman los grandes centros de pensamiento y universidades de la derecha chilena, incluyendo la Jaime Guzmán, Libertad y Desarrollo, y la Fundación Para el Progreso, de los hermanos Kaiser, donde se profesa el anticomunismo, se llama a establecer las balas y el Estado de Sitio en el sur, se discute “eliminar el Banco Central” y se venera a Donald Trump.

Van por todo

Piñera fue el derechista des-pinochetizado mientras la transición fue pacífica y el neoliberalismo intocable; cuando dejó de serlo, no tuvo problemas en declarar la guerra y mandar a disparar con saña y arbitrariedad.

De 2019 en adelante el escenario cambió, y la experiencia de Boric no solo culmina con la derrota electoral, sino política e ideológica. No hay motivos para esperar de Kast otra cosa que redoblar la apuesta, darle espacio al núcleo duro y llevar a cabo las políticas más severas.

No debería suponerse que es un gabinete endeble, y menos que la indignación es general y va a hacerlo temblar. Hay que pensar la designación de gabinete como “provocación estratégica”, concepto clave en las derechas radicales para designar acciones y declaraciones que rompen todos los moldes y consensos y consiguen que la sociedad entera le ponga los focos encima.

Hay que tener presente que el Estado tiene el rol de gestionar el conflicto de clases y que el papel de Kast será radicalizar el neoliberalismo y neocolonialismo, así como el alineamiento con el dominio de Estados Unidos y la internacional de derechas.

Que es razonable que tengan como meta terminar de hundir la impugnación antineoliberal y desarticularla como opción de poder. Que rescatarán a sus “soldados”. Es necesario considerar que, a diferencia del antecesor, no va a dudar en complacer, exaltar y expandir a sus bases, a aquel pinochetismo del 44% en 1988 y que casi gana en 2000 con Lavín, ahora envalentonado y excitado sus resultados de 2022 y 2025, con Trump y con los Claudio Crespo.

Si la “macrozona sur” ha permanecido militarizada, falta poco para un “protocolo antipiquetes” tipo Bullrich, una versión criolla del ICE. Hay que sospechar de que ellos tienen claro que no deberían poner al equivalente a un Mario Marcel en Hacienda perdiendo tiempo en “tranquilizar a los mercados” cuando el pueblo quería desmercantilizar, ni posar de cultos reuniéndose con Vargas Llosa, como haría la “derechita cobarde”. Van en serio y van por todo.

Matías Bosch Carcuro

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