Por Ricardo Manzur Carrasco

Mientras escribo esto, el 24 de marzo de 2026, tres operativos simultáneos en distintas regiones de Chile confirman que la ketamina dejó de ser una amenaza emergente. Es una crisis activa. Y tiene dimensiones continentales.
En Arica, la Fiscalía Regional acaba de desarticular una red internacional que usaba el puerto como plataforma de exportación hacia Europa y México. Las cargas venían ocultas en madera de Tajibo y baldosas de caucho: más de 68 toneladas de sustancias ilícitas. El desglose del cargamento traza el mapa del consumo global: 24,5 toneladas combinaban cocaína y ketamina con destino a Hamburgo; otras 44,2 toneladas eran ketamina pura con destino a México y Venecia. Es el mayor decomiso de este tipo en la historia reciente del país.
Casi al mismo tiempo, en Calama, el OS-7 de Carabineros desbarataba una red que vendía ketamina líquida y en polvo directamente por redes sociales. El fiscal Juan Castro Bekios fue explícito: el objetivo era producir «Tusi» —la mal llamada cocaína rosa— para jóvenes que buscan en la disociación una respuesta a un malestar que el sistema no sabe nombrar.
Dos ciudades. Un mismo día. La misma sustancia. Y en ninguno de los dos operativos se mencionó un solo protocolo de salud pública, ninguna alerta al sistema sanitario, ninguna coordinación con los centros de rehabilitación que van a recibir a quienes sobrevivan al consumo de lo incautado.
Ese es el problema que esta columna quiere dejar al descubierto.
Chile vive una paradoja que ya tiene muertos: mientras la psiquiatría académica celebra la ketamina como la molécula milagro para la depresión resistente, los carteles transnacionales llevan años resolviendo la discusión por su cuenta.
Chile vive una paradoja que ya tiene muertos: mientras la psiquiatría académica celebra la ketamina como la molécula milagro para la depresión resistente, los carteles transnacionales llevan años resolviendo la discusión por su cuenta. La droga llegó a la calle antes que al consultorio, y nadie parece haber notado que estamos hablando de la misma sustancia.
El problema del sistema sanitario
La ketamina es hoy la gran esperanza de la psiquiatría moderna y, al mismo tiempo, el ingrediente principal de la droga que inunda las fiestas urbanas de América Latina y España. El sistema sanitario trata estos dos mundos como si no tuvieran nada que ver. Ese error de diseño ya cobra un precio en vidas.
Los números publicados por el Instituto de Salud Pública en enero de 2026 deberían ser lectura obligatoria para cualquier autoridad sanitaria. Las intoxicaciones por ketamina reportadas en Chile pasaron de 30 casos en 2020 a 280 en 2024. Las muestras analizadas saltaron de 559 a 3.662 en el mismo período. Pero el dato más perturbador es otro: en el 82% de las muestras incautadas se detectaron adulterantes como cafeína, MDMA, cocaína, lidocaína y tramadol. La persona que compra Tusi en una fiesta no tiene idea de qué está consumiendo. La ketamina actúa como caballo de Troya para una mezcla de depresores y estimulantes que el corazón humano no está diseñado para procesar simultáneamente.
Mientras esto ocurre en los barrios, en los hospitales y clínicas privadas la conversación es otra. La esketamina, derivado de la molécula original, tiene registro sanitario y es la joya de la corona de farmacéuticas como Johnson & Johnson, que proyecta ventas globales de hasta 5.000 millones de dólares anuales. La evidencia clínica es real: puede producir un alivio casi inmediato en pacientes con depresión resistente que han fracasado en todos los tratamientos convencionales. Para ellos, es la diferencia entre vivir y morir.
Pero la Sociedad Chilena de Trastornos del Ánimo ya lanzó la advertencia: la tasa de recaída tras cuatro semanas de tratamiento alcanza el 90%. No es una cura. Es un puente. Y estamos construyendo ese puente sobre un río que ya usan el Tren de Aragua y otras organizaciones criminales.
La esketamina, derivado de la molécula original, tiene registro sanitario y es la joya de la corona de farmacéuticas como Johnson & Johnson, que proyecta ventas globales de hasta 5.000 millones de dólares anuales.
