Por Rodrigo Gangas

Hace algunas semanas, el presidente argentino, Javier Milei, en el marco de su cruzada en la “batalla cultural” en contra de las ciencias sociales de su país, anunció la priorización del desarrollo tecnológico y la eliminación de lo que denominó “gastos innecesarios” en áreas sociales y politológicas. Esta medida ha sido fuertemente criticada por la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP), quienes hicieron ver el peligro que implica para la democracia contar con ciencias sociales y politológicas cada vez más fragilizadas. A su vez, el presidente argentino ha reforzado su postura en la última cumbre de Davos, donde comenzó su alocución con una frase peligrosa: “Maquiavelo ha muerto”. Esta no es una mera excentricidad discursiva, sino una forma de explicitar que las relaciones sociales solo están determinadas por las lógicas del mercado, visión que, al transformarse en políticas de Estado, causa daño profundo y duradero al pensamiento crítico.
Comprender una sociedad gobernada exclusivamente por criterios de mercado implica aceptar la pérdida de centralidad de las dimensiones sociales, culturales y políticas. En ese escenario, las disciplinas que cuestionan el poder hegemónico se transforman en una molestia: para unos, porque articulan el pensamiento crítico; para otros, porque no encajan en una lógica de rentabilidad inmediata.
Si Maquiavelo ha muerto —como proclama el presidente argentino— será cada vez más difícil comprender cómo los autoritarismos llegan al poder y erosionan la democracia desde dentro, y más fácil aceptar que el mercado determina nuestras relaciones sociales. Parece que en estos tiempos resulta más cómodo eliminar a Maquiavelo que cuestionar a Adam Smith, asumiendo que en la riqueza de las sociedades el pensamiento crítico es un gasto innecesario.
Según datos oficiales, en el 2025 las ciencias sociales representaron solo el 11% de la matricula nacional a nivel de pregrado y un 9,5% de la matrícula de primer año, cifras que podrían continuar disminuyendo, con consecuencias desastrosas para la continuidad de programas o carreras de pregrado.
¿Qué efectos puede tener para el desarrollo de las ciencias sociales en Chile el avance de este tipo de ideas? La pregunta no es retórica ni abstracta. Se vuelve urgente en un escenario político donde sectores conservadores y radicalizados de ultraderecha determinarán la definición de políticas públicas en materia educacional. El triunfo del candidato republicano, junto con una abultada representación parlamentaria, abre un escenario de incertidumbre para aquellas disciplinas cuya razón de ser es, precisamente, la reflexión crítica sobre el poder, la democracia y los derechos humanos, y que, por lo demás, ya se encuentran en un escenario de frágil desarrollo. En años anteriores, las modificaciones al currículo escolar afectaron a las ciencias sociales y las humanidades, resultando en nefastos efectos respecto de la valoración de la democracia y la educación ciudadana. Por otro lado, las disciplinas de las ciencias sociales, con excepción de derecho y psicología, disminuyeron las postulaciones y matriculas. Según datos oficiales, en el 2025 las ciencias sociales representaron solo el 11% de la matricula nacional a nivel de pregrado y un 9,5% de la matrícula de primer año, cifras que podrían continuar disminuyendo, con consecuencias desastrosas para la continuidad de programas o carreras de pregrado.
Enfrentar el avance de la ultraderecha, con expansión de las prácticas autoritarias y desprecio por las relaciones políticas democráticas y los derechos humanos, requiere de ciencias sociales fortalecidas y universidades comprometidas con su rol público capaces de enfrentar criterios deterministas que impulsan gobiernos como el de Milei en Argentina, de Trump en Estados Unidos y, probablemente, de Kast en Chile.
Las ciencias sociales demandaron con fuerza democracia durante la dictadura, y -en condiciones absolutamente más adversas-, colaboraron en la construcción de un sentido común crítico frente al poder autoritario. Porque más ciencias sociales implica mayores herramientas para interpretar conflictos, desigualdades y procesos políticos complejos. Hoy no solo nos tocará enfrentar la avanzada autoritaria y fascista de la ultraderecha -incluyendo la defensa de los valores democráticos-, sino también defender una visión de sociedad, en la que la discusión social y política no quede relegada frente a las lógicas del mercado.
Por Rodrigo Gangas
Decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Educación de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.
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