Por Juan Pablo Orellana
La gran Furia Guerrera, barra del Club Deportivo Almirante Arturo Fernández Vial, no aparece solo en la galería ni en los noventa minutos. Aparece —como ha ocurrido tantas veces— allí donde duele, donde falta, donde urge estar. En la calle durante el estallido social, en las poblaciones cuando arrecian las crisis, y ahora, nuevamente, en medio de la emergencia que golpea a las comunidades afectadas por los incendios.
Su presencia no es casual. Responde a una identidad construida desde abajo, coherente con el lema que el propio club y su gente han levantado como bandera: “de gente humilde y sangre obrera”. No como consigna vacía, sino como práctica cotidiana.
La semana comenzó cuesta arriba. Tras una victoria en un partido amistoso disputado en la ciudad de Quillón, el plantel y parte de la hinchada no lograron regresar a tiempo producto del cierre de rutas provocado por la emergencia. Varios integrantes de la barra quedaron aislados, en una situación que reflejó con crudeza lo que ha sido una real catástrofe.
Pero la respuesta fue inmediata. El domingo 18, la Furia Guerrera ya había organizado recolección de alimentos en la sede del club de calle O’Higgins y diversas muestras de apoyo solidario, activando redes, convocando a la comunidad, demostrando que la organización popular no necesita permiso ni protocolo.
Y hoy, sin cámaras ni discursos grandilocuentes, acompañaron a amigos y vecinos que lo perdieron todo, haciendo lo que el Estado muchas veces llega tarde a hacer: estar presentes.
En tiempos donde la solidaridad suele reducirse a declaraciones y la épica se consume en redes sociales, la Furia Guerrera sigue sosteniendo una ética concreta: estar con los suyos, incluso cuando no hay estadio, ni partido, ni celebración. Porque para esta hinchada, el compromiso no se canta: se practica.
Y es ahí donde la barra deja de ser solo barra para convertirse en lo que realmente es: comunidad organizada, identidad popular, tejido social vivo.
En un país donde lo colectivo ha sido sistemáticamente debilitado, experiencias como esta recuerdan que aún persiste una reserva moral en los márgenes, en las galerías, en las poblaciones.
Mientras algunos solo aparecen para la foto, la Furia Guerrera sigue llegando primero. Porque cuando la sangre es obrera y la vida se vive con humildad, la solidaridad no es noticia: es costumbre. Bravo pueblo vialino.
Juan Pablo Orellana