El vacío legal y el riesgo del paciente dual
Hay una pregunta que el sistema sanitario se niega a formular: ¿qué ocurre cuando un paciente en rehabilitación por dependencia al alcohol o la cocaína recibe una prescripción de ketamina para tratar su depresión?
La respuesta es el vacío absoluto.
El sistema de salud mental y el de adicciones operan como archipiélagos sin comunicación. Un paciente puede estar bajo tratamiento en un centro público de adicciones y recibir una prescripción de esketamina en una clínica privada sin que ambos registros se crucen jamás. No es una ineficiencia administrativa. Es una negligencia sistémica. Ya hay casos documentados de pacientes que, tras iniciar un tratamiento psiquiátrico legal, desarrollaron una dependencia severa y terminaron autoadministrándose sustancia obtenida en el mercado negro o a través de plataformas de telemedicina sin control.
La línea entre el tratamiento y el abuso no es un muro. Es un velo transparente que el sistema prefiere no ver.
El espejo de Asia y Europa
Para saber hacia dónde vamos, basta mirar lo que ya ocurrió en otros países.
En China y Taiwán, donde el consumo recreativo lleva décadas instalado, el daño urológico se convirtió en una epidemia silenciosa. El síndrome de vejiga por ketamina provoca una inflamación crónica que reduce la capacidad de la vejiga a unos pocos mililitros, obligando a jóvenes de veinte años a usar pañales o someterse a reconstrucciones quirúrgicas irreversibles.
El síndrome de vejiga por ketamina provoca una inflamación crónica que reduce la capacidad de la vejiga a unos pocos mililitros, obligando a jóvenes de veinte años a usar pañales o someterse a reconstrucciones quirúrgicas irreversibles.
En España y el resto de la Unión Europea, el debate sobre el uso terapéutico es más cauteloso, pero la presión del mercado es enorme. El Observatorio Europeo de las Drogas señaló el aumento del consumo recreativo como una señal de alerta que llegó antes que la respuesta regulatoria. Chile, con su aumento de más de cuatro veces en la presencia de ketamina en aguas residuales entre 2023 y 2024, es el laboratorio donde se está midiendo el costo de la desidia estatal.
Una propuesta de cordura
El problema no es la molécula. Las moléculas no tienen moral. El problema es la ausencia de un sistema capaz de gestionar su doble naturaleza.
Es urgente que los organismos reguladores exijan una evaluación obligatoria del historial adictivo antes de cualquier prescripción. Un médico que receta este fármaco a un paciente con dependencia activa no documentada no está cometiendo un error personal; está siendo víctima de un sistema que lo incentiva por falta de datos compartidos.
Los centros de rehabilitación necesitan protocolos específicos ahora. Los pacientes que llegan con consumo de ketamina no son los mismos que los de la cocaína de los años noventa. El daño urológico, el síndrome disociativo y la tolerancia acelerada requieren un abordaje clínico que hoy la mayoría de los centros, en Chile y en España, simplemente no tienen.
La ketamina va a seguir llegando. Entrará por los puertos de Arica o de Algeciras, se venderá en clínicas privadas y se distribuirá por Telegram en las plazas. La pregunta ya no es si el sistema está preparado. La pregunta es cuánto tiempo más vamos a fingir que el mercado legal y el ilegal son planetas distintos cuando, en realidad, son las dos caras de la misma moneda.
Por Ricardo Manzur Carrasco
Periodista especializado en salud mental y adicciones. Certificado OPS/OMS y SENDA.
[email protected]
Fuentes:
Instituto de Salud Pública de Chile (ISP). Enero 2026. Fiscalía Regional de Arica. Operativo portuario, 24 de marzo de 2026. Carabineros de Chile, OS-7 El Loa, Calama. 24 de marzo de 2026. Fiscalía Regional de Antofagasta. Julio 2025. InSight Crime. Julio 2025. Corthorn Health. Análisis de aguas residuales, 2023-2024. Sociedad Chilena de Trastornos del Ánimo y Bipolares (SOCHITAB), 2022-2024. Departamento de Psiquiatría y Salud Mental Oriente, Universidad de Chile. Mayo 2025. FDA. Aprobación de Spravato (esketamina), enero 2025. SENDA Chile. 16° Estudio Nacional de Drogas en Población General. Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (EUDA). Informe Europeo sobre Drogas 2025.
Las expresiones emitidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de su autor(a) y no representan necesariamente las opiniones de El Ciudadano.

