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Los antiguos persas reconocían al menos tres géneros

El estudio de unas tumbas persas, de 3.000 años de antigüedad, sugiere que las personas enterradas allí no se adherían a la rígida estructura binaria de género (que apenas comienza a desmoronarse). De hecho, los autores argumentan que los estudios arqueológicos se han visto influenciados por la observación, tanto del sexo como del género, a través de una lente occidental.

Los debates sobre el género y la legitimidad de las personas que rechazan el asignado al nacer, son un campo de batalla cultural en alza en todo el mundo.

Los conservadores afirman que una organización binaria estricta, unida a características sexuales fácilmente determinables, es históricamente universal. Las personas que se identifican como transgénero son retratadas como intrusos recientes, alentadas por los valores posmodernos. La profesora Megan Cifarelli, del Manhattanville College, argumenta que lo contrario es cierto. El género binario es culturalmente específico, en conflicto con muchas civilizaciones pasadas.

Cifarelli ha realizado un estudio especial de las tumbas de Hasanlu, en el noroeste de Irán. Hace unos 3.000 años, Hasanlu tuvo la desgracia de estar en un camino frecuentemente recorrido por ejércitos competidores y fue saqueado y quemado repetidamente.

Después de que el sitio fue abandonado hace 2.800 años, las tumbas sobrevivientes se mantuvieron imperturbables hasta que fueron halladas por los arqueólogos, quienes documentaron los cuerpos y sus posesiones con gran detalle.

Cifarelli analizó sus informes y encontró dos grupos, enterrados con artículos que probablemente se consideraron masculinos y femeninos. Sin embargo, alrededor del 20 por ciento de las tumbas contenían una mezcla de objetos masculinos y femeninos, lo que implica que las personas de Hasanlu creían en un tercer género o consideraban que el género era más un espectro que una dicotomía rígida. Su teoría está respaldada por un cuenco dorado que representa a una persona barbuda realizando lo que se interpreta como roles femeninos.

Cifarelli aún no ha publicado sus hallazgos, pero los ha presentado en conferencias arqueológicas y cátedras públicas. La investigadora le dijo al medio IFLScience que antes de plasmar su trabajo en una publicación, espera incorporar las respuestas que recibe de otros expertos.

Los detalles del cuenco de oro de Hasanlu incluyen figuras barbudas que participan en roles de género tradicionalmente asignados a las mujeres. Imagen, cortesía del Museo Penn, Universidad de Pensilvania, EEUU.

En las conferencias académicas, agregó Cifarelli, las respuestas han sido positivas. Muchas culturas nativas americanas reconocían a más de dos géneros y a géneros indefinidos. Los arqueólogos que estudian las antiguas culturas estadounidenses son conscientes de esto y, a menudo, evitan saltar a conclusiones sobre el género de los cuerpos que encuentran, pero la interpretación de Cifarelli es nueva para los especialistas en las culturas de Oriente Medio.

Sin embargo, Cifarelli señaló a las hijras (de tercer género), recientemente reconocidas por la corte suprema de India como un ejemplo de la forma en que las culturas asiáticas también respetaban la diversidad de género, hasta que los colonizadores europeos suprimieron estas ideas.

Cifarelli no solo está desafiando la idea del género binario en otras culturas, sino también la forma en que los arqueólogos categorizan el sexo de los cuerpos. Los huesos incompletos se han identificado tradicionalmente como hombres o mujeres en función de si la tumba incluye un arma o algún artículo más doméstico.

«Esto ha sido reemplazado por un modelo médico, considerando que a los cuerpos se les puede asignar sexo a través de métodos científicos», dijo Cifarelli a IFLScience. «Sin embargo, para un gran porcentaje de la población no podemos determinarlo», agregó.

Ella argumenta que algunas de estas personas habrían sido lo que ahora llamaríamos intersexuales, pero los arqueólogos asumieron que eran hombres o mujeres e intentaron ubicarlos en consecuencia, mientras asumían que su cultura consideraba las definiciones sexuales como nosotros.

Cifarelli es consciente de que no todos estarán de acuerdo o entenderán sus hallazgos. «La gente cree que debo estar en una cruzada radical, empujando la política de identidad contemporánea hacia el pasado, pero en realidad estoy tratando de aligerar la gravedad de la política de identidad del siglo XIX», dijo.

Aunque puede ser una batalla cuesta arriba: en un evento público, un hombre le aseguró con total confianza que «es fácil distinguir el sexo de un cadáver: las mujeres tienen una costilla adicional». Cifarelli describió esta acotación a IFLScience como «una idea difícil de responder en público».

Fuente: IFLScience

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