Por Andrea Mahn Osses

Cada 11 de febrero, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia nos recuerda que las brechas de género en la producción de conocimiento y en la innovación no son una excepción, sino una constante. A nivel global y nacional, la evidencia es clara: las mujeres siguen estando subrepresentadas en áreas STEM, en el liderazgo científico-tecnológico y en los espacios donde se toman decisiones estratégicas. No por falta de talento, sino por condiciones estructurales desiguales.
En Chile, los diagnósticos recientes son contundentes. El Informe de la Mesa +Mujeres en Ciencia, Tecnología e Innovación del Ministerio de Ciencia, Conocimiento, Tecnología e Innovación constata una brecha persistente en el acceso a financiamiento para startups y Empresas de Base Científico-Tecnológica (EBCT) lideradas por mujeres, particularmente en las etapas de consolidación y escalamiento. Solo el 7,5% de las EBCT está liderada exclusivamente por mujeres, mientras que cerca del 40% no cuenta con participación de mujeres en roles estratégicos. A ello se suma una desigualdad sostenida en los recursos adjudicados: entre 2017 y 2023, los proyectos liderados por mujeres recibieron, en promedio, menores montos de financiamiento público que aquellos liderados por hombres, diferencia que persiste incluso en los años más recientes.
Esta realidad también se observa en instrumentos clave del ecosistema de innovación, como el programa Start-Up Ciencia de ANID. Si bien este programa ha significado un avance para apoyar el surgimiento de emprendimientos basados en ciencia y tecnología, la evidencia muestra que el acceso desigual a redes, capital y acompañamiento institucional continúa afectando de manera desproporcionada a iniciativas lideradas por mujeres. El problema, por tanto, no es solo de participación, sino de diseño de las políticas y de las condiciones estructurales que las sostienen.
…la evidencia muestra que el acceso desigual a redes, capital y acompañamiento institucional continúa afectando de manera desproporcionada a iniciativas lideradas por mujeres.
Aquí las universidades públicas tenemos una responsabilidad central. En la Universidad de Santiago de Chile hemos avanzado en normativas y políticas de género, pero persiste una brecha crítica: la falta de una institucionalidad sólida para la corresponsabilidad efectiva. La corresponsabilidad en el trabajo académico, en la innovación, en los cuidados y en la gestión universitaria no puede seguir descansando en arreglos individuales o esfuerzos informales. Debe ser reconocida como un derecho, abordada desde la justicia organizacional y traducida en acción institucional concreta.
Cerrar las brechas de género en ciencia e innovación exige políticas universitarias que integren la corresponsabilidad en los modelos de evaluación académica, en el desarrollo de carreras y en la transferencia tecnológica; mayor transparencia y rendición de cuentas con indicadores de género; y apoyos específicos para spin-offs liderados por mujeres, articulados con programas públicos como Start-Up Ciencia.
Como universidad estatal y pública, la Usach tiene el deber de avanzar decididamente desde el diagnóstico hacia la acción, fortaleciendo una institucionalidad que garantice igualdad de oportunidades, corresponsabilidad efectiva y justicia en el desarrollo científico-tecnológico. Solo así podremos cumplir plenamente nuestra misión de generar conocimiento al servicio del país y contribuir a una sociedad más democrática, inclusiva y equitativa.
Por Andrea Mahn Osses
Vicedecana de Investigación y Postgrado, Facultad de Ingeniería, Usach.
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