Este martes se realizó el lanzamiento del libro “Revolución Social en Chile” de Manuel Riesco y Luis Corvalán. La instancia contó con la presencia de Daniel Jadue quien comentó el escrito y quien además fue anfitrión de la actividad.
Manuel Riesco, quien habló también en representación de su coautor, Luis Corvalán, partió señalando que el lugar de este pre-lanzamiento no es azaroso, sino que responde a una muestra de solidaridad con el caso de lawfare que afecta a Daniel Jadue.
Asimismo, señaló que el libro es un trabajo colectivo elaborado a partir de conferencias y paneles telemáticos del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo (CENDA), realizados en el marco del centenario de Lenin y Recabarren.
Riesco explicó que el ciclo fue desarrollado a lo largo del 2024, a partir de la vasta experiencia revolucionaria forjada por el pueblo chileno a lo largo de más de un siglo, y en el contexto de la profunda crisis política que atraviesa el país y el escenario internacional.
El autor explicó que el ciclo buscó analizar la trayectoria revolucionaria chilena y el concepto de revolución social, apoyándose en la obra La revolución social: Lenin y América Latina y Estrategia y táctica de Marta Harnecker, a cuya memoria se dedica el libro. Añadió que la iniciativa fue impulsada por Osvaldo Fernández y Hugo Fazio Rigazzi, quienes promovieron con especial énfasis la publicación del texto, hoy dedicado a ambos en reconocimiento a su legado.
Asimismo, señaló que el ciclo fue convocado por la Asociación Gramsci, el Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo CENDA y Ediciones Pueblo Unido. Además, indicó que las instituciones estuvieron dirigidas por Gonzalo Santón, Roxana Pey y Carlos Gutiérrez, respectivamente.
En esa línea, Riesco agregó que el ciclo contó con la participación y el estímulo de destacados intelectuales, mencionados en la introducción del libro, y que fue inaugurado y cerrado con conferencias magistrales del politólogo Manuel Monereo Pérez y del académico y ex secretario de la UNCTAD, Carlos Fortín.
Riesco declaró que la irrupción del pueblo trabajador iniciada con el estallido del 18 de octubre de 2019 aparece, por primera vez en un siglo, sin una fuerza política revolucionaria capaz de conducir ese proceso. Según explicó, esta ausencia se explica principalmente por la participación de los partidos de centro e izquierda en los gobiernos posteriores a la dictadura, que postergaron las reformas necesarias y terminaron generando la actual crisis de legitimidad y autoridad del sistema político.
Riesco afirmó que estos partidos, incluidos los surgidos del movimiento estudiantil de 2011, realizaron avances, pero nunca enfrentaron los abusos heredados de la dictadura y optaron por acuerdos con sus responsables.
Para el autor esta es la causa principal del estallido del 18 octubre, sintetizada en la consigna «no son 30 pesos, son 30 años». Agregó que la investigación histórica y teórica del texto demuestra que ello provocó inevitablemente la deslegitimación del sistema democrático, que arrastró a esos partidos y les impidió conducir una salida progresista a la crisis política actual.
Además, Riesco explicó que el acuerdo constitucional del 15 de noviembre de 2019 se frustró porque — según el autor— el gobierno de Boric siguió la misma política de sus predecesores, postergando reformas y buscando acuerdos con los grandes abusadores, lo que terminó agravando la crisis política y contribuyó al estallido del 18 de octubre.
Finalmente Riesco señaló que la persistencia del gobierno de Boric en esta estrategia profundizó la deslegitimación de la autoridad democrática, afectando al Ejecutivo, a la Convención Constitucional y a otras instituciones, lo que ha generado un creciente malestar social y una ciudadanía permanentemente crispada.
Por otro lado, Daniel Jadue explicó que el libro plantea un hilo conductor decisivo: las grandes irrupciones populares son parte del ciclo histórico. Aunque nos hayan enseñado a resignarnos y a ver la democracia solo como votar, la realidad demuestra que cuando la explotación y los abusos se acumulan, el pueblo irrumpe en lo urbano, social y político de múltiples formas, y la verdadera cuestión es quién conduce ese movimiento y hasta dónde quiere llevarlo.
En esa línea, Jadue planteó que el Partido Revolucionario del Pueblo Trabajador no es una etiqueta, un nombre ni un fetiche, y mucho menos algo registrado en un listado electoral. Es una fuerza política real, arraigada en la base social, capaz de disputar el sentido común y canalizar la indignación popular hacia reformas estructurales. Su función es transformar la rabia en programa, organización, protesta y poder democrático.
Para Jadue, esto es relevante porque el libro señala que las movilizaciones, las revueltas y la irrupción del pueblo ocurren cada cierto tiempo, cuando la población se cansa de los abusos. En nuestro país, estos hechos son recientes, y el texto plantea que desde este sector político deben ser analizados con mayor autocrítica.
“El libro es duro, y con razón, cuando diagnóstica que por primera vez en un siglo la más reciente y masiva irrupción del pueblo trabajador de Chile en el espacio político aparece huérfana de una fuerza política revolucionaria”, señaló.
Para Jadue esto se traduce en un llamado de alarma que el libro plantea no solo como autocrítica, sino también como una pregunta de futuro: ¿Por qué surge esta carencia de liderazgo?
El ex alcalde señaló que el libro propone una respuesta incómoda: que la política chilena, especialmente la que se decía ser popular y democrática, cayó en la trampa de la sobreintitucionalización, al confundir gobernar con gestionar y aceptando el marco neoliberal como inevitable.
“Porque creyó que el gran problema era comunicacional y no estructural. Y porque, además, se enamoró de la estética y abandonó la ética”, agregó.
Jadue explicó que el libro identifica con claridad la causa histórica de la revuelta, señalando que no se trata solo de un gobierno, sino de un modo de gobernar que vació de contenido la democracia y validó acuerdos con abusadores, postergando a las mayorías. La crisis resultante no es solo económica, sino también de autoridad y legitimidad, y la reacción política aprovecha esa frustración para dirigir el resentimiento hacia abajo.
Jadue señaló que lo más grave es la ausencia de un partido revolucionario del pueblo trabajador que dispute la dirección del poder cuando este desvía la indignación hacia abajo. En su lugar, se crean enemigos artificiales —migrantes, feministas, izquierda, pobres, pueblos originarios— para desviar la responsabilidad real. Esto alimenta un patriotismo vacío y un orden autoritario, amplificado en un ecosistema de memes y mentiras, mientras la base carece de una fuerza que difunda la verdad.
Para el ex edil es fundamental que el libro no solo sea una crítica a la derecha, sino también una autocrítica al sector de izquierda. Para Jadue, la izquierda chilena ha perdido territorio, tanto en el territorio material en las poblaciones, en los sindicatos, en los comités de vivienda, consultorios, ferias, etc, como en el territorio simbólico, donde el relato se ha vuelto excesivamente institucional.
“Se llegó tarde a las redes, tarde al combate cultural, y muchas veces, cuando se llegó, fue con un tono que no convence a nadie: tecnocrático, nunca autocrítico”, agregó.
Jadue concluyó señalando que la reacción ofrece un regreso al pasado porque es incapaz de proyectar futuro, mientras que la tarea es recuperarlo y prepararse para la próxima irrupción social. Para ello, sostuvo que se requiere organización, programa, presencia cotidiana y una batalla cultural sin vergüenza ideológica ni de clase. Una batalla que asuma una verdad básica: el enemigo no está abajo, sino en la estructura de abusos que gobierna desde hace décadas.
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